ATREVERSE A IMAGINAR Y APRENDER

SENTIR NO ES FALLAR: OTRA MIRADA A LAS EMOCIONES Y SU REGULACIÓN

SENTIR NO ES FALLAR: OTRA MIRADA A LAS EMOCIONES Y SU REGULACIÓN

Nos han enseñado que las emociones son algo que hay que “manejar”, que si estamos tristes tenemos que “salir de ahí rápido”, que si sentimos ansiedad el problema es nuestro. Pero… ¿y si el problema no es sentir, sino todo lo que nos dijeron que deberíamos sentir en lugar de lo que realmente sentimos?

La regulación emocional no se trata sólo de respirar hondo o hacer una pausa. A veces, lo más regulador es mandar un mensaje incómodo, cancelar una cita que no queremos tener, dejar de fingir que estamos bien o incluso llorar con coraje por lo que no sabemos cómo poner en palabras. Regular no es neutralizar. Regular es saber elegir lo que necesito sin perderme de mí.

Vivimos en una cultura que premia el control emocional, pero muy pocas veces enseña a legitimar la emoción que está detrás. La ansiedad, por ejemplo, no siempre es algo que se tiene que eliminar: muchas veces es la forma que tiene nuestro cuerpo de avisarnos que estamos en un lugar que ya no nos corresponde, que hemos estirado demasiado los límites o que estamos acumulando silencios incómodos. Y la depresión no es siempre debilidad. A veces es agotamiento emocional acumulado. A veces es un sistema que se detuvo y ya no funciona porque la exigencia ya era inhumana.

Una estrategia emocional poderosa, aunque poco hablada, es preguntarnos ¿qué parte de mí estoy obligando a callarse todos los días?, y, desde ahí, comenzar a dar lugar. No es lo mismo calmarme para seguir funcionando, que calmarme para escucharme mejor. Lo primero me mantiene en automático. Lo segundo me transforma.

No venimos a ser expertos en emociones ni a “hacerlo bien todo el tiempo”; venimos a sentir sin culpa, a equivocarnos con compasión, a darnos espacio incluso cuando no sabemos exactamente qué nos pasa; porque, al final, regular no es contenernos: es sostenernos. No se trata de ser invencibles, sino de conocernos mejor; de construir un espacio dentro de nosotros donde no tengamos que escondernos, ni justificar lo que sentimos, ni pedir perdón por estar tristes, sensibles o cansados.

Sentir es parte del viaje, no una interrupción; y regular no es silenciar lo que duele, sino acompañarlo con dignidad. Es recordarnos, incluso en los días más torpes, que merecemos estar completos, no perfectos; y que si hay alguna brújula confiable no está en el “deber ser”, sino en esa voz interna que a veces susurra bajito, pero sabe exactamente lo que necesitamos: un poco de ternura, un poco de verdad, y el valor de no abandonarnos, aunque sea lo más fácil.

En pocas palabras, Andrea opina que:

Una estrategia emocional poderosa, aunque poco hablada, es preguntarnos ¿qué parte de mí estoy obligando a callarse todos los días?, y, desde ahí, comenzar a dar lugar. No es lo mismo calmarme para seguir funcionando, que calmarme para escucharme mejor. Lo primero me mantiene en automático. Lo segundo me transforma.

¡MENSAJE ENVIADO!

Tu mensaje ha sido enviado correctamente, en caso de ser mecesario nos pondremos en contacto contigo, ¡hasta pronto!

Imagen del popup
>