Difiero... al conocimiento se llega mediante el cuestionamiento.
LA PACIENCIA, ESPERA O COMPORTAMIENTO...?
Hace poco, fui a dar una plática en una empresa donde la mayoría de los empleados eran relativamente jóvenes; digamos, entre 30 y 45 años. Inicié mi intervención con una pregunta clave: ¿A qué velocidad consideraban que corría su vida, a 20 o a 200 kilómetros por hora?; para mi sorpresa, hubo muchas manos levantadas que querían participar, así que me dispuse a escucharlos para reconocer lo que pasaba por sus pensamientos. Lo que me revelaron fue que la vida iba más aprisa de lo que ellos quisieran: sentían presión, y percibían que la realidad iba muy rápido y ellos muy lento, por lo que ansiaban que sus metas fueran cumplidas o alcanzadas de manera inmediata lo cual consideraban sumamente valioso. Expresaban, por ejemplo, que no estaban dispuestos a esperar en un empleo a que los valoraran para un ascenso, sino que si no sucedía en el corto plazo, ellos ya estarían buscando otro, o bien, valoraban cambiar de residencia si en la ciudad no pasaba nada extraordinario que los hiciera quedarse; incluso, en cuanto a su formación, no estaban dispuestos a esperar los procesos de aprendizaje normales, ya que ahora, con la inteligencia artificial, no necesitaban años para poder tener el conocimiento, pues siempre estaba inmediato y a la mano.
Me resultó muy interesante lo que me compartían, pues detrás de sus comentarios sentí como un malestar general y personal, encaminado a la impaciencia de esperar a que las cosas sucedan. Encontré un afán desmedido por que las cosas sean inmediatas.
La paciencia desde nuestros pensamientos es una habilidad psicológica, un rasgo; es algo que podemos desarrollar como todas, o casi todas, las disciplinas. El primer paso es hacernos conscientes de ello y empezar a ver las ventajas competitivas que tiene dar tiempo a los procesos, para que nos sucedan cosas agradables.
Ser paciente, modificar nuestra relación con la necesidad de gratificación inmediata y cambiarla por esperar recompensas de mediano o largo plazo nos ayuda en muchos sentidos y fortalece nuestra capacidad de tolerar la frustración, pues le damos perspectiva a lo que interpretamos que nos pasa, lo vemos como un juego más largo; cuando esto sucede, se reducen drásticamente nuestros niveles de estrés y ansiedad, y de manera directa mejora nuestra toma de decisiones, pues las hacemos con más calma y no desde la supervivencia. También mejora nuestro entorno, porque nuestras relaciones interpersonales se modifican: tengo más empatía y comprensión, lo que me lleva a ser un mejor solucionador de conflictos.
En resumen, la paciencia no se refiere a saber esperar, porque eso va a suceder de todas maneras, pensemos lo que pensemos, más bien cómo nos comportamos mientras esperamos y qué conversaciones nos acompañan, sin duda la fuerza de voluntad es más determinante en muchas ocasiones que la inteligencia, y esto me lleva a sentirme más tranquilo y completo para disfrutar el proceso.
En pocas palabras, Mario opina que: