CREER PARA VER

SANANDO A MI NIÑO INTERIOR

SANANDO A MI NIÑO INTERIOR

Hace unos años tuve una sesión de terapia muy fuerte de la mano de Norma, mi terapeuta. No fue una sesión cualquiera de conversación. Esta vez fue una especie de meditación guiada bien profunda, lo que en psicología se conoce como un ejercicio de visualización terapéutica o regresión ligera. No estás del todo dormido, ni hipnotizado como tal, simplemente entras en un estado de relajación consciente que logras observarte con una claridad impresionante.

Durante la sesión, Norma me fue guiando con su voz hacia distintos momentos de mi infancia. Poco a poco aparecieron imágenes de ese niño que fui: curioso, sensible, con ganas de entender el mundo que me rodeaba, pero también con muchos miedos y heridas que se habían escondido por muchos años. No entraré en los detalles, porque creo que cada quien tiene su propia historia que sanar, pero sí puedo compartirte que fue uno de los ejercicios más reveladores que me ha tocado vivir o experimentar.

A través de la respiración y la visualización, logré conectar con ese niño y, por primera vez, pedirme perdón a mí mismo. No por haber hecho algo mal, sino por haber cargado durante tanto tiempo con ciertas culpas, exigencias o silencios que no me correspondían. Lloré muchísimo. Pero de ese llanto que sientes cómo te limpia, el que saca lo que pesa y deja espacio para nuevos pensamientos.

Ese día entendí que sanar no es olvidar aquello que me dolió, sino abrazarlo desde otro lugar, con otra intención. El perdón no siempre debe ser hacia afuera; muchas veces empieza con uno mismo. Con soltar esa manera tan dura con la que nos juzgamos, con dejar de hablarnos de maneras que no nos traen nada bueno a nuestras vidas.

Si tuviera que compartirte una herramienta para el perdón y cierre de ciclos sin duda te recomiendo esta terapia de regresión, pero hay otro tip que quiero recomendarte. Desde aquella fecha, comencé con un ritual que me nació gracias a ese día de terapia. Busqué en el álbum familiar una foto mía de chico, una con cual sintiera una conexión especial por cómo salía en la imagen y lo que me provocaba al verla (Un sentimiento de paz y alegría), soy yo, de unos siete años de edad, sonriendo, con una gorra de Frutico (La empresa de mi Papá) y la mantengo en el escritorio de mi oficina, a un lado de mi computadora; todas las mañanas la veo, sonrío y le digo un par de líneas entre las que incluyo: “te perdono, me perdono”, y no lo hago de manera triste, es en un tono alegre, el verme en esos ojos me llena de energía para iniciar mi día.

Pero también trato de recordar a ese niño cuando me siento frustrado, enojado o triste. Y hacerme la pregunta: ¿Qué necesitaría escuchar hoy? Y casi siempre la respuesta es la misma: “estamos bien, no pasa nada, no tienes que saberlo todo, sigamos caminando”.

Quiero agradecer a Norma y a esa sesión, porque me ayudó a recordar que todos llevamos a ese niño que necesita ser visto, escuchado y, sobre todo, comprendido. Y que cada vez que lo hacemos, cerramos un ciclo; uno de ésos que ni siquiera sabías que seguía abierto.

Gracias por estar aquí. Te abrazo.

En pocas palabras, Kush opina que:

A veces el perdón inicia con uno mismo. La terapia de regresión y escucha del niño interior es una forma de verte de verdad, sin máscaras ni juicios. Porque solo cuando reconoces tus heridas sin miedo, puedes transformarlas en sabiduría y seguir creciendo en paz.

¡MENSAJE ENVIADO!

Tu mensaje ha sido enviado correctamente, en caso de ser mecesario nos pondremos en contacto contigo, ¡hasta pronto!

Imagen del popup
>