ATISBOS DE CONCIENCIA
LA PERTENENCIA… DONDE SÍ Y DONDE NO.
En los últimos tiempos, se ha hecho muy popular el término FOMO, siglas en inglés de Fear of Missing Out, que se traduce como el “miedo a perderse algo”. Aun con sus siglas en inglés, el término se ha incorporado al idioma español, de tal manera que podemos decir “Me dio fomo” para resumir la idea de esa inquietud que surge cuando vemos que otros están viviendo una experiencia más divertida o más interesante, o que están relacionándose con otras personas con las que nos gustaría relacionarnos, pero no fuimos convocados. Nos sentimos excluidos de la experiencia, y esto toca en lo profundo una necesidad humana: pertenecer. El término FOMO nombró un tema sensible del ser humano.
Desde que nacemos experimentamos esta necesidad, la de pertenecer, porque esto nos brinda la sensación de estar acompañados y reconocidos, y nos hace sentir seguros. Y cuando tenemos una necesidad, tenemos el impulso de satisfacerla, al precio que sea. La familia es el primer grupo al que pertenecemos, cuando somos niños; y después, vamos buscando otros grupos a los cuales pertenecer, como los amigos, la escuela, o al ambiente laboral. Esta pertenencia nos da identidad también, y es por ello que el miedo de no tener pertenencia es el miedo a perder nuestra identidad. Por esto, en muchas ocasiones podemos querer estar en algún lugar sólo porque no nos sentimos bien si no estamos. No es el lugar o la circunstancia; es la exclusión.
Nosotros tenemos la libertad de elegir adónde pertenecer y adónde no, pero lo olvidamos; o quizás, nuestra necesidad de aceptación y la búsqueda de seguridad es más urgente. Y podemos llegar a pagar un precio, el precio de sacrificar nuestros verdaderos intereses, o de ocultar nuestras opiniones y hasta nuestra verdadera identidad, sólo para sentirnos parte de algo. Y es entonces que la pertenencia ya no es un espacio real de conexión, sino solamente un refugio que nos brinda la ilusión de tener un lugar seguro y de reconocimiento.
¿Dónde sí pertenecer? Sentimos la pertenencia donde podemos ser nosotros mismos, expresar nuestras opiniones, necesidades y deseos sin tener que asemejarlos a los de los demás o sin disimularlos, porque las diferencias con otros no nos resultan amenazantes; seguimos perteneciendo.
Por otro lado, hay ciertos ambientes o relaciones a los que nos gustaría pertenecer, bajo riesgo de ser juzgados o de tener que disminuirnos para encajar con los demás. Insistimos en pertenecer por mantener la identidad que nos da ese ambiente. Nuestra libertad para elegir dónde sí y dónde no, se topa con el miedo; pero elegir desde el miedo no nos garantiza la construcción de una personalidad madura ni de la seguridad que estamos buscando. Sí, pertenecer es una necesidad, es importante, es un requisito para el bienestar; pero no todos los grupos, o los ambientes, o las relaciones, nos ofrecen beneficios.
En pocas palabras, Norma opina que: