Difiero... Al conocimiento se llega mediante el cuestionamiento.
¿EL CAMBIO ES REAL O MENTAL?
Tengo un buen amigo desde hace muchos años, que además es mi compañero de trabajo, y hace algunos meses me llamó y me dijo que si podíamos comer para platicarme algo que venía pensando y que necesitaba discutir con alguien. Con mucho gusto accedí y llegamos al día siguiente a un restaurante que está cerca de la oficina. Nos sentamos, ordenamos rápidamente y le dije que iniciáramos cuanto antes con ese tema que quería comentar, porque me tenía con la duda.
Lo primero que me dijo fue: “Necesito un cambio; parece que el mundo se ha enrachado en contra mía: estoy estancado, no me gusta cómo me siento, y ya me está afectando en otros aspectos: duermo poco, estoy muy irritable, me siento triste... Si lo pudiera resumir, siento que no tengo ilusión”. Y de manera contundente concluyó: "Mario, necesito un cambio urgente. Si cambio de trabajo, si me mudo de ciudad y si dejo atrás esta rutina, por fin voy a tener paz mental y me voy a sentir bien".
Este tema me llamó poderosamente la atención porque, además de tenerle mucha estima a esta persona que me lo dijo, le reconozco mucho toda su trayectoria personal, tanto en lo profesional como en otros aspectos, así que quise investigar qué sucede en nuestros pensamientos cuando perseguimos el cambio desesperadamente: ¿qué buscamos?, ¿cómo podemos gestionarlo?
El cambio lo podríamos dividir en dos planos. El primero es el que representa un hecho que, sin importar lo que pienses, tiene que ver con el mundo físico: el clima, la edad o el desgaste de algún material; son átomos que se mueven, está completamente fuera de tu conciencia individual. El segundo tiene que ver con lo que piensas: tu mente procesa, interpreta y fluye constantemente; los pensamientos, las creencias y las emociones nunca se detienen, y están totalmente relacionadas con tu experiencia y tus expectativas.
En el caso de mi amigo, decidió cambiar de residencia y de empleo. Al poco tiempo fui a visitarlo, le pregunté cómo se sentía y me dijo que, en efecto, había conseguido un empleo similar al que tenía y que la casa adonde se mudó le gustaba, pero que los insomnios no se habían detenido; era un escenario distinto pero los pensamientos desagradables ahí estaban; el código postal era otro, pero con las mismas reflexiones.
Fue entonces cuando me compartió un razonamiento que me hizo todo el sentido: “Vamos persiguiendo una ilusión: que el bienestar llegará cuando las cosas se presenten perfectas, y eso no me resultó —me dijo—. Buscamos el cambio como si fuera un evento geográfico o laboral. Ahora me dediqué a cambiar mi forma de ver la realidad, el filtro por el cual ocurre el mundo para mí; busqué ayuda y me está funcionando. El verdadero cambio no es una nueva realidad; es trabajar con mi mente observando los mismos acontecimientos. Me siento más tranquilo”.
Me dio mucho gusto por mi amigo.
En pocas palabras, Mario opina que: