ATISBOS DE CONCIENCIA
UN TRAUMA PUEDE SANARSE, AUNQUE QUEDE CICATRIZ
¿Te pasa que algunas veces reaccionas de forma desproporcionada ante una situación? Por ejemplo, ¿te das cuenta de que no toleras y reaccionas mal (recuerda, de manera desproporcionada) cuando alguien llora o te asusta sobremanera cuando un perro se te acerca o ladra, o te intimida cuando estás con alguien muy molesto o iracundo, o cualquier otra situación? Es importante saber que este tipo de reacciones tienen su explicación en eventos que vivimos en períodos sensibles de nuestro desarrollo y que se quedaron almacenados en nuestro cerebro en calidad de trauma. Y nuestras reacciones provienen del estrés que se genera al recibir un estímulo que activa un recuerdo inconsciente. A eso se le llama precisamente estrés postraumático.
A veces hablamos de sucesos traumáticos como si los sucesos en sí mismos fueran el trauma. Pero como lo expresa Gabor Maté, y yo coincido con él, un trauma no es lo que sucede, sino lo que pasa dentro de la persona ante lo que sucede. Y aún más, en la mayoría de los casos el trauma es por lo que NO sucede: el consuelo y la contención que necesitamos en ese momento, la ausencia de un espacio seguro para expresar el dolor, el miedo o la rabia o el amor que no sentimos y que sí necesitamos.
Tampoco podemos decir que todos los traumas se han instalado solamente en la infancia, que es el período más sensible del desarrollo, ya que una persona puede vivir una experiencia en su vida adulta, como haber tenido un accidente automovilístico en el que, además, falleció una persona cercana, y eso le haya ocasionado un trauma. Y tampoco podemos hacer una lista para nombrar los traumas, porque cualquier situación que nos ocurra puede quedarse en calidad de trauma, o no. Y es que, recordemos, no es lo que nos pasa, sino lo que no nos pasó y lo que experimentamos internamente. Influyen muchos factores.
¿Es posible sanar un trauma? Sí, sí es posible ¿Cómo se sana un trauma? Lo más importante es comenzar con identificar lo que hemos desarrollado como un mecanismo para protegernos. ¿Nos hemos adormecido emocionalmente, aparentando estar bien por fuera, pero destrozados por dentro? ¿O nos hemos cubierto con una coraza por miedo a ser vulnerables? O quizás un trauma infantil nos impulsó a dejar de ser niños demasiado pronto, o bien, a buscar la perfección porque cometer errores era demasiado peligroso. O, en muchos casos, traumas infantiles ocasionan que interioricemos creencias tan limitantes como “no soy suficientemente bueno”, o “no soy merecedor”, o “no soy capaz”. Dependiendo de la situación vivida, nuestras reacciones son diversas, pero para sanar el trauma es fundamental explorar dichos mecanismos.
¿Importa sanar los traumas infantiles? ¿Qué caso tiene si lo que los provocó son cosas que ya pasaron? Importa, y mucho. Porque esos mecanismos que desarrollamos realmente están dando forma a nuestras vidas y están impactando en nuestras decisiones y en nuestra plenitud. Por ejemplo, si nos hemos acorazado para no sentir, si nos hemos desconectado del dolor, nos desconectamos también de la alegría, del amor y del sentimiento de realización.
En realidad, sanar un trauma puede lograrse a través de diversas formas, la mayoría de las veces con el acompañamiento de un profesional. Esto no significa que se olvidará; podrá recordarse. Y la sanación dejará una cicatriz que, cuando la veamos, nos recordará de dónde proviene, pero que ya no dolerá como una herida abierta ni nos impedirá vivir una vida más plena y más feliz.
En pocas palabras, Norma opina que: