Difiero... al conocimiento se llega mediante el cuestionamiento.
AMISTAD: ¿POR VOLUNTAD O POR OBLIGACIÓN?...
Estaba esperando un vuelo en un aeropuerto, y el retraso que tenía me dio la oportunidad de ponerme a observar a la gente; a nadie en particular, sino al conjunto. Caminaban alrededor de mí; en su mayoría, venían acompañados, ya sea por su familia o pareja o por personas que, yo supongo, serían sus amigas o amigos, no sé si serían del trabajo o no. Estaban hablando, platicando; escuché a lo lejos voces muy alteradas exponiendo algo y otras muy tranquilas, las que se miraban a los ojos y las que cada quien tenía su atención en otra cosa, pero que, sin dejar de relacionarse, estaban en compañía.
Me llamó mucho la atención esa necesidad biológica que tenemos de pertenecer a una relación, ese bienestar que nos produce tener pláticas afines, de no estar o sentirnos solos, salvo cuando lo provocamos intencionalmente. Hablo de darle mucho valor a la amistad, esa condición recíproca de intereses, en su mayoría no familiares, que permite elegir con quién vivir tus experiencias. Y no hablo desde su término más profundo o de qué grado puedo considerar a alguien mi mejor amigo o no, sino que me refiero, básicamente, a la compañía, y aún más a aquella que, además de estar contigo, te produce sentimientos muy agradables. Es importante para cualquier ser humano, por más huraño que se considere, que tenga amigos.
Y los hay de todos tipos: hay amigos de ocio, con quienes sólo te interesa estar para disfrutar juntos de algo que les llama la atención mutuamente: un deporte, un pasatiempo, un café espontáneo, lo que sea; lo que importa es cómo nos hace sentir esa interacción. O tenemos amigos de propósito cuando algo nos une, normalmente un futuro que nos hemos delineado; aquí lo que valoramos es tratar de conseguirlo unidos, haciendo esfuerzos diarios. Nos gusta más librar la batalla con ellos; esto sucede mucho en el ámbito laboral. Otro de los muchos tipos que hay son los amigos de confidencia, con los que nos gusta tener secretos y puntos de vista especiales para nuestra vida y la de ellos; valoramos mucho lo que dicen, corremos a ellos en cuanto algo nos sucede y están ahí permanentemente.
Eso es lo bonito de la amistad: puede ocurrir cualquier cosa; no tiene reglas específicas ni destinos definidos ni tiempos. Me gusta mucho la frase que dice: "no todos los amigos son para todo, ni para siempre"; cambian con la edad, con nuestras decisiones y experiencias. Hay que vivir la amistad con profunda libertad; de acuerdo con lo que sentimos, siempre vamos pensando diferente, con nuestra esencia y personalidad, pero distinto, y eso es completamente normal.
Hay que encontrar personas que nos hagan producir reacciones agradables, incluso en las dificultades, dejar de lado a las que nos causen angustia e intranquilidad. La amistad es totalmente voluntaria; algunos estarán con nosotros por siempre, y otros, de visita; pero nos ayudan de manera definitiva a sentirnos mejor. Démosles mucho valor.
En pocas palabras, Mario opina que: