DIFIERO… AL CONOCIMIENTO SE LLEGA MEDIANTE EL CUESTIONAMIENTO
LA RUTINA: ¿EL ANCLA QUE NOS SUJETA O EL PESO QUE NOS HUNDE?
Entiendo que el mundo ocurre como lo pensamos, no como es. O, mejor dicho, para cada uno es distinto. Existen, obviamente, hechos objetivos: un día puede estar nublado y eso es una realidad física, pero eso no define la interpretación que le damos. Para alguien, un día gris es signo de melancolía; para otro, es simplemente un respiro del calor que le genera alegría.
Hace unos días, escuché —por accidente o con intención, según se vea— a dos mujeres de unos 40 o 45 años mientras esperábamos en la fila para abordar un vuelo. La charla, interesante como la mayoría de las conversaciones ajenas, trataba sobre cómo la rutina se había apoderado de sus vidas. Una de ellas contaba que en su trabajo y su matrimonio todo era lo mismo. Desde hacía años seguía la misma agenda y ya no sentía la “chispa” de la novedad. Conforme pasaba el tiempo, tenía menos ganas de hacer cosas: ser anfitriona en reuniones, salir a solas con su pareja o incluso desvelarse como solía hacerlo.
Me interesó aún más la respuesta de su amiga. Con una voz mucho más animada, le dijo: “Pues a mí me encantan mis rutinas; siento que cada vez las valoro más. Me despierto y voy por un café; disfruto prepararlo y olerlo. Veo por la ventana cómo amaneció el día, le pongo actitud, despierto a mi esposo e hijos y trato de incluir alguna novedad, algo que les dé risa. En mi trabajo, aunque llevo mucho tiempo en el mismo empleo, me pongo pequeños retos semanales; eso me motiva. Por la tarde, trato de dejar los problemas en pausa y disfruto de mi ejercicio y del final del día. Me gusta mi rutina”.
Esta plática me hizo reflexionar. Desde un punto de vista cultural, la rutina suele asociarse con la conformidad, el estancamiento o la falta de placer. Se nos dice que abandonar lo habitual y hacer algo intrépido es el único acto de libertad y salud mental. Sin embargo, siento que este planteamiento carece de fundamento. La rutina no implica el fracaso de una vida interesante; es, en realidad, una característica estructural de cómo la mente mantiene la coherencia.
La rutina hace espacio en tus pensamientos para que puedas disfrutar de diversas experiencias sin el agotamiento de estar decidiendo todo el tiempo. Nos permite predecir el entorno, lo cual fomenta, sin duda, la regulación emocional. Para muchos —como es mi caso—, la rutina no es una evasión de la experiencia, sino la condición que permite vivirla plenamente.
La rutina es lo que haces (preparar el café), pero la intención que le pones es lo que llamamos ritual (disfrutar el aroma, el calor de la taza, el significado de una buena mañana). Esto se construye mentalmente. De hecho, podemos crear intencionalmente “micronovedades” en nuestras costumbres para descubrir nuevas emociones y mantener el cerebro ocupado en el presente.
La rutina ideal es aquella que nos sirve, nos tranquiliza y nos da sentido; no la que nos consume y nos maneja como si no hubiera otro remedio, pues esta última sólo provoca intranquilidad. Gracias a esas dos personas por permitirme, sin saberlo, escuchar sus reflexiones.
En pocas palabras, Mario opina que: