El tiempo

30 marzo, 2026
El tiempo

Difiero... al conocimiento se llega mediante el cuestionamiento.

AL TIEMPO NO LE IMPORTAMOS

AL TIEMPO NO LE IMPORTAMOS

En una mesa de amigos, normalmente, la convivencia termina en una plática de anécdotas, divertidas o tristes, pero eso nos regresa el tiempo a volver a vivir, transformado en recuerdo; es un placer para mis pensamientos sentir la identidad de un pasado, de un grupo de personas a las que pertenezco, que me agradan y les agrado.

Inevitablemente, terminamos diciendo que el tiempo ha pasado y que hoy las cosas son más difíciles, que antes había menos peligros, que hoy con tantos adelantos tecnológicos estamos muy expuestos, etcétera. O bien, otra persona te plática que pasó el tiempo y no se siente que ha logrado lo que esperaba, que no era su plan, que sus sueños y anhelos no los ha conseguido y cierra su comentario con la frase "El tiempo es implacable".

Quiero entender mejor este tema, el tiempo, por un lado, es una medida física, una dimensión que me permite ordenar la secuencia de los sucesos estableciendo un pasado, presente y futuro; pero, por otro lado, es una percepción de la realidad que normalmente se vincula con el cambio, con una magnitud de cómo se transforman las cosas.

Es decir, cuando expresamos que el tiempo ha pasado y nos sentimos viejos, o que el tiempo ha pasado y nos sentimos fracasados en algún tema, estamos confundiendo dos aspectos al menos: el primero es totalmente real, sin duda el tiempo ha pasado y seguirá pasando, a éste no le importa que está sucediendo con nosotros, mucho antes de que existiéramos ya estaba y después también, pero lo manifestamos como queja, como si el tiempo nos debiera, no estoy generalizando pero la mayoría de las ocasiones así me lo platican; el segundo tiene que ver totalmente con nuestras expectativas y nuestros juicios, como la mayor parte de nuestros temores.

Si digo “el tiempo ha pasado y siento que no he cumplido con mi plan”, entonces lo que falló es el plan, y podemos modificarlo, porque la realidad no la podemos cambiar, pero el plan sí; la oportunidad de estar tranquilos con lo que pensamos ahí está y podemos desarrollarla, siempre está disponible.

Por ello, me gusta mucho una frase de San Agustín: "¿Qué es el tiempo?, si nadie me pregunta, lo sé; pero si quiero explicarlo, ya no lo sé".

A lo que me refiero es a esa sutil frontera entre lo que el reloj marca y lo que el cerebro siente; el tiempo existe, no hay duda, pero no tiene nada qué ver con lo que me digo emocionalmente, no tiene relación, yo soy el que lo entrelazo, y en algunas ocasiones lo que me trae es preocupación e intranquilidad.

En temas de bienestar emocional lo importante no es tener más tiempo, sino entrenar y recuperar la capacidad de habitar el tiempo presente sin la señal de amenaza del futuro.

En pocas palabras, Mario opina que:

El tiempo no es el que nos limita, es neutral y sigue su curso. Lo que realmente nos inquieta es lo que nos decimos sobre lo que hemos hecho o no con él. Vivir la vida no es pelear con el tiempo, es ajustar nuestras expectativas y aprender a habitar el presente con mayor conciencia.

ATISBOS DE CONCIENCIA

EL TIEMPO, CÓMO LO VIVIMOS

EL TIEMPO, CÓMO LO VIVIMOS

“¡Se me pasó volando el tiempo!”, “Falta mucho para que sea Navidad”, “¡Qué rápido, ya estamos a fin de año!... Estas expresiones dan cuenta de cómo el tiempo es tan relativo, con una percepción muy particular. Hablemos del tiempo.

El tiempo universal, un recurso infinito, con pasado, presente y un futuro al que no se le ve final; pero también un recurso limitado, no renovable para los seres humanos, porque somos finitos, y el día solamente nos ofrece 24 horas. Y porque, además, no es posible transitarlo en el pasado, ni en el futuro. Sólo en el presente.

¿Cómo vives tu tiempo? ¿Cómo vives y aprovechas este recurso para tu bienestar? ¿Eres consciente de lo limitado del tiempo y lo inviertes en tu provecho? Hay un enfoque que me gusta mucho tener presente, y se trata de cómo lo administramos, qué hacemos con el tiempo para construirnos el bienestar que tanto buscamos todos. Porque para administrarlo, como se administra un presupuesto económico, es necesario tener claridad del destino al que queremos dedicarlo. Y para tener en mente esta lista de espacios vitales a los que queremos dedicar tiempos es importante conocer, descubrir y asumir nuestras prioridades,

¿Qué espacios vitales aportan a nuestro bienestar? Indudablemente tenemos el espacio personal, ése al que dedicamos atención a nuestro físico, como el ejercicio, al sueño y la alimentación; atención mental, como es el estudio y la reflexión; atención espiritual, como puede ser cualquier práctica de meditación o práctica religiosa; atención relacional, en el que nos interesa cultivar las relaciones importantes en nuestra vida. Estos espacios no tienen una jerarquía establecida, porque cada persona hace sus propias prioridades. Pero lo que sí conviene es atender cada espacio de nuestra vida, porque en el desequilibrio de la balanza es cuando el bienestar emocional comienza a ponerse en riesgo.

Digamos que no le hemos dedicado tiempo a una relación importante, como puede ser la relación de pareja, o la relación con un hijo. Si no le hemos dedicado ese tiempo, la relación lo va a pagar. O bien, si no hemos dedicado tiempo a nuestra persona, también habrá señales que nos alejen del bienestar Es por eso que la fórmula de equilibrar el uso de nuestro tiempo, cómo lo vivimos, tendría que incluir la armonía de tres tiempos: el tiempo de actividad, el tiempo a solas y el tiempo de uno a uno, Según la etapa de la vida en la que estemos, la armonía requerida para el equilibrio de tiempos es personal. En la vida adulta, con nuestras actividades, es frecuente que el tiempo de actividad sea mucho, y con ello el tiempo a solas, en el que podemos reflexionar, leer, dedicarlo a nuestro descanso, etc., se vea disminuido. Igual pasa con el tiempo de uno a uno que vamos dejando y con ello alejando nuestras relaciones.

¿Cómo usas tu tiempo? ¿Hay armonía? ¿Qué podrías hacer para equilibrar tu tiempo de actividad, tiempo uno a uno y tiempo a solas?

En pocas palabras, Norma opina que:

La experiencia humana es limitada en el tiempo y también el tiempo es un recurso no renovable. El bienestar emocional se logra cuando logramos equilibrar tiempo de actividad, tiempo uno a uno y tiempo a solas.

CREER PARA VER

TE VAS A MORIR

TE VAS A MORIR

Qué fuerte título, ¿no? Pero déjame te cuento por qué elegí hablar del tiempo y de cómo lo vivimos desde este ángulo.

Hace unos años empecé a escuchar el podcast de un personaje bastante polémico en redes sociales, su nombre es Diego Dreyfus. Tiene una forma digamos que algo peculiar para decir las cosas, a veces incómoda, muy directa; sin filtros, vaya; y aunque no coincido con todo lo que plantea, había algo que, cuando lo escuchaba, siempre me dejaba pensando.

Sus episodios siempre cierran con una cortinilla que, la primera vez que la escuché, me movió un buen, y dice así:

Te vas a morir… Esta frase es una de esas verdades que nos persiguen y no queremos voltear a ver. La gente prepara mucho más sus vacaciones que el prepararse para la muerte y creo que es importantísimo todos los días vivir considerando a la muerte porque entonces decides de forma distinta en lugar de sólo sobrevivir y existir. Te vas a morir. ¿Qué estás haciendo al respecto?”

Recuerdo muy bien lo que sentí y sigo sintiendo cada que la escucho, como si algo adentro me incomodara, pero al mismo tiempo se acomodara, porque en el fondo no era una idea nueva, era simplemente una verdad que había evitado ver de frente. Y es que la verdad vivimos en una relación muy rara con respecto al tiempo, lo tratamos como si fuera algo garantizado, como si siempre hubiera una siguiente oportunidad o un mejor momento. Nos contamos historias muy cómodas para no movernos, para no incomodarnos, para no tomar decisiones que impliquen riesgo o cambio, y en ese proceso vamos pateando la vida hacia adelante como si en algún punto se fuera a acomodar sola, bueno, estoy hablando por mí, ¿eh?, pero yo sé que te estás identificando, no te hagas... ¡jajaja!

Lo interesante es que esta idea de recordar la muerte no es un invento de Dreyfus ni mucho menos, desde hace siglos existe el concepto de Memento Mori, que significa precisamente eso: “Recuerda que morirás”. Y creo firmemente que esta frase no busca asustar a nadie sino todo lo contrario, es una invitación constante a no perderse en lo irrelevante, a vivir con cierta claridad sobre lo que sí importa y a no dar por hecho algo que en realidad nunca ha sido seguro. Lo que cambia con Diego es el tono, lo trae a este momento, lo hace más crudo, más difícil de ignorar, y justo es por eso que creo que conecta.

Cuando realmente entiendes que tu tiempo es limitado, algo empieza a acomodarse distinto, no necesariamente haces más cosas ni te vuelves alguien radical de la noche a la mañana, pero sí empiezas a ver con más claridad en qué estás invirtiendo tus días, a quién le estás dando tu atención, qué conversaciones estás evitando, qué decisiones llevas demasiado tiempo postergando, etc. Te das cuenta de que muchas veces no estás cansado por todo lo que haces, sino por todo lo que sabes que deberías estar haciendo y no estás enfrentando.

Tal vez el problema no es que no tengamos tiempo, sino que vivimos como si no importara, como si siempre hubiera más, como si lo verdaderamente importante pudiera seguir esperando sin consecuencias. Pero la realidad es otra, el tiempo pasa igual, estés consciente o no, estés presente o no, y en ese sentido la pregunta deja de ser cuánto tiempo tenemos y se vuelve mucho más simple y mucho más incómoda al mismo tiempo:

¿Qué estás haciendo al respecto?

Porque sí… te vas a morir. Y, quizá, por eso mismo valdría la pena empezar a vivir distinto.

Gracias por estar aquí. Te abrazo.

En pocas palabras, Kush opina que:

Estar consciente de que te vas a morir no es una amenaza, es un recordatorio de que el tiempo no está garantizado; y cuando realmente lo entiendes, dejas de postergar lo importante y empiezas a vivir con más intención, no porque tengas prisa, sino porque ya no quieres seguir desperdiciando lo único que sí es finito.

ATREVERSE A IMAGINAR Y APRENDER

EL TIEMPO NO PASA... SE LLENA

EL TIEMPO NO PASA... SE LLENA

Hay una idea que repetimos mucho: que la vida pasa rápido. Pero tal vez la vida no pasa… la vida se llena; se llena de lo que hacemos con ella, de cómo ocupamos las horas, de lo que decidimos sostener y de lo que, por fin, nos atrevemos a soltar.

El tiempo es el mismo para todos, pero la experiencia de vivirlo nunca lo es.

A veces creemos que vivir mejor significa entendernos más; procesar más; mirar más hacia adentro. Y sí, hay momentos para eso, pero también hay una trampa silenciosa en quedarnos demasiado tiempo ahí, como si la vida fuera algo que primero hay que descifrar antes de poder disfrutar... y no.

La vida no espera a que la entendamos. Vivir bien, muchas veces, es algo más simple y más concreto: es estar donde estás… y hacer algo con eso.

Es elegir qué sí ocupa tu tiempo y qué no. Es reconocer que no todo merece tu energía, ni tu atención, ni tu análisis. Hay cosas que no necesitan ser resueltas; sólo dejadas atrás.

El tiempo cambia cuando dejamos de postergar lo que ya sabemos que queremos: una llamada que no hacemos, un plan que no armamos o un límite que no ponemos. No siempre es falta de claridad; muchas veces es falta de decisión; y eso también es una forma de usar (o desperdiciar) la vida.

Porque, al final, el tiempo no se mide sólo en años ni en pendientes cumplidos, se mide en presencia real; en esos momentos donde sí estabas ahí, sin dividirte, sin negociar contigo, donde elegiste, actuaste… y avanzaste.

Vivir la vida no es hacerlo perfecto, es hacerlo en movimiento; es entender que no todo se va a sentir bien todo el tiempo y que eso no significa que algo esté mal, sino que estás aquí. Tal vez la pregunta no sea si la vida pasa rápido o lento, sino ¿qué tanto de lo que vives, lo estás viviendo de verdad?

Porque el tiempo no cambia, pero la forma en que lo habitas… lo cambia todo.

Hay una idea que repetimos mucho: que la vida pasa rápido. Pero tal vez la vida no pasa… la vida se llena; se llena de lo que hacemos con ella, de cómo ocupamos las horas, de lo que decidimos sostener y de lo que, por fin, nos atrevemos a soltar.

El tiempo es el mismo para todos, pero la experiencia de vivirlo nunca lo es.

A veces creemos que vivir mejor significa entendernos más; procesar más; mirar más hacia adentro. Y sí, hay momentos para eso, pero también hay una trampa silenciosa en quedarnos demasiado tiempo ahí, como si la vida fuera algo que primero hay que descifrar antes de poder disfrutar... y no.

La vida no espera a que la entendamos. Vivir bien, muchas veces, es algo más simple y más concreto: es estar donde estás… y hacer algo con eso.

Es elegir qué sí ocupa tu tiempo y qué no. Es reconocer que no todo merece tu energía, ni tu atención, ni tu análisis. Hay cosas que no necesitan ser resueltas; sólo dejadas atrás.

El tiempo cambia cuando dejamos de postergar lo que ya sabemos que queremos: una llamada que no hacemos, un plan que no armamos o un límite que no ponemos. No siempre es falta de claridad; muchas veces es falta de decisión; y eso también es una forma de usar (o desperdiciar) la vida.

Porque, al final, el tiempo no se mide sólo en años ni en pendientes cumplidos, se mide en presencia real; en esos momentos donde sí estabas ahí, sin dividirte, sin negociar contigo, donde elegiste, actuaste… y avanzaste.

Vivir la vida no es hacerlo perfecto, es hacerlo en movimiento; es entender que no todo se va a sentir bien todo el tiempo y que eso no significa que algo esté mal, sino que estás aquí. Tal vez la pregunta no sea si la vida pasa rápido o lento, sino ¿qué tanto de lo que vives, lo estás viviendo de verdad?

Porque el tiempo no cambia, pero la forma en que lo habitas… lo cambia todo.

En pocas palabras, Andrea opina que:

La vida no espera a que la entendamos. Vivir bien, muchas veces, es algo más simple y más concreto: es estar donde estás… y hacer algo con eso.

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