Cuidado digital y bienestar mental

2 febrero, 2026
Cuidado digital y bienestar mental

Difiero... Al conocimiento se llega mediante el cuestionamiento.

REDES SOCIALES, ¿MI ALIADO O MI AMIGO TÓXICO?

REDES SOCIALES, ¿MI ALIADO O MI AMIGO TÓXICO?

Estaba leyendo un estudio reciente publicado por una universidad de prestigio refiriéndose al uso de redes sociales y el incremento vertiginoso de exposición en todas las personas; en él se aborda que una de las grandes transformaciones de la sociedad actual es la revolución digital sin duda, este gran cambio en nuestro comportamiento para ahora tener un invitado permanente que es nuestro dispositivo, teléfono, tableta o computadora, al cual le dedicamos una buena parte del día tratando de encontrar algo que no sabemos bien qué es, pero que nos emociona.

Me llamó mucho la atención este fenómeno y quise investigar un poco más, el tiempo promedio que revela el estudio que le dedicamos a las redes sociales diariamente es de 2.5 horas, y antes los hallazgos planteaban que las nuevas generaciones menores de 20 años eran los que más las utilizaban; esto ya no es así, ha venido cambiando, y las personas de más edad van incrementando aceleradamente su exposición.

Sin duda encontramos un aspecto muy positivo que nos han traído las redes, y en general toda la comunicación digital, que es el rápido acceso a muchísimo conocimiento y a la información inmediata, lo cual hace algunos años no lo hubiéramos imaginado y ahora apenas lo estamos empezando a entender; y no va a cambiar, va a aumentar, y nos deja al alcance de la mano todos los temas de los que queramos aprender.

Sin embargo, ¿cómo se lleva esto y mi bienestar emocional?, ¿para dónde van mis pensamientos cuando uso o abuso de las redes sociales?; encontré un concepto que me llamó la atención y es la "dopamina digital", esta manipula la necesidad de gratificación inmediata, haciendo que la desconexión se sienta como una pérdida, convirtiendo a las redes sociales en una herramienta que a menudo prioriza la dependencia sobre el bienestar del usuario. O bien, el impacto del "Doomscrolling": el estudio encontró que ver videos consecutivos sin parar aumenta un 10% la probabilidad de seguir haciéndolo, y hasta un 21% más si el contenido se percibe como similar.

Las plataformas explotan la necesidad humana de interacción social, de aceptación, a través de estar observando "Vidas Perfectas", que en realidad, en muchas ocasiones, la mayoría no lo son, nos impulsa a pensar que somos personas que no tienen tantas experiencias positivas en la vida, y no es así, sólo es nuestro pensamiento.

Hay autores que han desarrollado herramientas para poder sensibilizarnos en el uso de las redes, como lo es el "Mindfulness Digital", ser consciente de tus emociones y pensamientos mientras usas las redes sociales, entender que se parece más a ver una película de ciencia ficción que a la realidad.

La cantidad de conocimiento que existe digitalmente no tiene ninguna relación con la sabiduría de las personas, entendiendo a ésta como la capacidad de tomar decisiones que contribuyan a mi bienestar emocional, de eso se trata el juego.

En pocas palabras, Mario opina que:

Las redes sociales pueden ser una gran fuente de información y conexión, pero también un espacio que alimenta la comparación, la dependencia y el ruido mental. No todo lo que vemos es real, aunque nuestro pensamiento lo asuma como tal. El verdadero reto no es desconectarnos, sino aprender a usarlas con conciencia para que sumen a nuestro bienestar y no lo deterioren.

ATISBOS DE CONCIENCIA

CUIDADO DIGITAL Y BIENESTAR MENTAL

CUIDADO DIGITAL Y BIENESTAR MENTAL

¿Te has dado cuenta de que cuando estás en silencio, solamente contigo mismo, extiendes tu mano para buscar un dispositivo que te conecte con algo y te distraiga de ti mismo? ¿Te has dado cuenta que ese silencio y esa conexión contigo te resulta más abrumante que lo que sea que encuentres en tu dispositivo?

Hace 50 años nadie se hubiera imaginado cómo estaría la vida que vivimos hoy. La tecnología ha favorecido el desarrollo y hoy estamos más conectados con el mundo, hoy podemos tener información al instante de todo lo que sucede y también de lo que necesitamos, así como también hoy es posible vivir con mayores comodidades que antes. Así que pudiera decirse que la tecnología sí ha representado un avance para la vida. Entonces ¿qué es lo que sucede que al mismo tiempo las personas parecemos más estresadas o menos felices? ¿Es pues la tecnología un recurso o un obstáculo para el bienestar?

Es extremadamente frecuente encontrar personas que manifiestan una sensación de vacío, que carecen de un significado de vida y que no encuentran algo que les represente una razón suficiente para disfrutarla. La irrupción de los medios digitales ha traído no solamente una variedad de formas para explorar el mundo y acercarnos a él, sino también diversas oportunidades de relacionarnos con otros y conectar en esta nueva modalidad que es la conexión digital. Las redes sociales se han convertido hoy por hoy en uno de los mayores atractivos para invertir el tiempo de la mayoría de consumidores de contenido digital. Y ¿qué es lo que consumen? Versiones de la vida de otras personas que provocan que quienes las ven las comparen con sus propias vidas y el resultado sea desfavorable, añorando cambiar y encontrando grandes dificultades para lograrlo.

Por otro lado, este consumo se realiza como un pasatiempo y que poco a poco se convierte en una actividad sin sentido que sólo nos aleja de nosotros mismos. El tiempo dedicado a ello nos distrae e impide que nos conectemos con lo que tenemos, con lo que somos; la comparación y la añoranza aparecen y con ello la insatisfacción. Y aún más, el consumo de contenido digital caracterizado por tener una duración breve con mensajes contundentes y que son considerados de fuentes confiables, son tan diversos y tan variados que llegan a confundir en temas fundamentales de vida como son nuestros sistemas de creencias, nuestro estilo de vida y la propia identidad. Es así que estas dudas, confusión y la comparación inevitable van conduciendo a un sinsentido, e incluso llegar a la depresión y a la sensación de vacío, sin mencionar la ansiedad que genera la necesidad de seguir consumiendo.

Los hábitos que favorecen el bienestar emocional y mental son aquellos que nos permiten conectarnos con nosotros mismos. Todo eso que nos aleja de nosotros tarde o temprano nos presentará algún síntoma, como el vacío, la ansiedad y la depresión. Es necesario cultivar el silencio interior, la contemplación, la introspección y el encuentro personal con el otro de manera real, no virtual. Convertirnos en nuestro propio proyecto personal debería ser una tarea prioritaria en la que logremos confiar en nuestras decisiones, sin dudas, y sin compararnos con esas fachadas de realidad que en ocasiones nos muestra el contenido digital. Y es indispensable cultivar la capacidad de discernimiento para saber elegir los contenidos digitales que consumimos.

En pocas palabras, Norma opina que:

La salud mental requiere del desarrollo de hábitos que nos permiten conectarnos con nosotros mismos.

CREER PARA VER

¿BENDITAS REDES SOCIALES?

¿BENDITAS REDES SOCIALES?

Últimamente he estado reflexionando mucho sobre el papel que juegan las redes sociales en nuestra vida emocional. Sobre cómo, sin darnos cuenta, pueden convertirse en un espacio que amplifica pensamientos, emociones y preocupaciones. A veces basta con una información que circula sin un sustento claro para detonar una dinámica difícil de soltar: revisar el celular, actualizar, volver a revisar… como si algo nuevo estuviera siempre por aparecer.

Lo más inquietante no es sólo la información en sí, sino ver cómo muchas personas la toman como una verdad absoluta. Cómo una narrativa, una vez publicada, empieza a caminar solita, a replicarse, a crecer, sin que siempre exista el espacio para cuestionarla o contrastarla. Ahí es donde uno se da cuenta del enorme peso que tiene hoy el abrir ese “micrófono” digital.

Me puse a pensar en lo que eso genera internamente y entendí algo muy importante: muchas veces no es miedo, es ansiedad; esa que se va metiendo poco a poquito cuando conviertes al celular en un radar constante: revisar, actualizar, volver a revisar. Esto es algo que, al menos a mí, me cuesta mucho trabajo soltar; creer que al estar pendiente te da control, cuando en realidad lo único que hace es quitártelo, al quitarte la paz.

Con esto caí en cuenta de algo súper importante: las redes sociales sin duda son una herramienta poderosísima. Pueden informar, conectar, visibilizar causas, unir personas. Pero también pueden confundir, dañar y generar angustia cuando lo que se comparte no está completamente verificado, sobre todo cuando lo que está en juego es la estabilidad y el bienestar de muchas personas.

Detrás de un mensaje, y frente al mismo, hay personas reales; emociones, miedos y responsabilidades que no siempre se ven desde afuera. Por eso, la manera en la que se comunica importa tanto como el contenido mismo.

Escribo esto desde la reflexión: hoy cualquiera puede tener ese “micrófono digital” en la mano: un teléfono, una cuenta, una audiencia; y eso conlleva una responsabilidad enorme tanto por lo que se dice como por el impacto que puede tener del otro lado de la línea.

Este ejercicio también me ha llevado a observarme a mí mismo; a reconocer que, aunque no puedo controlar lo que otros publican, sí puedo elegir cómo me relaciono con eso; a aprender a poner límites; a hacer cada día un mayor esfuerzo para no vivir pegado a esa pantalla en la palma de mi mano.

Con el tiempo he ido poniendo pequeños candados: limitar el tiempo en redes (en las opciones de tu celular puedes establecer un número de horas diarias por aplicación y, al llegar al límite, se bloquean). No ha sido fácil. Mi trabajo vive en gran parte ahí. Pero la salud mental, sin duda, siempre necesita su espacio.

Las redes no son el problema. El problema es cuando dejamos de usarlas con criterio, cuando no cuestionamos lo que leemos y cuando permitimos que definan nuestro estado emocional, nuestro día o nuestra paz. Usarlas con conciencia es un acto de cuidado personal, pero también de respeto hacia los demás.

Ojalá esto que escribo sirva para detenernos un momento antes de publicar, compartir o consumir información; para recordar que las palabras pesan, que los mensajes llegan y que del otro lado siempre hay alguien sintiendo.

Gracias por estar aquí. Te abrazo.

En pocas palabras, Kush opina que:

El verdadero poder de las redes está en cómo se usan. Comunicar con responsabilidad, verificar y pensar en el impacto humano detrás de cada mensaje es una forma de cuidar a los demás y también de cuidarnos a nosotros mismos.

ATREVERSE A IMAGINAR Y APRENDER

DE CONSUMIDORES A CREADORES

DE CONSUMIDORES A CREADORES

Vivimos en una época donde casi todo está diseñado para que miremos, deslicemos, reaccionemos. Consumimos noticias, opiniones, imágenes, vidas ajenas. Y aunque a veces creemos que sólo estamos “descansando”, nuestro mundo interno se va llenando de estímulos que no siempre elegimos con conciencia.

Así como con la alimentación, no todo lo que consumimos nos nutre. Hay contenidos que informan, que amplían, que despiertan preguntas; y hay otros que sólo nos distraen, nos saturan o nos desconectan de la realidad que estamos viviendo. No es que sean “malos”, pero cuando se vuelven la base de nuestra dieta digital, algo empieza a desequilibrarse.

Escuché hace poco una idea que me hizo mucho sentido: el bienestar digital no empieza cuando dejamos de consumir, sino cuando recordamos que también podemos producir. Producir pensamiento, palabras, preguntas, sentido. No necesariamente contenido para redes, sino algo más íntimo y poderoso: expresión.

El consumo constante nos deja en una posición pasiva. Recibimos, comparamos, absorbemos. Y cuando pasamos demasiado tiempo ahí, la mente se satura, las emociones se confunden y el cuerpo se cansa. No porque la tecnología sea mala, sino porque nuestra atención, como nuestra energía, está siempre hacia afuera.

Producir, en cambio, nos devuelve al centro. Escribir una idea, mandar un mensaje honesto, grabar una nota de voz para nosotros mismos, crear algo, aunque nadie lo vea, ordena el mundo interno. Es como cambiar la dieta: dejar de alimentarnos sólo de estímulos externos y empezar a nutrirnos de lo que nace adentro. Nos saca del rol de espectadores y nos devuelve la sensación de agencia: yo también tengo algo qué decir.

He notado que los días en los que sólo consumo contenido termino más dispersa, más inquieta. Y los días en los que produzco, aunque sea una página escrita, una reflexión, una decisión clara, me siento más entera. No es magia. Es dirección. La energía deja de entrar sin filtro y empieza a salir con sentido.

Cuidar el bienestar mental en la era digital no es demonizar las redes ni desconectarnos del mundo. Es aprender a equilibrar la balanza. Así como cuidamos qué comemos, vale la pena preguntarnos qué dejamos entrar a nuestra mente y cuánto espacio le damos a lo que sí nos nutre. Si todo el día entra información, emociones y urgencias ajenas, ¿dónde sale lo que yo pienso, siento, necesito?

Tal vez el gesto más simple de cuidado digital no sea apagar el celular, sino hacer una pausa y preguntarnos: ¿qué tipo de dieta estoy teniendo hoy? ¿Solo consumo o también creo? ¿Qué voy a producir hoy: una idea, una conversación, una pregunta, una decisión, un límite?

Porque cuando producimos, dejamos de compararnos. Dejamos de medirnos. Dejamos de reaccionar. Y empezamos a habitar nuestra propia voz, incluso en medio del ruido.

Y si tuviera que dejarte con una sola idea sería esta: el equilibrio digital no se logra sólo consumiendo mejor, sino recordando que no vinimos únicamente a mirar el mundo, sino también a nutrirlo con quienes somos.

En pocas palabras, Andrea opina que:

El bienestar digital no empieza cuando dejamos de consumir, sino cuando recordamos que también podemos producir. Producir pensamiento, palabras, preguntas, sentido. No necesariamente contenido para redes, sino algo más íntimo y poderoso: expresión.

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