Difiero... Al conocimiento se llega mediante el cuestionamiento.
AGRADECIMIENTO, ¿LO QUE ME PASA O LO QUE ME DIGO?
Estaba leyendo hace algunos días sobre cómo en la actualidad ha venido aumentando aceleradamente nuestro acceso a la información; tenemos casi todas las respuestas a la mano: la inteligencia artificial ha venido a ocupar roles de compañía y consejo que antes difícilmente teníamos tan cerca; sin embargo, en estudios recientes se ha detectado que el nivel de satisfacción y de bienestar en las personas está cada vez más comprometido de manera negativa, los niveles de estrés y de ansiedad van a la alza; esto parecería contradictorio.
Qué nos está preocupando o qué dejamos de hacer o pensar que antes nos tenía más tranquilos: lo primero es que hace 30 años era difícil mantener una conversación donde aceptáramos que estábamos teniendo temores o insatisfacción, y menos aún que necesitábamos ayuda; hoy, sin duda, es más común, pero lo otro es que tenemos poco tiempo para la reflexión.
Cada momento que podemos pensar en nosotros mismos, en lo que nos rodea, lo que nos hace reír o sentirnos satisfechos, lo autoadministramos con información externa que puede en algunos casos perturbar nuestra tranquilidad.
Aquí me gustaría reflexionar sobre el agradecimiento. Desde tiempos ancestrales, está demostrado que el agradecimiento nos produce reacciones cerebrales de bienestar, cuando nos sucede algo positivo o que pensamos que nos conviene, hacemos ese pequeño alto y decimos gracias; cada persona lo manifiesta diferente, algunos involucran incluso temas divinos (Gracias a Dios), pero como cada quien lo haga lo importante es que invariablemente nos trae alegría, paz y sensaciones positivas; este tipo de gratitud proviene del exterior, algo me sucede, real o imaginario, lo valoro y lo agradezco, todos lo hemos experimentado.
Pero existe otro tipo de agradecimiento, el que viene de adentro, el que es proactivo, el que yo provoco, donde no necesariamente me deben ocurrir cosas, sino más bien me doy a la tarea de encontrar en mí situaciones que merecen toda mi gratitud; nadie está tan perdido que no pueda encontrar algo en su vida para agradecer, incluso se ha entrevistado a personas con circunstancias muy desfavorables que afrontan la situación con mejor condición emocional, siendo conscientes de muchas cosas, que también les ocurren, quizás al mismo tiempo, y de las que pueden dar gracias; no es fácil, es una tarea que se debe practicar y desarrollar diariamente, es un nivel profundo de conciencia.
Está demostrado que incorporar prácticas de agradecimiento diario mejora todos mis niveles emocionales, hay muchas alternativas para practicarlo, desde pensarlo y escribirlo, hasta compartirlo con quien está involucrado para invitarlo a esa reflexión y que también lo experimente.
La gratitud consciente tiene que ver, sin duda, con cambiar el enfoque de lo que me falta para darle lugar a lo que sí tengo; no quiere decir quitar uno y poner otro, sino que los dos existan, somos capaces y está disponible, empecemos.
En pocas palabras, Mario opina que: