Difiero... Al conocimiento se llega mediante el cuestionamiento.
LA ATENCIÓN, ¿OCURRE O LA PROVOCAMOS?
En una conversación que sostenía con dos amigos del trabajo --ambos mayores de 50 años y con mucha experiencia--, me compartían, uno de ellos, sobre cuánto habían cambiado las empresas en los últimos diez años en lo referente a las personas, en cómo los empleados que antes laboraban en un negocio lo defendían y cuidaban mucho su reputación y su puesto de trabajo; era imposible hablar, por ejemplo, sobre si estabas abierto a otras opciones profesionales, por miedo a que se enteraran tus compañeros o jefes; tampoco como ahora lo hacen, si no estabas de acuerdo con tales procesos, envías un mail a tu jefe inmediato y esperas que tome cartas en el asunto.
Mi otro amigo que estaba ahí dijo que estaba de acuerdo con el comentario, pero que con respecto al personal las cosas eran más sencillas puesto que los empleados en la actualidad se expresan con mayor libertad cuando los cuestionas sobre alguna situación; valoran mucho más el ambiente laboral, y todo ello hace que en los nuevos liderazgos tome mayor relevancia la actitud, más allá de los conocimientos y las habilidades, pues se abre el espacio para la creatividad y el crecimiento. Todo esto conlleva una obligación: cuidar, como nunca, el talento entre todos los equipos.
Me puse a reflexionar sobre estos dos comentarios, estaba hablando con gente experimentada, con personalidades probadas en todas las situaciones, y me surgieron algunas preguntas: ¿Qué hace que nos fijemos en una cosa o en la otra?, ¿Por qué, ante una situación, reaccionamos tan distinto, si tenemos el mismo contexto?
Las respuestas se concentraron en un concepto: la Atención. Todos tenemos esa capacidad, pero la diferencia es hacia dónde la enfocamos.
Entendemos por Atención el proceso mediante el cual la mente se vuelca hacia algo, puede suceder de manera automática o determinada; para entenderlo mejor, me gustó algo que leí, y es que la atención es como la luz de una linterna sobre una superficie, eliges qué iluminas, qué resaltas y a eso le das valor.
Pero entonces, si esto es así, la atención no sólo observa la realidad, sino que la construye; y, en efecto, puede suceder la misma cosa y las personas tenemos la posibilidad de prestarle atención de manera muy distinta. Por ejemplo, en una carrera de autos un espectador que está en las gradas puede prestarle atención al clima, o a algún detalle en particular del público, pero quien va corriendo concentrado, el piloto no lo hace porque va persiguiendo un objetivo específico. Esto me invita a pensar que puedo entrenar a qué le presto mi atención y lo puedo desarrollar.
Uno de los objetivos fundamentales de la atención es memorizar y aprender, una ventaja competitiva para mí sería si puedo enfocar más mi atención a lo que me produce bienestar emocional y no de manera reactiva a lo que me preocupa.
No se trata de vivir lo que pasa, sino de vivir lo que atiendes, y de manera consciente decidir lo que quiero atender, sin negar lo que se produce de forma automática, eso siempre va a estar. Lo que sí puedo desarrollar es mi manera de poner atención.
Gracias a mis amigos que me hicieron que me diera cuenta.
En pocas palabras, Mario opina que: