Difiero... al conocimiento se llega mediante el cuestionamiento.
LA TRAMPA DE LA COMPARACIÓN, ¿REALIDAD O IMAGINACIÓN?...
En un estudio recientemente publicado, fue revelado, por grupo de edad, cuántas horas en promedio una persona está viendo la pantalla de su celular. Para darnos una idea, las personas de entre 15 y 30 años pasan de 6 a 8 horas diarias en su dispositivo, y las mayores de 30, de 4 a 6 horas; cada día están revisando información en su teléfono. Esto ha provocado, sin duda, que todos estemos más informados: las noticias a nivel mundial literalmente vuelan en las diferentes plataformas al momento en que están sucediendo, se transmiten millones de notas diarias sobre todo tipo de eventos y de personajes, etc.; pero en cuanto a bienestar emocional se refiere, también está demostrado que esta sobreexposición a la información, nunca antes vista, genera intranquilidad en un grupo importante de personas, debido a que fomenta lo que llamamos “la trampa de la comparación”; esto es, pensar que los demás están mejor que yo, que tienen mejores condiciones de vida, familia, hijos, pareja, viajes, trabajo y todos los pensamientos que seguramente la mayoría hemos experimentado.
¿Pero de dónde proviene este fenómeno?, claramente tiene dos motivaciones. En primer lugar, el cerebro tiende, por naturaleza, a compararse para orientarse; ves una referencia y tratas de medirla con lo que piensas de ti para ubicar un escenario de valoración de una situación determinada. Este pensamiento puede motivarte a conseguir algo que deseas, transformarlo en un plan y trabajar para lograrlo, lo cual tiene mucha utilidad; pero cuando lo único que motiva es nuestra intranquilidad, entonces no tiene ganancia práctica y está en nuestras manos, a medida que lo trabajamos en nuestros pensamientos, gestionarlo. Una de las actividades que me sirve en este sentido, es hacerme consciente de que esa trampa de comparación yo la estoy creando, y además le estoy dando un valor que viene de mis reflexiones. Yo lo inventé, por tanto, puedo trabajar en transformarlo.
La otra motivación para compararte, que también es totalmente natural en las personas, es querer informar a los demás sobre lo bueno o sobresaliente que te ha pasado, y pueden ser todo tipo de situaciones, tanto las más cotidianas como las más rebuscadas, como puede ser un atardecer, un viaje, un festejo o un logro. Esta motivación responde a un mecanismo profundo de recompensa cerebral, búsqueda de identidad y conexión social; y, del mismo modo, cuando esta nos genera diversión o tranquilidad, sin duda es agradable; pero cuando esta necesidad de hablar de nosotros mismos nos intranquiliza, entonces tenemos que trabajar en nuestros pensamientos, y si persiste, buscar ayuda profesional. Pero lo primero es hacernos conscientes de que esa necesidad de compartir sobre nosotros, cada quien la inventamos y, por tanto, también podemos cambiarla.
La trampa de la comparación habita en lo que hacemos y pensamos; es posible gestionarla y poco a poco ir aprendiendo a que nos sea útil.
En pocas palabras, Mario opina que: