La amistad: Compañia real

14 septiembre, 2026
La amistad: Compañia real

​Difiero... al conocimiento se llega mediante el cuestionamiento.

AMISTAD: ¿POR VOLUNTAD O POR OBLIGACIÓN?...

AMISTAD: ¿POR VOLUNTAD O POR OBLIGACIÓN?...

Estaba esperando un vuelo en un aeropuerto, y el retraso que tenía me dio la oportunidad de ponerme a observar a la gente; a nadie en particular, sino al conjunto. Caminaban alrededor de mí; en su mayoría, venían acompañados, ya sea por su familia o pareja o por personas que, yo supongo, serían sus amigas o amigos, no sé si serían del trabajo o no. Estaban hablando, platicando; escuché a lo lejos voces muy alteradas exponiendo algo y otras muy tranquilas, las que se miraban a los ojos y las que cada quien tenía su atención en otra cosa, pero que, sin dejar de relacionarse, estaban en compañía.

Me llamó mucho la atención esa necesidad biológica que tenemos de pertenecer a una relación, ese bienestar que nos produce tener pláticas afines, de no estar o sentirnos solos, salvo cuando lo provocamos intencionalmente. Hablo de darle mucho valor a la amistad, esa condición recíproca de intereses, en su mayoría no familiares, que permite elegir con quién vivir tus experiencias. Y no hablo desde su término más profundo o de qué grado puedo considerar a alguien mi mejor amigo o no, sino que me refiero, básicamente, a la compañía, y aún más a aquella que, además de estar contigo, te produce sentimientos muy agradables. Es importante para cualquier ser humano, por más huraño que se considere, que tenga amigos.

Y los hay de todos tipos: hay amigos de ocio, con quienes sólo te interesa estar para disfrutar juntos de algo que les llama la atención mutuamente: un deporte, un pasatiempo, un café espontáneo, lo que sea; lo que importa es cómo nos hace sentir esa interacción. O tenemos amigos de propósito cuando algo nos une, normalmente un futuro que nos hemos delineado; aquí lo que valoramos es tratar de conseguirlo unidos, haciendo esfuerzos diarios. Nos gusta más librar la batalla con ellos; esto sucede mucho en el ámbito laboral. Otro de los muchos tipos que hay son los amigos de confidencia, con los que nos gusta tener secretos y puntos de vista especiales para nuestra vida y la de ellos; valoramos mucho lo que dicen, corremos a ellos en cuanto algo nos sucede y están ahí permanentemente.

Eso es lo bonito de la amistad: puede ocurrir cualquier cosa; no tiene reglas específicas ni destinos definidos ni tiempos. Me gusta mucho la frase que dice: "no todos los amigos son para todo, ni para siempre"; cambian con la edad, con nuestras decisiones y experiencias. Hay que vivir la amistad con profunda libertad; de acuerdo con lo que sentimos, siempre vamos pensando diferente, con nuestra esencia y personalidad, pero distinto, y eso es completamente normal.

Hay que encontrar personas que nos hagan producir reacciones agradables, incluso en las dificultades, dejar de lado a las que nos causen angustia e intranquilidad. La amistad es totalmente voluntaria; algunos estarán con nosotros por siempre, y otros, de visita; pero nos ayudan de manera definitiva a sentirnos mejor. Démosles mucho valor.

En pocas palabras, Mario opina que:

La amistad es una elección que nos acompaña y nos transforma. Es aprender a elegir a quienes nos hacen bien.

Atisbos de Conciencia

LA AMISTAD Y LA COMPAÑÍA REAL

LA AMISTAD Y LA COMPAÑÍA REAL

Estoy segura de que todos, en algún momento de la vida, hemos deseado tener una amistad que nos brinde esa compañía que necesitamos; así también, hemos deseado terminar con una relación que no nos está aportando, en cualquier ámbito de nuestra existencia.

Es importante señalar que no todas las relaciones requieren de la amistad, porque algunas pueden ser de trabajo o cuestiones pasajeras, transaccionales; sin embargo, hay un ingrediente que resulta fundamental en cualquiera de ellas: la confianza en el otro. Hemos hablado en varias ocasiones sobre la confianza y hemos querido destacar lo que ésta nos aporta: cuando confiamos en alguien, el vínculo se refuerza; en una relación con un vínculo sólido, podemos ser reales, ser quienes somos, sin necesidad de dar una imagen, y es cuando se va logrando sentirse en compañía real, es cuando surge la amistad.

Todos necesitamos contar con alguien que nos vea, que nos entienda, que nos permita ser quienes somos, con quien podamos mostrar nuestras flaquezas y a quien le podamos hablar de nuestros verdaderos sentimientos, de nuestras necesidades, sin sentirnos expuestos a su juicio. Una relación como ésta es la de la amistad. Quizás la tendencia de todos es buscar esa amistad, buscar a esa persona con quien nos vamos a sentir acompañados, comprendidos y libres; pero estoy convencida de que el secreto para lograrlo es convertirnos nosotros en esa persona, en ese alguien que acepta tal y como es al otro, que no juzga ni quiere cambiarlo y que se alegra ante sus logros, se conduele ante sus fracasos y penas, y disfruta del intercambio desinteresado.

Cuando logramos desarrollar la capacidad de estar en contacto con nosotros mismos y saber cuáles son nuestras necesidades y deseos, logramos distinguir nuestros sentimientos y las compañías que disfrutamos, ya sea como amigos, como socios, como parejas románticas o cualquier otro tipo de relación. De hecho, nos brinda la capacidad de valorar si la interacción con ciertas personas nos aporta o no, y es ahí cuando podemos determinar si queremos tener relaciones largas o de gran intimidad con ellas. Es así que elegimos con quienes caminaremos por la vida compartiendo y sintiéndonos en compañía real.

En pocas palabras, Norma opina que:

Cada uno de nosotros es libre de elegir a las personas que sentimos como una compañía verdadera. Sostener una amistad que no nos aporta es tanto como descuidarnos y dejar en manos de otros nuestro bienestar.

CREER PARA VER

EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE

EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE

Creo que no por nada existe esta frase de que "el perro es el mejor amigo del hombre"; se ha repetido infinidad de veces y probablemente al grado de que parezca un cliché, pero quienes hemos tenido la fortuna de compartir la vida con uno, sabemos que está llena de razón. Pocas relaciones son tan reales y honestas como las que construimos con un perro. Ellos nunca están contigo por interés, ni están ahí para ver qué pueden obtener de ti, y tampoco condicionan su cariño, simplemente deciden acompañarnos.

Hace unos días, mi hija Andrea estaba en el patio de la casa y se acercó a una pequeña urna que tenemos ahí: es una figura de un perrito descansando en unas alas y que da una sensación de paz como si un ángel lo estuviera abrazando; ahí se encuentran las cenizas del buen Jobs, mi labrador, mi compañero durante trece años. Ella se quedó viéndolo unos segundos y después me preguntó con toda la inocencia del mundo si Jobs estaba en el cielo. Platicamos un rato sobre eso y, terminando de conversar, me dijo que lo extrañaba mucho. Esa noche se fue a dormir abrazando un peluche que le regalaron unos tíos y que trae colgando una medalla que dice “Baby Jobs”, porque es prácticamente igual a él cuando era un cachorrito. Mientras ella lloraba con él en sus brazos, entendí que estaba viviendo un duelo, aun cuando Jobs ya tiene años de habernos dejado.

Es curioso que, de alguna manera, siento que Jobs nunca termina de irse. Mes tras mes aparece en mi vida de formas inesperadas: un amigo encuentra una fotografía vieja y me la manda, otro me comparte un video que tenía guardado desde hace años, e incluso su veterinario, de vez en cuando, me escribe para decirme que se acordó de él y me envía alguna imagen. Siempre hay algo que vuelve a traerlo a la conversación, como si la vida encontrara pequeñas maneras de recordarme que los seres que amamos nunca desaparecen del todo.

Pero regresando a esa noche que veía a Andrea abrazar el peluche, me puse a pensar en todo lo que los perros vienen a enseñarnos sobre la amistad. A ellos no les importa si un día llegas cansado, o preocupado, te reciben exactamente con la misma emoción, esa cola moviéndose de un lado a otro como si fuera la primera vez que te ven; en cuanto abres la puerta, te hacen sentir la persona más importante del mundo. Y eso es lo que muchas veces buscamos en un amigo: alguien que nos recuerde que no tenemos que ganarnos su cariño todos los días para saber que ahí va a estar para nosotros.

Con los años me he dado cuenta de que las amistades que más valen la pena son las que permanecen en todo momento. Las que no se esfuman cuando llegan los problemas, las que saben guardar silencio cuando hace falta. Aquella noche, mientras veía a mi hija, entendí que el amor tiene una forma algo extraña de vencer al tiempo. Hay ausencias que siguen doliendo, pero también hay presencias que nunca dejan de sentirse. Tal vez ese sea el verdadero significado de la amistad: dejar una huella tan profunda en el corazón de alguien que ni siquiera la muerte sea capaz de borrarla. ¿Qué bonito, no? Gracias por estar aquí. Te abrazo.

En pocas palabras, Kush opina que:

Quizá deberíamos aprender más de los perros. Ellos nos enseñan que la amistad no exige, no juzga y no espera nada a cambio; simplemente está. Permanecen en los días buenos, en los malos y, a veces, incluso después de haberse ido. Esa es la clase de huella que sólo dejan los verdaderos amigos.

ATREVERSE A IMAGINAR Y APRENDER

LAS PERSONAS QUE ELEGIMOS:LA AMISTAD Y LAS FORMAS DE ACOMPAÑARNOS

LAS PERSONAS QUE ELEGIMOS:LA AMISTAD Y LAS FORMAS DE ACOMPAÑARNOS

Hace unos días, una de mis mejores amigas, a quien conozco desde el kínder, me mandó una frase que me dejó pensando: “La amistad es una de las historias de amor más grandes que tendremos. Alguien que no te debe nada, te elige de todos modos; se convierte en parte de tu vida simplemente porque quiere estar. Creo que esa es una de las formas más puras de amor que existen”. Y pensé en lo poco que hablamos de eso.

Hablamos mucho del amor de pareja, de la familia, de las personas que llegan a nuestra vida para quedarse; pero pocas veces nos detenemos a reconocer lo extraordinario que es que alguien nos conozca, nos escuche, vea nuestras distintas versiones y, aun así, quiera seguir siendo parte de nuestra historia.

En estos últimos años, la amistad ha tenido un lugar muy especial en mi vida: he encontrado amigas que se han convertido en mi tribu, personas que me escuchan sin juzgarme, que me acompañan cuando no tengo muy claro qué hacer, que me hacen reír cuando lo necesito y con quienes también puedo llorar. Tengo que decir que ha sido terapéutico; no porque tengan respuestas para todo, pues muchas veces no las tienen, sino porque hay algo profundamente reparador en poder decir cómo estás sin tener que explicar demasiado.

Mis primas son un ejemplo muy especial de eso, pues, antes que nada, son mis amigas. Los viajes y momentos que tenemos juntas son de los que más atesoro; a su lado, puedo reírme, descansar, hablar de cualquier cosa y, de alguna manera, reconocer partes de mí que me gustan y que a veces se me olvidan. Me hacen sentir acompañada, querida y muy afortunada. También pienso en mi hermana, que conoce mi vida, mis heridas y mi historia mejor que nadie porque la vivió conmigo. Hay algo muy especial en tener a alguien que no sólo conoce las distintas versiones de ti, sino que también estuvo ahí cuando esas versiones se fueron formando.

También tengo amigos que conozco desde hace muchos años; con ellos, puedo hablar de nuestros hijos, de nuestros miedos, de lo que nos preocupa y de lo que nos hace felices. Me da mucho orgullo decir que, en esas amistades, no ha habido otro interés que el de querernos sinceramente. Qué regalo es tener personas que te conocen desde hace tanto tiempo y con quienes puedes seguir encontrándote desde un lugar tan genuino.

Y están las amigas que han llegado más recientemente. Algunas tienen pocos años en mi vida, pero se han hecho muy presentes en ella. Me gusta pensar que no todas las amistades necesitan una historia larguísima para ser profundas; a veces, basta con que alguien llegue en un momento importante y encuentre una manera de estar que se vuelve significativa.

Creo que eso es lo que más me gusta de la amistad: que no existe una sola forma de vivirla. Hay personas que nos conocen desde siempre y otras que nos conocen desde hace poco, pero que logran vernos de una manera que nos hace sentir muy cerca; hay amistades que nos recuerdan quiénes hemos sido y otras que nos acompañan a descubrir quiénes estamos siendo.

Quizá eso es lo que hace tan especial la amistad: que no tenemos que ser una sola versión de nosotros mismos para que alguien quiera estar; podemos cambiar, equivocarnos, estar cansados, tener miedo, estar felices, no saber qué hacer; podemos llegar con una historia distinta a la que teníamos cuando nos conocimos. Y, aun así, hay personas con quienes podemos seguir encontrándonos.

Y cuando pienso en mi vida, sé que sin la amistad que tengo y que vivo no sería quien soy, porque hay partes de mí que he podido conocer gracias a esas personas, hay momentos que he podido atravesar porque alguien estuvo cerca, hay días que se han sentido más ligeros porque pude compartirlos.

Sin duda, hoy corroboro que hay una forma de amor que no se parece a ninguna otra: la de saber que alguien te conoce y, aun así, te elige. Qué afortunada me siento de tenerlas y de tenerlos en mi vida todos los días. Gracias por estar y darme el privilegio de ser parte de su vida.

En pocas palabras, Andrea opina que:

La amistad es una de las formas más bonitas de amor; no porque nos necesitemos para ser quienes somos, sino porque podemos ser quienes somos y aun así elegirnos.

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