Vivir el presente

16 marzo, 2026
Vivir el presente

Difiero.. al conocimiento se llega mediante el cuestionamiento.

VIVIR EN EL PRESENTE, ¿SERÁ POSIBLE?

VIVIR EN EL PRESENTE, ¿SERÁ POSIBLE?

Han pasado tantas cosas en este año que recién empieza, y como yo creo que en todos los otros, que cada vez que platicas, en las personas encuentro conversaciones de mucha incertidumbre, no saben bien lo que va a pasar, hay desespero, el futuro puede venir con problemas, te dicen, pues ya sabemos que cuando hay crisis de algo las circunstancias las pensamos como que van a deteriorarse; además, tiene que ver mucho con la edad, pues la confianza por el futuro se va debilitando entre más años tienes; cuando escuchas a un niño hablar del futuro, o a un joven que te platique sus planes, sin duda vas a encontrar más esperanza en la mayoría de los casos que en una persona adulta o de más edad.

Pero por qué la mayor parte del tiempo estamos tan ocupados por lo que creemos que va a suceder, vamos llenando nuestros pensamientos de situaciones que no han ocurrido pero nos inquietan, qué tal si me va mal en tal negocio, qué pasa si me despiden de mi trabajo, cómo serán mis hijos de grandes y qué riesgos van a correr, sigue pasando el tiempo y no tengo lo que soñé; tantas reflexiones reales a temas todavía inexistentes. No descanso nunca, parecería que no se detienen.

De dónde viene esto, sin duda de mi pasado, de lo que me ha pasado, y que sé que cuando encuentro frustración en mi vida me voy a sentir mal, y a eso le tengo miedo, traigo a mi cabeza muchas escenas de mí cuando me han pasado problemas, recuerdo lo que siento, las partes tristes, mis reacciones a adversidades anteriores.

Pero entonces lo que siento es una mezcla de pasado y futuro, los junto y no los dejo de pensar, están ahí rondando, en el día y sobre todo en la noche, problemas que no tengo aún, y que hay muchas probabilidades, más del 90 por ciento, de que nunca sucedan, pero me tiene intranquilo, lo único que sí está sucediendo es mi pensamiento y como nuestro cerebro no distingue si la situación es real o imaginaria me sacude mi paz mental.

Este tipo de situaciones todos las tenemos, no hay nadie que no las experimente, pero el tema aquí como en otras emociones es cómo me recupero, cómo me regreso a lo único real que me sucede que es el presente, cómo me detengo de hacer escenarios improbables y vuelvo a disfrutar hoy lo que sí está disponible, mi salud, mi familia, mis mañanas o tardes, mis amigos, esa comida de domingo de anécdotas; hay tantas cosas que no valoramos de nuestra cotidianidad y nos las perdemos por estar ocupados pensando en lo que me pasó y lo que no me ha pasado.

Regresar al presente es un tema muy importante en cuanto a bienestar emocional se refiere, es un asunto de conciencia, de entrenamiento y desarrollo; está disponible pero primero tengo que aceptarlo, valorarlo y ejercitarlo; existen múltiples herramientas, agradecimientos matutinos, meditación, ejercicio, un hobbie, entre muchas otras, pero lo fundamental es que de manera consciente pongamos un alto a mis reflexiones de quedar atrapado entre pasado y futuro, de juicios a lo que no ha ocurrido, para incorporarme a lo que está ocurriendo, disfrutarlo; si lo buscas, encontrarás muchas oportunidades, dale el peso que tiene al presente, es con lo que verdaderamente contamos.

En pocas palabras, Mario opina que:

Gran parte de nuestra inquietud nace de vivir entre recuerdos del pasado y preocupaciones del futuro. La mente crea escenarios que muchas veces nunca ocurren y que terminan robándonos la paz. Volver al presente, valorar lo que hoy existe y entrenar nuestra conciencia es una de las claves más importantes para el bienestar emocional.

ATISBOS DE CONCIENCIA

VIVIR EN EL PRESENTE

VIVIR EN EL PRESENTE

Hay una cierta magia cuando vivimos en el presente, pero también es uno de los mayores retos a los que nos enfrentamos. Primero, es necesario comprender muy bien qué es vivir en el presente, qué se requiere y qué lo obstaculiza. Comprender qué es vivir en el presente, sin embargo, no basta. También hay que aprender a hacerlo.

En la mayoría de los casos, siempre que nos enfrentamos a un nuevo aprendizaje, lo más importante no es aprenderlo, sino desaprender lo que lo obstaculiza. En ocasiones los obstáculos son las creencias, pero también tenemos arraigados algunos hábitos. Por eso conviene revisar creencias y cambiarlas, así como practicar nuevos hábitos.

¿Qué es vivir en el presente? Una frase muy trillada en muchas disciplinas, pero que lo define de manera muy precisa, es “vivir en el aquí y en el ahora”. Eso es vivir en el presente, hoy, en este momento y en este lugar. ¿Qué obstaculiza vivir en el presente? Los sentimientos y los pensamientos que nos anclan en el pasado y los que nos llevan a un futuro que no ha llegado. Si nos vamos para cualquiera de los dos, nos perdemos del presente. ¿Por qué nos pasa esto? De alguna manera, nuestro cerebro, y nuestra psique, nos juegan esta “mala pasada”. Los eventos del pasado pudieron dejarnos sentimientos tan agradables que no queremos dejar de sentirlos. Al añorarlos, los traemos de vuelta para darnos esa sensación que buscamos de bienestar. Esto puede obstaculizar el sentirnos bien, ya que tenemos una referencia del pasado que no nos deja vivir el presente. Pero también sucede que experiencias del pasado nos hayan dejado con resentimientos, culpa o vergüenza, y mientras sigamos anclados en esos sentimientos, nos pasará igual: no viviremos en el presente. Con el futuro pasa igual: si desarrollamos pensamientos catastróficos del futuro, pasaremos por el presente sin haber experimentado lo que sí está sucediendo, mientras que nuestros sentimientos se comprometen por algo que no sucede, y que quizás nunca sucederá.

¿Cómo aprender a vivir en el presente? La clave está en la conciencia. La toma de conciencia es el primer paso hacia el cambio positivo y el crecimiento interior. Es la forma en cómo la vida capta nuestra atención y nos prepara para el cambio. Cuando podemos hacernos conscientes de que estamos con pensamientos del pasado, o del futuro, atrapados sin vivir el presente, podemos hacer cambios. Pero eso no basta; se necesita la acción. Los pensamientos del pasado o del futuro nos llegan, pero nosotros les damos fuerza al pensarlos. Pensar es un acto voluntario que podemos realizar o dejar de hacerlo.

Cambiar nuestros hábitos requiere toma de conciencia, aceptación y acción, es decir, nuestra voluntad. Sólo así viviremos el único espacio que realmente ocupamos: el presente.

En pocas palabras, Norma opina que:

El único espacio que realmente habitamos es aquí, donde estamos. El único tiempo en el que realmente vivimos es hoy.

CREER PARA VER

EL ETERNO PRESENTE

EL ETERNO PRESENTE

Durante la época de pandemia me compré un par de libros de Alan Watts, autor y filósofo británico que me recomendó mi hermano Juan Pablo. Siéndote sincero, los dos libros que pedí tenían un nivel algo complejo para entender, pero el punto es que algo me dejó enganchado y empecé a estudiar un poco más acerca de este autor. Un tema que aborda continuamente es el de vivir en el presente. Si quieres entender más a profundidad su manera de pensar, te recomiendo buscar alguno de sus audios en Spotify. Escucharlo es bien reconfortante.

Alan nos enseña que el presente no es un pedacito entre el pasado y el futuro ni un punto diminuto en la línea del tiempo. Es realmente el único lugar donde la vida sucede. El pasado es memoria, el futuro es imaginación y lo único que podemos tocar, respirar y experimentar es este instante.

Hay una idea que se me quedó bien grabada: el momento presente es tan pequeño que antes de que podamos medirlo ya desapareció y aun así es lo único que siempre está, qué loco, ¿no?, ¿sí lo captas? Esa onda me voló la cabeza y me hizo quemar cinta. Vivimos obsesionados con lo que ya pasó o con lo que podría llegar a ser y en esa obsesión nos perdemos de la vida real, la que está pasando justo aquí y ahora.

¿Cuántas veces no hemos echado a perder un día por algo que ya pasó? ¿O por algo que todavía ni siquiera sucede? La mente se mueve hacia adelante o hacia atrás con una facilidad impresionante y, mientras eso pasa, ese gran atardecer en el mar desaparece y ni te diste cuenta por no estar conectado al presente.

Ojo, vivir en el presente no significa que no puedes pensar en el pasado o que no planees tu futuro. Significa no dejar que esos dos conceptos nos roben el único espacio en el que realmente podemos actuar. El eterno presente no es una idea mística. Es algo mucho más sencillo y práctico, es aprender a regresar aquí cuando la mente se nos empieza a ir.

Te comparto un ejercicio muy simple que suelo practicar cuando me entra la desconexión del presente: detente 30 segundos y usa tus sentidos. Observa a tu alrededor y nombra en silencio tres cosas que ves, dos sonidos que escuchas y una sensación física que estés sintiendo en tu cuerpo. Parece algo bien básico, pero ese pequeño ejercicio obliga a tu mente a regresar al ahora. No siempre necesitas una hora de meditación, a veces basta con un minuto consciente para recordarte que estás aquí y que la vida está pasando justo enfrente de ti.

Ya para terminar, te platico que hace unos días un amigo me compartió una canción que me llenó el corazón: And Nothing Is Forever, de The Cure. El título por sí solo ya te dice mucho. Nada es para siempre. Y justo por eso este momento vale tanto. Si nada es eterno, entonces lo único verdaderamente nuestro es este instante.

Tal vez el secreto no está en buscar que las cosas duren para siempre, sino en estar realmente presentes mientras duran ¿o tú qué opinas?

Gracias por estar aquí. Te abrazo.

En pocas palabras, Kush opina que:

El único lugar donde puedes vivir de verdad es este momento. Todo lo demás es un recuerdo o una expectativa. Y cuando no habitas el ahora, terminamos extrañando un presente que nunca vivimos.

ATREVERSE A IMAGINAR Y APRENDER

DONDE REALMENTE OCURRE LA VIDA

DONDE REALMENTE OCURRE LA VIDA

Hay algo curioso en la forma en que vivimos nuestros días: muchas veces creemos que lo que determina cómo nos sentimos es lo que sucede afuera. Las circunstancias, los resultados, las decisiones de otros, lo que salió bien o lo que salió mal.

Pero con el tiempo uno empieza a notar algo distinto. Dos personas pueden atravesar la misma situación y salir de ella con experiencias completamente diferentes. No porque el mundo haya sido distinto para cada una, sino porque la forma de verlo así fue.

La manera en que interpretamos lo que nos ocurre cambia profundamente la experiencia de estar vivos. No siempre podemos elegir lo que pasa, pero sí podemos elegir la mirada con la que lo habitamos. Y esa pequeña libertad, tan sencilla y profunda al mismo tiempo, es la que muchas veces nos devuelve al presente.

Porque cuando la mente se queda atrapada en lo que ya ocurrió o en lo que todavía no llega, dejamos de habitar el único lugar donde la vida realmente sucede: aquí, ahora. El presente no siempre es perfecto, pero casi siempre es más habitable de lo que imaginamos cuando dejamos de pelear con él.

A lo largo de esta segunda edición hemos hablado de autoestima, de gratitud, de perdón, de motivación, de comunidad. Temas distintos que, en el fondo, apuntan al mismo lugar: recordar que la forma en que vemos nuestra vida influye profundamente en cómo la vivimos.

Cuando aprendemos a pausar antes de reaccionar, cuando elegimos reconocer lo que sostiene nuestros días, cuando respondemos con intención en lugar de hacerlo desde el impulso, algo empieza a acomodarse. No necesariamente las circunstancias, pero sí la relación que tenemos con ellas. Y esa relación termina moldeando nuestra experiencia más de lo que imaginamos.

Quizá por eso los cambios más profundos rara vez empiezan afuera. Empiezan en algo más silencioso: en una nueva forma de ver lo que está frente a nosotros. No para negar lo difícil ni para buscar una versión ideal de la vida, sino para recordar que incluso en medio de la incertidumbre seguimos teniendo un pequeño espacio de libertad: elegir cómo estar presentes en lo que vivimos.

Y muchas veces, cuando regresamos al presente con esa conciencia, descubrimos algo sencillo y poderoso al mismo tiempo: la vida ya estaba ocurriendo mientras nosotros intentábamos entenderla.

Quizá eso hemos tratado estas semanas: recordar pequeñas herramientas que nos devuelven a nosotros mismos. La gratitud que nos enseña a ver lo que sostiene el día. La resiliencia que aparece cuando alguien camina a nuestro lado. La motivación que nace cuando lo que hacemos tiene sentido. La pausa que nos devuelve al presente en medio del ruido. Ninguna de estas herramientas cambia mágicamente la vida. Pero todas cambian la forma en que la habitamos. Y cuando cambia la forma en que habitamos la vida, cambia todo.

Porque el bienestar no es un destino al que se llega un día perfecto. Es una práctica cotidiana. Una manera de estar presentes en lo que somos, en lo que sentimos y en lo que elegimos cada día.

Tal vez al final eso sea lo más importante: recordar que incluso en medio de la incertidumbre seguimos teniendo algo profundamente nuestro. La capacidad de detenernos. De respirar. De ver la vida con nuevos ojos. Y desde ahí, volver a empezar.

En pocas palabras, Andrea opina que:

La vida no siempre cambia cuando cambian las circunstancias, sino cuando cambia la forma en que elegimos habitar el momento.

MÁS TEMAS POR EXPLORAR

/ 48

¡MENSAJE ENVIADO!

Tu mensaje ha sido enviado correctamente, en caso de ser mecesario nos pondremos en contacto contigo, ¡hasta pronto!

Imagen del popup
>