ATISBOS DE CONCIENCIA

Serenidad

Serenidad

Cuando escucho la palabra serenidad no puedo dejar de sentir anhelo de ella. Sin duda, en un estado de serenidad se toman decisiones más certeras, se generan las mejores ideas, se incrementa la creatividad, se resuelven conflictos de formas más eficaces, se establecen mejores vínculos, podemos vivir la vida de manera aterrizada y confiar, además de muchos otros beneficios. Pero ¿cómo logramos ese estado de serenidad?

¿Qué es la serenidad?

La mayoría de los estados emocionales se alcanzan a través de un proceso, y no es algo que sólo ocurre: nosotros participamos, consciente o inconscientemente. En el caso de la serenidad, se requiere de nuestra voluntad para llevar a cabo ciertas prácticas o el uso de algunos recursos que logran equilibrar nuestro mundo físico, mental y emocional. Porque la serenidad es justamente ese estado en el que vivimos en equilibrio aunque no necesariamente carecemos de emociones que nos perturben, pero tenemos la capacidad de manejarlas y volver a regularnos.

Recuerdo la “Oración de la Serenidad”, conocida mayormente por ser la oración de los grupos de autoayuda como Alcohólicos Anónimos, y que inicia así: “Señor, concédeme Serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar…” Justo aquí creo que radica la clave para alcanzar ese estado, cuando entramos en ese proceso personal de vivir en el presente, aceptando las cosas como son, sin que eso signifique que no podamos hacer los cambios necesarios para mejorarlo. Sin embargo, no creo que baste pedir serenidad como en la oración, sino que hay que trabajar para alcanzarla. ¿Cómo? Hay estrategias y recursos de los que podemos echar mano.

Ya que la serenidad está desprovista de miedos, ansiedad e inseguridad, se requiere de atender estas emociones para transformarlas en confianza y sentirnos en paz con la vida y con nuestras circunstancias. Y considerando que esas emociones que nos perturban generan en nosotros cortisol, la hormona del estrés, es muy útil tener prácticas que, como lo he mencionado anteriormente, antagonicen al cortisol. La meditación y el poder del aquí y el ahora es una de las mejores estrategias, así como también el ejercicio físico.

Y ni qué decir de cultivar el entusiasmo, fortalecer las relaciones, los vínculos interpersonales y aprender a manejar el estrés. Y si nos damos cuenta, todo nos lleva a lo mismo: el trabajo personal y una vida consciente.

En pocas palabras, Norma opina que:

La serenidad es un proceso personal que requiere de nuestra participación. No es algo que ocurra de manera espontánea

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