Creer para ver
SENTIRLO TODO NO ES LO MISMO QUE SABER SENTIRLO
En mi experiencia de más de 20 años en el ámbito de la creatividad y el diseño, me ha tocado conocer y trabajar con todo tipo de perfiles. Desde perfiles muy apasionados que lo sienten todo y lo expresan al mil por ciento hasta otros más introvertidos pero igual de sensibles, que pueden guardarse muchos sentimientos y no lograr gestionarlos. Y si hay algo que he notado a lo largo de este tiempo, es que la mayoría de nosotros (los creativos) sentimos muuucho... pero no siempre sabemos qué hacer con todo eso que sentimos.
Esa sensibilidad nos sirve para crear ideas, conceptos, campañas, logotipos, ilustraciones, lo que sea. Pero la cosa se complica cuando nos toca recibir una crítica, apurarnos con los tiempos, o simplemente cuando estamos cargando algo personal y no nos gusta cómo nos habló el compañero y todo se nos destantea. A veces, un mal momento puede echar abajo el día completo.
Personalmente me tomó muchos años entender que la sensibilidad no es sinónimo de inteligencia emocional. Sentirlo todo no significa que estés gestionando bien esas emociones. A veces es necesario, es lo que a mí me conecta para sentirme más vivo, pero sé que si no aprendo a manejar lo que siento, siempre terminaré agotado o inclusive hasta enojado.
Platicando sobre este tema con uno de los diseñadores, hace tiempo, me contó que estaba leyendo un libro de Daniel Goleman que se llama La inteligencia emocional. Por qué es más importante que el cociente intelectual. Me decía que para él era difícil no engancharse con sus tareas en la agencia y las relaciones con los demás colaboradores, pero que, sin duda, en cualquier equipo creativo, deberíamos trabajar esta parte si queríamos que la comunicación realmente fluyera sin problemas.
En este libro, Goleman habla de cinco pilares: autoconciencia, autorregulación, motivación, empatía y habilidades sociales. Cada uno de ellos es clave cuando estás metido en procesos creativos donde el ego, el caos y la sensibilidad conviven todo el día. Porque sí, tener buenas ideas importa. Pero saber trabajar con otros, sostenerte emocionalmente cuando el proyecto no camina, aprender a recibir un “no” sin desanimarte, o saber cuándo parar para no descontrolarte... eso también es parte del trabajo, y un trabajo nada fácil, pero que, como todo, con constancia y actitud, se puede lograr.
Las emociones son datos, no instrucciones. Si nos creemos todo lo que sentimos al pie de la letra, perdemos perspectiva. Pero si usamos eso que sentimos como información, como un dato que nos ayuda a entendernos mejor, es justo ahí en ese punto donde podemos crecer.
Te comparto algunos de los tips que yo utilizo para cultivar esta inteligencia emocional:
- Busco ponerle nombre a lo que siento antes de actuar.
- Sé que debo aprender a escuchar más y reaccionar menos.
- Ser más empático con mi equipo, pero también conmigo mismo.
- No tomarme todo tan personal.
Y ya para cerrar, sé que todos son ejemplos enfocados en el mundo creativo, pero la verdad es que esto aplica para cualquier persona. Solo que, como ya me conoces, mi forma de escribir por acá siempre parte de mis vivencias personales.
De nuevo, ¡Gracias por estar aquí! ¡Te abrazo!
En pocas palabras, Kush opina que: