La pareja (compartir sin perderse)

28 septiembre, 2026
La pareja (compartir sin perderse)

​Difiero... al conocimiento se llega mediante el cuestionamiento.

SER EN PAREJA: ¿SOY YO O SOMOS JUNTOS?...

SER EN PAREJA: ¿SOY YO O SOMOS JUNTOS?...

Qué difícil tema cuando pensamos en una relación de pareja y queremos encontrar todos los atributos que estamos seguros que existen: seguridad, compañía, futuro, diversión, familia, vejez, alianza… Pero ¿qué posibilidad real tenemos de encontrarlo fuera de nosotros y de que nuestra pareja nos lo brinde?, quise investigar sobre el tema.

Sin duda, la pareja funciona como un espejo de tus emociones y un refugio para las mismas; es a quien más cerca tenemos e influye, innegablemente, en nuestros pensamientos y decisiones diarias. Pero ¿qué tanta responsabilidad debería tener en nuestro bienestar emocional? Considero que poca: dejar en manos de otra persona la gestión de mis pensamientos es un escenario bastante irreal; a la larga no funciona, porque regreso a mí y no estoy completo.

Estadísticamente, en México empezamos a tener relaciones de pareja entre los 15 y 18 años —puede que algunas personas empiecen antes o después; esto nada más nos revela la costumbre—; pero cuando revisamos con más detalle esta misma fuente, encontramos que, en la actualidad, la mayoría de las personas eligen a su pareja de largo plazo cuando tienen entre los 25 y los 30 años, cuando nuestro cerebro está más desarrollado, y se debe a que ya no seguimos la idealización adolescente y creemos que tomamos una decisión más consciente y fundamentada.

Pero, a cualquier edad, esperar que la otra persona nos complete, es algo que se denomina el "mito de la media naranja". Una relación saludable está compuesta por dos personas completas, enteras e independientes que deciden compartir su vida, su cotidianidad, sus deseos, sus preocupaciones y alegrías con otra, que nos gusta física y emocionalmente; para nada se basa una relación en dos mitades que se necesitan para poder funcionar. Eso es una trampa y termina por caerse.

Entendiendo que el responsable de mí sólo soy yo, puedo entonces relacionarme libre y sanamente con otra persona, primero encontrando un espacio seguro de apego, donde me siento tranquilo y validado, y un lugar para abrir mis heridas y sentirme escuchado. Cuando eso sucede, me permite crecer emocionalmente, junto a esa persona con la que encuentras un proyecto en común y disfrutas la carrera por alcanzarlo, donde el contacto físico, su mirada, su plática te hacen sentir que estás mejor en esa compañía.

Debemos también entender que el conflicto dentro de las parejas es totalmente normal y, además, parte de la realidad cotidiana; el tema aquí es cómo poderlo superar y que no llegue a terminar con la relación. Lo primero es trabajar en mi voluntad de solucionarlo. El desarrollo de esta capacidad es individual; vivir en pareja es una decisión diaria. Lo segundo es pasar de la reacción defensiva a la respuesta consciente; se escucha muy fácil, pero es complicadísimo. El objetivo no es evitar el conflicto, porque ese es natural; el tema es cómo encontrar conscientemente soluciones que nos permitan seguir valorándonos a pesar del problema; tener enojo, tristeza y aceptarlo, pero poner un límite. Si lo que deseo es seguir en esa relación, ayuda mucho hacer una pausa y pensar, dejar de insultar, de dar vueltas al mismo tema y darle paso a encontrar todos los porqués que me llevaron a estar con esa persona.

Después de ver mucho sobre este tema, puedo resumir que ser en pareja es la afirmación de "te elijo porque quiero estar contigo" y no la de "te busco porque no puedo estar solo o sola".

En pocas palabras, Mario opina que:

Una pareja no está para completarnos, sino para acompañarnos. Elegir estar con alguien desde la libertad y no desde la necesidad también es una forma de amor.

ATISBOS DE CONCIENCIA

LA PAREJA: JUNTOS PERO NO REVUELTOS

LA PAREJA: JUNTOS PERO NO REVUELTOS

¡Son tantas las ideas que giran alrededor de las relaciones de pareja! He leído muchos pensamientos filosóficos, tratados de psicología, enfoques religiosos y escritos triviales alrededor de lo que implica, o lo que es, una relación de pareja, y mucho de este acervo lo he contrastado, en ocasiones, y confirmado en otras, con las realidades que confronto en mis encuentros con parejas que viven su relación y, por supuesto, en mi vida personal. Porque lo que he visto más evidente es que los conflictos en pareja sólo nos muestran lo que nosotros, cada uno, no tenemos aún resuelto. Considero que la relación de pareja verdaderamente es un camino de autodescubrimiento, de autoconocimiento y de trabajo personal; digo “un” camino porque no es el único, pero sí creo que es uno que, si se aprovecha, puede ser transformador, sin importar las características personales del otro.

Sin embargo, en este artículo centramos la atención en ese espacio que se genera en una relación de pareja en el que convivimos dos personas, y en el cual es fácil perder no sólo perder el rumbo, sino también la identidad.

Todo comienza con ciertas ideas culturales, hasta cierto punto románticas, que tenemos de lo que es una relación de pareja. Por ejemplo, el trillado final de los cuentos en que el príncipe se casaba con la princesa y vivían “felices para siempre”, o los discursos tan escuchados en el que se proclama que se unen para “hacer feliz al otro” o el dicho de “ya no son dos, sino uno”, con la fatídica interpretación de dejar de ser yo para fusionarme con el otro. Es entonces cuando, con la idea de que la función de la pareja es dar gusto y hacer feliz al otro, comienza el proceso de pérdida de identidad. Si elegimos a una pareja para que nos dé lo que por responsabilidad nos toca a nosotros, ya elegimos de manera fallida, y no por la persona que es el otro, sino por la intención que tenemos en mente.

Me gusta mucho lo que Khalil Gibran, en su famoso libro de El profeta, escribe sobre el matrimonio, con la idea central de dejar que haya espacios en la unión y que, aun cuando la pareja deba caminar junta, es importante conservar su individualidad. Lo valoro mucho porque, siendo un texto escrito hace poco más de un siglo, las ideas son vigentes, atemporales y universales, como el hecho de evitar controlar al otro, pero seguir compartiendo sus vidas, o también el gran valor de amar sin desear poseer. Una frase de este texto que me parece contundente y llena de sabiduría es: “Amaos el uno al otro, pero no hagáis del amor una atadura”.

La relación de pareja es un camino que se transita juntos, es un vínculo que puede llegar a ser tan fuerte en la medida en que cada uno puede seguir creciendo y disfrutando del otro. Mi idea de disfrutar una relación de pareja es cuando el vínculo se sostiene con la amistad profunda, con el deseo de que el otro esté bien, que sea feliz, pero seguros de que eso no nos toca a nosotros; es responsabilidad de cada quien. Y cuando cada uno toma la responsabilidad de crecer y ser feliz, deja entonces el espacio necesario para el desarrollo y nos llega el gozo de crecer “juntos pero no revueltos”.

En pocas palabras, Norma opina que:

La relación de pareja puede ser ese espacio que arroja luz a nuestras sombras y que, en el mejor de los casos, nos permite conocernos mejor. Por eso decimos que la pareja nos completa, pero no por lo que nos da, sino por lo que nos muestra de nosotros mismos

CREER PARA VER

LA PAREJA IDEAL

LA PAREJA IDEAL

Como ya les he compartido antes, soy una persona muy musical. Encuentro en las letras de las canciones muchos mensajes, recuerdos y hasta aprendizajes. Hace unos días, en una cena pusieron una canción que seguramente muchos conocen: “La pareja ideal”, de Marisela y Marco Antonio Solís. Buena pieza, ¿a poco no? Y hay una parte de la canción que me dejó pensando, y dice: “Sabes, quiero pedirte que nunca cambies; me gusta así tu forma de ser”. Y justamente esa frase me trajo la pregunta de qué significa realmente ser la pareja ideal.

Creo que podemos confundir dos palabras que parecen significar lo mismo, pero no lo son: ideal y perfecto. La pareja perfecta probablemente no existe: las relaciones se conforman por dos personas diferentes, educadas de maneras distintas, con historias, costumbres, caracteres y formas de reaccionar diferentes; pretender encontrar alguien que coincida con nosotros en absolutamente todo, sería algo bastante complicado y, pensándolo bien, tal vez hasta aburrido.

Yo llevo doce años de casado y una de las cosas que más he aprendido durante este tiempo es precisamente el valor de esas diferencias. Claro que hay días en los que todo fluye increíble y otros en los que cuesta más trabajo entendernos. Hay acuerdos, desacuerdos, discusiones, risas, cansancio, etapas muy buenas y otras que requieren mucho más esfuerzo por parte de los dos. Pero con los años también he entendido que muchas de las cosas que nos hacen diferentes son precisamente las que terminan complementándonos.

Y entonces regreso a aquella frase de la canción: “Me gusta así tu forma de ser”. Qué diferente es querer a alguien como es, a querer convertirlo en la persona que nosotros queremos que sea. Eso no significa aceptar absolutamente todo ni pensar que ninguno de los dos tiene que cambiar; una relación también implica crecer, reconocer los errores, hacer acuerdos y modificar muchas cosas por el bien de los dos. Pero hay una diferencia enorme entre crecer juntos y querer moldear al otro a nuestra manera.

Quizá por eso hoy entiendo diferente aquello de la pareja ideal. No creo que se trate de encontrar a alguien sin defectos ni diferencias, sino de encontrar a alguien cuyas diferencias también tengan un lugar en tu vida. Alguien que tenga fortalezas donde tú tienes debilidades, que pueda enseñarte otra manera de entender las cosas y que, muchas veces, incluso te obligue a salir de tu propia forma de ver el mundo.

Después de doce años de casado, sigo aprendiendo muchísimo de lo que significa compartir la vida con alguien. Y seguramente dentro de otros doce pensaré diferente sobre muchas cosas que hoy creo entender. Pero si algo tengo claro es que una pareja no llega lista; se va construyendo entre dos, con el tiempo, con los buenos momentos y también con aquellos que cuestan un poco más.

Tal vez por eso la canción nunca se llamó “La pareja perfecta”; se llamó “La pareja ideal”. Y quizá Marco Antonio Solís tenía razón desde el principio: no se trataba de encontrar a alguien perfecto, sino de poder voltear a ver a quien tienes a un lado y decirle: me gusta así tu forma de ser. Gracias por estar aquí. ¡Te abrazo!

En pocas palabras, Kush opina que:

La pareja ideal no es la pareja perfecta; es aquella que aprende a hacer de sus diferencias un complemento, que crece con el tiempo y que, aun con todo lo que los hace distintos, puede seguir diciendo: me gusta así tu forma de ser

ATREVERSE A IMAGINAR Y APRENDER

TODAS LAS MUJERES QUE SOY: SOBRE ENCONTRAR UN BALANCE ENTRE EL YO Y EL NOSOTROS

TODAS LAS MUJERES QUE SOY: SOBRE ENCONTRAR UN BALANCE ENTRE EL YO Y EL NOSOTROS

Hay una pregunta que me hago mucho: ¿cómo encuentro el balance entre todo lo que soy cuando estoy conmigo y todo lo que soy en relación con los demás? Soy mamá, hija, hermana, amiga, profesionista. Durante mucho tiempo pensé que, para hacer bien una de esas cosas, necesariamente tenía que darle menos espacio a otra, como si mi vida fuera una especie de balanza en la que cada vez que ponía algo de un lado, tenía que quitar algo del otro.

Recuerdo que algo que me molestaba muchísimo escuchar, pues me sonaba a juicio o crítica, era que mi vida profesional era más importante que mi familia, como si querer crecer, tener ambición, disfrutar mi trabajo o, simplemente, tener una vida profesional que me importa, significara que mi hijo o mi familia ocupaban un lugar menor. Y me hacía pensar: ¿por qué una mujer tiene que demostrar que una parte de su vida no le importa menos para poder darle espacio a otra?

No quiero pensar mi vida en términos de prioridades, porque no creo que querer profundamente a mi hijo signifique que tengo que querer menos mi profesión, ni que ser una buena pareja implique dejar de ser amiga, hermana, hija o simplemente Andrea. Todas esas partes existen al mismo tiempo y todas forman parte de quien soy.

Claro que hay momentos en los que una necesita más de mí que otra. Hay etapas en las que mi hijo me necesita especialmente, proyectos que requieren más de mi atención, relaciones que atraviesan momentos en los que tengo que estar más presente. El balance no significa repartir mi tiempo exactamente en partes iguales; quizá tiene más que ver con no desaparecer de ninguna de esas partes de mí.

Y creo que esto también toca la manera en la que entendemos el amor. Durante mucho tiempo, cuando estaba en pareja, podía hacer que la relación se convirtiera poco a poco en el centro de mi vida: dejaba amigos, planes, espacios que eran míos; o porque alguien me lo pidiera, sino porque yo había aprendido que amar era estar disponible, compartirlo todo y hacer que el otro estuviera bien.

Hoy lo veo distinto. Una pareja implica construir un nosotros, compartir tiempo, decisiones, proyectos y una vida; pero ese nosotros no deberíamos exigir que desaparezca el yo. Lo mismo pienso de la maternidad, de la familia, de la amistad o del trabajo: ninguno tendría que convertirse en la única forma de nombrarnos.

Quizá el balance no consiste en decidir cuál de todas nuestras partes es más importante; consiste en poder reconocerlas, darles espacio cuando lo necesitan y no sentir culpa por querer que todas formen parte de nuestra vida.

Estoy aprendiendo que puedo ser una mamá profundamente presente y, al mismo tiempo, una mujer que tiene sueños profesionales. Que puedo amar a una pareja sin dejar de ser amiga de mis amigas. Que puedo estar para mi familia sin dejar de tener espacios que son solamente míos.

No siempre será perfecto; habrá días en los que una parte de mí tendrá que esperar. Pero eso es muy distinto a abandonarla. Quizá ahí esté para mí una de las formas más reales de libertad: no tener que elegir entre todas las mujeres que puedo ser.

En pocas palabras, Andrea opina que:

No quiero una vida en la que tenga que elegir qué parte de mí importa más. Quiero una en la que haya espacio para todas

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