atisbos de conciencia

UN CAMINO A LA LIBERTAD Y LA PAZ INTERIOR

UN CAMINO A LA LIBERTAD Y LA PAZ INTERIOR

Está bien estar enojados, o sentirnos dolidos, decepcionados o traicionados; sin embargo, no es sano permanecer resentidos. Desde que fuimos niños aprendimos a manejar de cierta manera los sentimientos y quizás tuvimos ejemplos de cómo reprimirlos hasta convertirlos en resentimientos. Pero ahora que hemos crecido, podemos ponernos en contacto con nuestros sentimientos, sentirlos, expresarlos y liberarlos.

Los sentimientos no tienen moralidad: no son buenos ni malos, únicamente nuestra conducta es sujeta a juicio. Si no los sentimos hoy, los perpetuamos y necesitaremos enfrentarlos mañana. A esto se le llama resentimiento: volver a sentir, seguir sintiendo.

En ocasiones, hemos vivido una experiencia con otra persona y nos hemos sentido víctimas; o cometemos errores de los que después nos arrepentimos, y terminamos aferrados a ese pasado. Lo hemos hecho a través de la ira, del dolor, o de la culpa y la nostalgia, y eso se prolonga hasta convertirse en resentimiento, ya sea hacia otros o hacia nosotros mismos. Todo esto ha sido un desperdicio de valiosa energía.

Y sucede que vivimos en el pasado, en ocasiones recordando el daño que otros nos hicieron, o bien, sintiendo culpa y lamentándonos de nuestros errores. Pero llega un momento en la vida en que el alma nos pide una tregua, porque ha comprendido que no puede seguir avanzando con el peso de lo que ya no le pertenece, para liberarnos, no para justificar el daño que otros nos hayan causado, sino liberarnos del vínculo emocional con el que estamos atados al pasado.

Cerrar un ciclo no significa olvidar o alejarse, significa reconciliarnos y perdonar lo que dolió y soltar lo que ya no vibra con nosotros.

Conviene cambiar nuestro diálogo interno y el cuento que nos hemos contado, comenzar a hacernos preguntas más constructivas: en lugar de “¿por qué me lo hicieron?”, cambiarlo a “¿qué aprendí de esto?”. El perdón florece cuando decidimos y podemos decirnos: “ya no necesito cargarlo más”. Así, recuperamos nuestra energía, nuestra voz y nuestro poder interior. Cerrar ciclos es un acto espiritual de amor propio. Es mirar atrás sin resentimiento y reconocer que incluso cada persona, cada pérdida, cada error, fue un maestro disfrazado.

Un cierre de ciclos no necesita palabras, ni disculpas o explicaciones. A veces basta con un suspiro, cuando entendemos que el pasado no necesita reparación, sólo comprensión. Entonces, el corazón se abre a nuevos comienzos y la vida, con su infinita sabiduría, nos recompensa con paz.

En pocas palabras, Norma opina que:

Perdonar no es un acto de absolución al otro, sino de reconciliación con nuestro pasado, un encuentro espiritual para soltar y elegir la paz sobre el orgullo, y la libertad interior sobre el resentimiento que nos ata al pasado.

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