Atisbos de Conciencia
SEAMOS PACIENTES ANTE LOS RITMOS DE LA VIDA
A veces, para lograr algo, tenemos que esperar; no podemos pensar que por quererlo vamos a obtenerlo enseguida; no siempre lograremos tener lo que queremos en el momento preciso de desearlo. Esperar puede ser algo sumamente poderoso: queremos lograr las cosas hoy y podemos frustrarnos y abandonar el esfuerzo por no hacerlo pronto, pero si esperamos y seguimos con la mente puesta ahí, las probabilidades de conseguirlo serán mucho mayores. Sin duda, algunos factores que influyen en el logro de objetivos son el esfuerzo que pongamos, un arduo trabajo, tener el fin en mente o invertir mucho dinero en ello; pero olvidamos un factor clave y poderoso: el tiempo.
Varios ejemplos de la historia dan cuenta de cómo se han logrado grandes cosas cuando se le ha dado tiempo al proceso, cuando la paciencia ha prevalecido. Uno de ellos es el de Nelson Mandela, quien logró la democracia en Sudáfrica después de 27 años en prisión y manteniéndose en su propósito, adaptándose a las circunstancias y sosteniendo su objetivo. Porque la paciencia no tiene nada más que ver con esperar el tiempo necesario, sino con no abandonar el propósito.
Un ejemplo que también ilustra lo que la paciencia y el tiempo pueden lograr, es el del bambú japonés, que tarda años en alcanzar su gran altura, a pesar de que, en el inicio, después de sembrar la semilla no sucede gran cosa. No se ven los resultados, pero eso no significa que no esté llevándose a cabo el proceso de desarrollo de la planta.
Y este ejemplo del bambú puede también dar pie a reflexionar en el proceso del desarrollo humano: cuando somos niños, es largo el tiempo requerido para madurar; pero la mayoría de los padres quieren ver resultados inmediatos, como que sean autorregulados para ciertos hábitos como lavarse los dientes, bañarse y vestirse solos, entre otras tantas conductas que desean inculcarles; pero todo ello no lo veremos en ciertas etapas como son la niñez y la adolescencia, se mostrarán más adelante. Si se sembró la semilla, habrá que confiar en el proceso, sin dejar de esforzarse en continuar recordando. Sólo confiando, con paciencia.
¿Cuál sería una fórmula para aprender a tener paciencia?, ¿cómo podemos practicarla? El ingrediente fundamental es la confianza. No mucha gente sabe esperar, o disfruta de esperar, lo cual no ayuda a desarrollar la paciencia. Y esperar es una herramienta poderosa para conseguir lo que queremos, el entender que en ocasiones hay ciertas cosas que no podemos tener hoy, pero sí en el futuro. Confiar es saber que el tiempo de espera no es tiempo desperdiciado; es sólo un tiempo en el que se está preparando lo que buscamos. Y cuando la impaciencia nos llegue, es bueno practicar la aceptación y, ¿por qué no?, la gratitud también, ya que si permitimos que nos domine, provocamos una interrupción en el ritmo natural de la vida.
En pocas palabras, Norma opina que: