Difiero... al conocimiento se llega mediante el cuestionamiento.
AL TIEMPO NO LE IMPORTAMOS
En una mesa de amigos, normalmente, la convivencia termina en una plática de anécdotas, divertidas o tristes, pero eso nos regresa el tiempo a volver a vivir, transformado en recuerdo; es un placer para mis pensamientos sentir la identidad de un pasado, de un grupo de personas a las que pertenezco, que me agradan y les agrado.
Inevitablemente, terminamos diciendo que el tiempo ha pasado y que hoy las cosas son más difíciles, que antes había menos peligros, que hoy con tantos adelantos tecnológicos estamos muy expuestos, etcétera. O bien, otra persona te plática que pasó el tiempo y no se siente que ha logrado lo que esperaba, que no era su plan, que sus sueños y anhelos no los ha conseguido y cierra su comentario con la frase "El tiempo es implacable".
Quiero entender mejor este tema, el tiempo, por un lado, es una medida física, una dimensión que me permite ordenar la secuencia de los sucesos estableciendo un pasado, presente y futuro; pero, por otro lado, es una percepción de la realidad que normalmente se vincula con el cambio, con una magnitud de cómo se transforman las cosas.
Es decir, cuando expresamos que el tiempo ha pasado y nos sentimos viejos, o que el tiempo ha pasado y nos sentimos fracasados en algún tema, estamos confundiendo dos aspectos al menos: el primero es totalmente real, sin duda el tiempo ha pasado y seguirá pasando, a éste no le importa que está sucediendo con nosotros, mucho antes de que existiéramos ya estaba y después también, pero lo manifestamos como queja, como si el tiempo nos debiera, no estoy generalizando pero la mayoría de las ocasiones así me lo platican; el segundo tiene que ver totalmente con nuestras expectativas y nuestros juicios, como la mayor parte de nuestros temores.
Si digo “el tiempo ha pasado y siento que no he cumplido con mi plan”, entonces lo que falló es el plan, y podemos modificarlo, porque la realidad no la podemos cambiar, pero el plan sí; la oportunidad de estar tranquilos con lo que pensamos ahí está y podemos desarrollarla, siempre está disponible.
Por ello, me gusta mucho una frase de San Agustín: "¿Qué es el tiempo?, si nadie me pregunta, lo sé; pero si quiero explicarlo, ya no lo sé".
A lo que me refiero es a esa sutil frontera entre lo que el reloj marca y lo que el cerebro siente; el tiempo existe, no hay duda, pero no tiene nada qué ver con lo que me digo emocionalmente, no tiene relación, yo soy el que lo entrelazo, y en algunas ocasiones lo que me trae es preocupación e intranquilidad.
En temas de bienestar emocional lo importante no es tener más tiempo, sino entrenar y recuperar la capacidad de habitar el tiempo presente sin la señal de amenaza del futuro.
En pocas palabras, Mario opina que: