La paciencia y los ritmos de la vida

31 agosto, 2026
La paciencia y los ritmos de la vida

​Difiero... al conocimiento se llega mediante el cuestionamiento.

LA PACIENCIA, ESPERA O COMPORTAMIENTO...?

LA PACIENCIA, ESPERA O COMPORTAMIENTO...?

Hace poco, fui a dar una plática en una empresa donde la mayoría de los empleados eran relativamente jóvenes; digamos, entre 30 y 45 años. Inicié mi intervención con una pregunta clave: ¿A qué velocidad consideraban que corría su vida, a 20 o a 200 kilómetros por hora?; para mi sorpresa, hubo muchas manos levantadas que querían participar, así que me dispuse a escucharlos para reconocer lo que pasaba por sus pensamientos. Lo que me revelaron fue que la vida iba más aprisa de lo que ellos quisieran: sentían presión, y percibían que la realidad iba muy rápido y ellos muy lento, por lo que ansiaban que sus metas fueran cumplidas o alcanzadas de manera inmediata lo cual consideraban sumamente valioso. Expresaban, por ejemplo, que no estaban dispuestos a esperar en un empleo a que los valoraran para un ascenso, sino que si no sucedía en el corto plazo, ellos ya estarían buscando otro, o bien, valoraban cambiar de residencia si en la ciudad no pasaba nada extraordinario que los hiciera quedarse; incluso, en cuanto a su formación, no estaban dispuestos a esperar los procesos de aprendizaje normales, ya que ahora, con la inteligencia artificial, no necesitaban años para poder tener el conocimiento, pues siempre estaba inmediato y a la mano.

Me resultó muy interesante lo que me compartían, pues detrás de sus comentarios sentí como un malestar general y personal, encaminado a la impaciencia de esperar a que las cosas sucedan. Encontré un afán desmedido por que las cosas sean inmediatas.

La paciencia desde nuestros pensamientos es una habilidad psicológica, un rasgo; es algo que podemos desarrollar como todas, o casi todas, las disciplinas. El primer paso es hacernos conscientes de ello y empezar a ver las ventajas competitivas que tiene dar tiempo a los procesos, para que nos sucedan cosas agradables.

Ser paciente, modificar nuestra relación con la necesidad de gratificación inmediata y cambiarla por esperar recompensas de mediano o largo plazo nos ayuda en muchos sentidos y fortalece nuestra capacidad de tolerar la frustración, pues le damos perspectiva a lo que interpretamos que nos pasa, lo vemos como un juego más largo; cuando esto sucede, se reducen drásticamente nuestros niveles de estrés y ansiedad, y de manera directa mejora nuestra toma de decisiones, pues las hacemos con más calma y no desde la supervivencia. También mejora nuestro entorno, porque nuestras relaciones interpersonales se modifican: tengo más empatía y comprensión, lo que me lleva a ser un mejor solucionador de conflictos.

En resumen, la paciencia no se refiere a saber esperar, porque eso va a suceder de todas maneras, pensemos lo que pensemos, más bien cómo nos comportamos mientras esperamos y qué conversaciones nos acompañan, sin duda la fuerza de voluntad es más determinante en muchas ocasiones que la inteligencia, y esto me lleva a sentirme más tranquilo y completo para disfrutar el proceso.

En pocas palabras, Mario opina que:

La paciencia no es saber esperar, la espera de todas maneras va a suceder; más bien son los pensamientos que tengo mientras lo hago.

Atisbos de Conciencia

SEAMOS PACIENTES ANTE LOS RITMOS DE LA VIDA

SEAMOS PACIENTES ANTE LOS RITMOS DE LA VIDA

A veces, para lograr algo, tenemos que esperar; no podemos pensar que por quererlo vamos a obtenerlo enseguida; no siempre lograremos tener lo que queremos en el momento preciso de desearlo. Esperar puede ser algo sumamente poderoso: queremos lograr las cosas hoy y podemos frustrarnos y abandonar el esfuerzo por no hacerlo pronto, pero si esperamos y seguimos con la mente puesta ahí, las probabilidades de conseguirlo serán mucho mayores. Sin duda, algunos factores que influyen en el logro de objetivos son el esfuerzo que pongamos, un arduo trabajo, tener el fin en mente o invertir mucho dinero en ello; pero olvidamos un factor clave y poderoso: el tiempo.

Varios ejemplos de la historia dan cuenta de cómo se han logrado grandes cosas cuando se le ha dado tiempo al proceso, cuando la paciencia ha prevalecido. Uno de ellos es el de Nelson Mandela, quien logró la democracia en Sudáfrica después de 27 años en prisión y manteniéndose en su propósito, adaptándose a las circunstancias y sosteniendo su objetivo. Porque la paciencia no tiene nada más que ver con esperar el tiempo necesario, sino con no abandonar el propósito.

Un ejemplo que también ilustra lo que la paciencia y el tiempo pueden lograr, es el del bambú japonés, que tarda años en alcanzar su gran altura, a pesar de que, en el inicio, después de sembrar la semilla no sucede gran cosa. No se ven los resultados, pero eso no significa que no esté llevándose a cabo el proceso de desarrollo de la planta.

Y este ejemplo del bambú puede también dar pie a reflexionar en el proceso del desarrollo humano: cuando somos niños, es largo el tiempo requerido para madurar; pero la mayoría de los padres quieren ver resultados inmediatos, como que sean autorregulados para ciertos hábitos como lavarse los dientes, bañarse y vestirse solos, entre otras tantas conductas que desean inculcarles; pero todo ello no lo veremos en ciertas etapas como son la niñez y la adolescencia, se mostrarán más adelante. Si se sembró la semilla, habrá que confiar en el proceso, sin dejar de esforzarse en continuar recordando. Sólo confiando, con paciencia.

¿Cuál sería una fórmula para aprender a tener paciencia?, ¿cómo podemos practicarla? El ingrediente fundamental es la confianza. No mucha gente sabe esperar, o disfruta de esperar, lo cual no ayuda a desarrollar la paciencia. Y esperar es una herramienta poderosa para conseguir lo que queremos, el entender que en ocasiones hay ciertas cosas que no podemos tener hoy, pero sí en el futuro. Confiar es saber que el tiempo de espera no es tiempo desperdiciado; es sólo un tiempo en el que se está preparando lo que buscamos. Y cuando la impaciencia nos llegue, es bueno practicar la aceptación y, ¿por qué no?, la gratitud también, ya que si permitimos que nos domine, provocamos una interrupción en el ritmo natural de la vida.

En pocas palabras, Norma opina que:

Que no veamos resultados no es que no esté pasando nada. El resultado está en proceso, pero necesitamos tiempo y paciencia. Acelerar en mi vida algo que necesita tiempo, interrumpe el proceso y el ritmo natural de la vida.

ATREVERSE A IMAGINAR Y APRENDER

NO TODO TIENE QUE PASAR AHORA: LA PACIENCIA Y LOS RITMOS DE LA VIDA

NO TODO TIENE QUE PASAR AHORA: LA PACIENCIA Y LOS RITMOS DE LA VIDA

Soy una persona desesperada, aunque me cueste reconocerlo. Quiero resolver, quiero contestar, quiero hacer: si algo está pendiente, me cuesta dejarlo pendiente; si hay una conversación que tener, quiero tenerla; si existe un problema, quiero encontrar una solución; y si hay algo que deseo que suceda, preferiría, sinceramente, que sucediera ahora.

Durante mucho tiempo pensé que esa forma de vivir tenía que ver con ser eficiente, con aprovechar el tiempo, con no dejar asuntos para después; sin duda, algunas veces probablemente así es, pero he empezado a descubrir que hay una diferencia importante entre realizar algo a tiempo y querer que todo ocurra en mi tiempo. Y no siempre son lo mismo.

Hay situaciones que pueden resolverse hoy: un correo, una llamada, una decisión sencilla; hay otras que tienen su propio ritmo, aunque a mí me cueste aceptarlo: una conversación necesita que ambas personas estén listas, un aprendizaje necesita repetición, una relación necesita tiempo. Algunas respuestas aparecen después de haber vivido un poco más con la pregunta, y ninguna cantidad de prisa parece cambiar eso.

Algo que he estado practicando en terapia, en la maestría, en mi oficina y también con mi hijo, es algo aparentemente muy simple: estar donde estoy sin intentar llegar al siguiente momento antes de tiempo. No siempre lo logro. En ocasiones estoy escuchando y ya estoy pensando qué voy a responder, o estoy haciendo algo mientras mi mente intenta resolver otros pendientes; estoy con alguien, pero una parte de mí ya está en lo que sigue; entonces, me doy cuenta de que la prisa tiene un costo: cuando quiero resolver todo inmediatamente, también puedo reaccionar antes de entender, contestar antes de escuchar, decidir antes de tener claridad, querer cerrar algo que quizá todavía necesita tiempo.

La paciencia, para mí, no ha significado dejar de hacer; tampoco significa volverme una persona pasiva o conformarme con esperar a que la vida decida por mí; en realidad, estoy aprendiendo que puedo seguir teniendo pendientes, responsabilidades, deseos y planes sin vivir con la sensación de que todo tiene que resolverse al mismo tiempo. Puedo hacer una cosa y después la siguiente, puedo dejar una conversación abierta, puedo no tener todavía una respuesta, puedo darle tiempo a algo sin sentir que lo estoy abandonando.

Quizá cada persona tiene una relación distinta con la paciencia. En mi caso, ha sido necesario hacerla consciente: quiero recordarme que no todo lo que está pendiente está atrasado, que no todo silencio necesita una respuesta inmediata, que no todo proceso mejora porque yo quiera acelerarlo. Hay cosas que necesitan una decisión, pero hay otras que necesitan tiempo; creo que aprender a distinguirlas también es una forma de sabiduría. Porque la vida sí tiene pendientes, sí tiene tiempos, sí tiene cosas que hacer, pero no todo ocurre al ritmo que yo quisiera.

Quizá la paciencia no consiste en dejar de querer que las cosas sucedan; consiste en dejar de creer que, por quererlas mucho, puedo obligarlas a suceder antes. Hoy sigo siendo una persona que quiere resolver, contestar y hacer; probablemente eso no cambie del todo, pero estoy aprendiendo algo que para mí ha sido mucho más difícil: no todo tiene que pasar ahora. A veces, lo mejor que puedo hacer no es correr hacia lo que sigue; es terminar de estar donde estoy.

En pocas palabras, Andrea opina que:

La paciencia no siempre es esperar sin hacer nada; a veces, es hacer lo que nos corresponde y tener la calma de dejar que lo demás encuentre su propio ritmo

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