ATISBOS DE CONCIENCIA
SIN CONFUNDIR, AUTOCOMPASIÓN NO ES LÁSTIMA DE UNO MISMO
“No sé por qué actué así, me arrepiento de haberlo hecho”, “Me pesa haber tomado esa decisión; me merezco esto que me está pasando”.
Es fácil juzgarnos y ser negativos por nuestros errores pasados. Pero aquí es mucho más sano que nos veamos a nosotros mismos y a nuestro pasado con mayor comprensión; es decir, podemos tener compasión por nosotros mismos, para ello necesitamos desarrollar la capacidad de ser compasivos: primero, con uno mismo, y en seguida lograremos serlo también con los demás. Esta capacidad es un gran recurso para salir de sentimientos dañinos como la culpa o la vergüenza, que sólo deterioran nuestra autoestima.
Es importante establecer que sentir compasión no tiene que ver con sentir lástima: no hay que confundir. La lástima no ayuda a nadie, lo victimiza; y sentir lástima por nosotros mismos nos lleva a esa victimización disminuyendo nuestro poder, nos quita dignidad.
Si nos hemos dado cuenta de que en el pasado cometimos algún error, o no actuamos con madurez emocional, podemos reconocerlo y, de ser posible, en su caso, reparar algún daño. Así también podemos reconocer que esas acciones y decisiones las tomamos en otro momento, bajo otras circunstancias, en las cuales no teníamos el crecimiento y la experiencia que nos van brindando los recursos necesarios para vivir y adquirir mejores formas de dar amor. Cualquier relación personal o laboral que hayamos tenido nos enseñó lecciones que eran necesarias para nuestra vida, y que ahora nos han brindado un mayor conocimiento que hoy podemos aplicar en nuestra actualidad. Antes no sabíamos realmente qué queríamos, o qué necesitábamos. Hoy podemos saberlo mejor.
Tener autocompasión es reconocer que nuestros errores eran necesarios para prepararnos para vivir lo que sigue, que nuestros fracasos también nos ayudaron a aprender y crecer, y que en cada paso que dimos estábamos avanzando en el camino que nos llevaría a donde estamos hoy. La autocompasión nos ayuda a descubrir lo que aprendimos, en lugar de quedarnos atascados en la culpa o la vergüenza. En ocasiones nos cuesta trabajo reconocer que pasamos exactamente por las experiencias que necesitábamos para convertirnos en lo que somos hoy. No tenemos que exigirnos perfección, no tenemos que tener lástima por nosotros mismos, sólo tenemos que comprendernos y seguir adelante, sin darnos palmaditas que nos dejen estancados sin avanzar.
La autocompasión nos ayuda también a saber que está bien sentirnos como nos sentimos, que está bien tener problemas, cometer errores y tener dudas sobre lo que queremos, confiando en que podemos resolverlo y tomar acciones para ello. La lástima nos arroja al pantano del victimismo y nos limita para actuar. Las víctimas no actúan, esperan a ser rescatadas. En cambio cuando podemos ser compasivos con nosotros mismos, sin juzgarnos ni criticarnos, tenemos la certeza de que podemos hacerlo diferente, de que nuestros errores pueden ser corregidos y que, finalmente, podemos seguir siendo valiosos.
En pocas palabras, Norma opina que: