Motivación Intrínseca

16 febrero, 2026
Motivación Intrínseca

Difiero... Al conocimiento se llega mediante el cuestionamiento.

¿MOTIVACIÓN DE ADENTRO O DE AFUERA?

¿MOTIVACIÓN DE ADENTRO O DE AFUERA?

Hace unos días estaba comiendo con dos amigos con quienes regularmente me reúno. Nos conocemos desde la primaria, y siempre que platicamos de algo lo tomamos medio en serio, pero también, y muchas veces, en broma.

En esta ocasión, uno de ellos decía que estaba cansado de trabajar tanto, que desde que fundó su negocio le dedica muchas horas y que cada vez que piensa en bajar el ritmo le da miedo y se le vienen a la mente las responsabilidades que tiene como pagar la hipoteca, hacerse responsable de la salud y educación de sus hijos, las vacaciones familiares y una lista bastante extensa que nos comentó, y que, por tanto, no tiene otro remedio que seguir.

El otro de mis amigos que estaba en la mesa le dijo en tono de burla: “Entonces tú eres la víctima de tu vida, se te olvida que también te la pasas muy bien la mayoría de las veces, que disfrutas tú también de las vacaciones, de tu casa que está muy bonita”, y le dijo la misma lista que el otro mencionó pero en positivo; también explicó que desde hace mucho tiempo él cambio su fuente de motivación, que en lugar de hacer cosas sólo por la recompensa, mejor hace las cosas porque lo decide, y como él se plantea que es el juego y que lo eligió, entonces lo disfruta, muchas veces se apasiona, se enoja, nos contó, eso es normal, pero entiende que es un camino que tomó y que le gusta, o bien se platica y se cree que le gusta.

Estos dos puntos de vista me interesaron y quise investigar un poco más sobre la motivación. Al hablar de este tema lo primero que se me viene a la mente es: ¿Qué impulsa a las personas a actuar de la forma en que lo hacen?, ¿qué produce que una persona valore opciones y tome decisiones sobre muchos temas de manera simultánea? Entendemos claramente que actuamos por motivos, y cada uno le otorgamos un valor distinto y personal, desde lo básico y fundamental que es conseguir lo que necesitamos como la comida, el vestido, la salud, etcétera, o bien para evitar algo a lo que tememos como los obstáculos, las enfermedades y los castigos; a este tipo de motivación la definiremos como externa, es decir, viene de afuera, y poco podemos influir en no sentirla, todos la tenemos.

Pero existe otra que tiene su origen dentro del individuo, y está dirigida por necesidades no esenciales, como la exploración, la experimentación y la curiosidad, a éstas se le consideran conductas motivadoras en sí mismas; dicho de otro modo, es el tipo de motivación que me autoadministro, que me emociona a encontrar vivencias, a sentirme dueño de mis actos, y satisfecho de ellos, es cambiar el "debo hacerlo", por el "quiero hacerlo"; uno viene desde la obligación y el otro desde la libertad.

Un ejemplo bien claro de esta motivación intrínseca –desde adentro– es cuando escuchas a alguien que te habla, la mayoría de las veces, de su motivación diaria de ser padre o madre, a nadie he escuchado diciendo “tengo que ser padre de mi hijo, y estoy muy cansado, ni modo, seguiré haciéndolo”. Al contrario, siempre te dicen que lo mejor que les ha pasado es ser padres, y para los hijos –salvo alguna excepción–, pensamos que el amor de nuestros padres era inagotable.

Por eso creo que la motivación que viene de adentro dura más, y podemos llegar a entrenarla y disfrutarla, está disponible, gracias a mis dos amigos que me lo enseñaron.

En pocas palabras, Mario opina que:

La motivación externa nos empuja por obligación; la interna nos mueve por elección. Cuando cambiamos el tengo que por el quiero, dejamos de reaccionar a la vida y empezamos a vivirla con mayor libertad y sentido.

ATISBOS DE CONCIENCIA

LO QUE HAGO ES PORQUE LO DESEO Y VALE LA PENA

LO QUE HAGO ES PORQUE LO DESEO Y VALE LA PENA

¿Qué motiva tus acciones y tu quehacer en la vida? ¿Qué anima tus compromisos? Es de lo más frecuente que al hablar de lo que hacemos o de los proyectos que tenemos centremos la satisfacción que eso nos brinda, o el impulso de querer hacerlo, en aspectos del ámbito material (dinero, premios), o bien, en aspectos que tocan nuestro ego (reconocimiento, posicionamiento, poder). Cuando el motor que nos mueve se localiza fuera de nosotros, aun cuando puede ser un motor muy poderoso, puede tener el riesgo de que, si no obtenemos el resultado esperado, nos desanimemos y perdamos el entusiasmo, el disfrute y la satisfacción. Es cuando la actividad se hace por obligación, no por interés. Entonces sobreviene el desgaste emocional y no le encontramos sentido a lo que hacemos.

¿Es entonces un inconveniente motivarnos por factores externos? En realidad, no. La motivación extrínseca no es mala en sí misma; el problema es que sea la única que nos mueva; lo ideal es combinarla con motivación intrínseca, que es la que aporta sentido, disfrute y nos hace perseverar y ser constantes.

En ocasiones, ante conflictos en una actividad laboral o una participación social, es la motivación intrínseca la que nos hace superar los riesgos de conductas poco éticas, ya que no predomina un factor externo que busquemos, sino que nos mueve el mantener lo que le da sentido a nuestro quehacer y, por ende, a nuestra vida. Podemos desempeñarnos en un puesto u oficio y disfrutarlo, nos gusta lo que hacemos, pero también nos causa satisfacción el dinero que ganamos con ello. Y no sólo nos causa satisfacción, sino que cubre nuestras necesidades. Sin embargo, si el dinero fuera sólo el motivo que nos impulsa a seguir ahí, es probable que llegue un momento en que deje de disfrutar lo que haga y centre mi interés sólo en el dinero. El mejor escenario será que sigamos apreciando nuestras ganancias económicas y al mismo tiempo encontrar el valor que nuestro trabajo aporta, saber que lo que hacemos vale la pena, descubrir el impacto que nuestras tareas tienen para otros o para el entorno, y, finalmente, hacer de esta combinación de motivadores un motor que nos impulse cada día a perseverar en nuestras tareas, a disfrutarlas y a combatir el desánimo y la falta de sentido que, en muchas ocasiones, arrasan con el entusiasmo.

¿Y cómo podemos encontrarle sentido a eso que hacemos? Nuevamente tengo que mencionar el autoconocimiento. No hay manera de encontrar un sentido de vida si no nos conocemos. ¿Qué me hace sentir bien? ¿Cómo espero trascender? ¿Qué aporto a la sociedad con lo que hago? ¿Qué beneficios tiene mi trabajo para otros? ¿Cómo ayudo a los demás? Sólo si tengo claridad sobre lo que busco en la vida, podré encontrarle un sentido a lo que hago. En mi trabajo como terapeuta y conferencista, tengo un motivador intrínseco muy poderoso: tengo muy claro que mi trabajo vale mucho la pena; tengo claro que al facilitar procesos de autodescubrimiento y de tomas de consciencia mi quehacer tiene un alto valor. Y esta certeza es el motor que me hace desempeñarme cada día sin cansancio. Pero cualquier tarea desempeñada puede ser objeto de análisis y encontrarle su alto valor, porque saber que nuestro quehacer vale la pena es en sí mismo un motivador intrínseco enorme. Por supuesto, cada quien sabe lo que valora y qué le da sentido a su vida.

En pocas palabras, Norma opina que:

Para mantenernos motivados, lo mejor es tener una combinación de motivación extrínseca y motivación intrínseca.

CREER PARA VER

HÁBITOS ATÓMICOS

HÁBITOS ATÓMICOS

No sé si te pasa que hay libros que te llegan en el momento exacto. Llegan como una señal que te ayuda a acomodar las piezas que te hacían falta en el rompecabezas. Hábitos Atómicos, de James Clear, es uno de ellos para mí.

Este libro me lo topé un día mientras hacía fila en una tienda de papelería, estaba entre agarrar un Snickers o el libro, y me dije: “Qué tal si agarro mejor el hábito de leer más en lugar del azúcar del chocolate ¡jajaja!”. Lo empecé a leer esa misma noche en la cama antes de dormir y me quedé enganchado desde el primer capítulo, en el cual rápido te das cuenta de cómo pequeños esfuerzos pueden desencadenar grandes resultados.

Una de las ideas que más tengo grabada es que no es la motivación la que crea el hábito, es el mismo hábito el que sostiene la motivación. Durante mucho tiempo yo lo veía al revés. Pensaba que primero había que tener ganas, esperar el momento para estar inspirado, o tener ese empujoncito interno para empezar algo y que cuando eso no aparecía, simplemente no hacía nada. Sin duda, este libro me ha ayudado a cambiar el orden de las cosas.

Los hábitos atómicos me recordaron esta teoría que dice que si repites una acción de forma constante durante 21 días terminas por convertirla en un hábito. Realmente esto no ha sido comprobado científicamente, pero más allá del número exacto, lo que entendí es que la repetición tiene un poder enorme. Cuando haces algo todos los días, aunque sea pequeño se va convirtiendo en parte de ti y deja de depender de tu estado de ánimo para que suceda.

La motivación externa es mucho más frágil porque depende de factores que no controlas: el aplauso, el reconocimiento, la validación. Si eso desaparece, muchas veces también desaparece el impulso. Por el contrario, la motivación interna no nace del aplauso sino de eso que has construido día a día. Surge cuando repites una acción tantas veces que deja de representar un esfuerzo por demostrar algo y se convierte en una expresión de quien estás decidiendo ser.

Personalmente, viví este experimento convirtiendo en hábito cosas muy simples: salir a caminar, escribir, meditar, ordenar mis ideas, ya te lo he platicado antes: así nació mi proyecto de Kushep y las frases en posters. Al repetirlo durante más de 21 días, logré, de manera sostenida, construir esa motivación a lo largo de más de dos años, y esa constancia empezó a darme una sensación súper positiva: la de estar cumpliéndome a mí.

Con el tiempo te das cuenta de que esos hábitos atómicos se convierten en una especie de ancla. Puedes experimentar días buenos, días malos, pero el hábito sigue ahí; y cuando todo a tu alrededor se siente inestable, tener eso que depende sólo de ti se convierte en una fuente enorme de calma y dirección.

Gracias por estar aquí. Te abrazo.

En pocas palabras, Kush opina que:

La motivación intrínseca es el resultado de hábitos pequeños sostenidos en el tiempo. No es una chispa, es una consecuencia. Cuando repites algo con intención hasta que se vuelve parte de quien eres, ya no avanzas porque estás motivado… avanzas porque es coherente contigo. Lo externo puede encenderte, pero sólo lo interno te sostiene.

ATREVERSE A IMAGINAR Y APRENDER

EL IMPULSO QUE NACE ADENTRO: MOTIVACIÓN INTRÍNSECA Y LAS FUERZAS QUE NOS PONEN EN MOVIMIENTO

EL IMPULSO QUE NACE ADENTRO:  MOTIVACIÓN INTRÍNSECA Y LAS FUERZAS QUE NOS PONEN EN MOVIMIENTO

Hay momentos en los que la motivación se siente lejana. No porque no la tengamos, sino porque algo adentro está cansado, desconectado o en silencio. En esos momentos solemos buscar respuestas afuera: más presión, más incentivos, más exigencia. Y, sin embargo, lo que realmente nos mueve casi nunca viene de ahí.

Con el tiempo he entendido que la motivación más profunda no se empuja: se despierta. Y nace adentro.

Nace, primero, en el cuerpo. En la energía vital que se activa cuando respiramos con presencia, cuando nos movemos, cuando dejamos de vivir sólo en la cabeza. Un cuerpo agotado difícilmente puede sentir deseo. A veces no falta motivación; falta volver a habitarnos. Escuchar el cansancio, respetar los ritmos, recuperar el placer de estar vivos en lo físico. Desde ahí empieza todo.

Cuando el cuerpo está presente, aparece el impulso por aprender. La curiosidad, el deseo de entender, de mejorar, de explorar una habilidad un poco más. Aprender no sólo nos da herramientas; nos devuelve el entusiasmo. Nos coloca en ese espacio donde el tiempo se vuelve flexible y la atención se afina. Ahí, la motivación ya no depende del resultado, sino del proceso.

Pero hay un nivel más profundo que termina de encenderlo todo: el sentido. Cuando lo que hacemos se alínea con nuestros valores, cuando responde a algo que consideramos importante, la motivación se vuelve más estable, más íntima. No es euforia; es coherencia. Es saber que lo que hacemos conversa con quiénes somos y con lo que queremos aportar al mundo.

Este movimiento interno necesita ciertas condiciones para florecer. Necesita autonomía: la sensación de que podemos elegir, dirigir, decidir el rumbo. Cuando sentimos que todo nos es impuesto, la motivación se marchita. Necesita también maestría: el anhelo humano de crecer, de afinar lo que hacemos, no por perfección, sino por amor al aprendizaje. Y necesita propósito: esa conexión silenciosa con algo más grande que nosotros, algo que da significado incluso en los días difíciles.

Cuando el cuerpo tiene espacio, el aprendizaje nos desafía y el propósito nos orienta; cuando hay libertad, crecimiento y sentido, la motivación deja de ser un esfuerzo y se convierte en un impulso natural.

Cultivar motivación intrínseca no es exigirnos más, sino escucharnos mejor. Es preguntarnos dónde estamos desconectados. Tal vez no necesitas más disciplina, sino más descanso. No más metas, sino más curiosidad. No más reconocimiento externo, sino más fidelidad a lo que te importa de verdad. Para descubrir estos días me gustaría dejarte una pregunta: ¿Qué parte de ti necesita atención para volver a encender el impulso: tu cuerpo, tu deseo de aprender o tu sentido?

En pocas palabras, Andrea opina que:

Cuando el cuerpo tiene espacio, el aprendizaje nos desafía y el propósito nos orienta; cuando hay libertad, crecimiento y sentido, la motivación deja de ser un esfuerzo y se convierte en un impulso natural.

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