CREER PARA VER

RESPIRA Y CUENTA HASTA DIEZ

Como buen publicista, hoy quiero compartirte una de esas campañas que, en mi opinión, marcaron a toda una generación. Eran los años noventa… ¡qué viejo me siento empezando así! Jajaja. Pero bueno, aquí va. En esa época, una reconocida televisora lanzó una serie de anuncios con un mensaje muy sencillo: antes de reaccionar, antes de gritar, antes de perder el control… respira y cuenta hasta diez.

Los anuncios siempre seguían la misma estructura. Un papá descubría que su hijo había sacado seis de calificación y estaba a punto de golpearlo. Una mamá explotaba porque su hija había olvidado comprar el pan y la leche. Unos padres estaban listos para humillar a su hijo frente a sus amigos por llegar tarde a su casa. Justo antes de que todo se saliera de control, la escena se congelaba y aparecía una voz que decía: “Deténgase. No lo haga.” Después venía la invitación a respirar profundo, contar hasta diez y tranquilizarse.

Y si analizamos bien toda la situación, esos diez segundos realmente no cambiaban el problema. El seis en las calificaciones seguía siendo un seis. El pan y la leche seguían sin aparecer. El hijo había llegado tarde. Pero lo que sí cambiaba era la manera en la que se enfrentaba ese problema.

Y creo que detrás de esto hay una muy buena enseñanza acerca de la paciencia.

Muchas veces creemos que ser pacientes significa esperar a que las cosas mejoren, cuando en realidad la paciencia sirve para que quienes mejoremos seamos nosotros. Porque casi nunca reaccionamos frente a la realidad; reaccionamos frente a la emoción que esa realidad desencadena en nosotros. Y una emoción, por intensa que parezca, casi siempre dura mucho menos de lo que creemos, si le damos oportunidad de pasar.

Con los años he descubierto que los niños son probablemente los mejores maestros para aprender esta virtud. Te ponen a prueba todos los días. Cuando son pequeños, porque preguntan lo mismo veinte veces, porque tiran el vaso de leche justo cuando vas de salida o porque parecen escoger el peor momento para hacer un berrinche. Y cuando crecen, las pruebas simplemente cambian de forma. Pero el aprendizaje sigue siendo el mismo.

La paciencia no consiste en que las personas o los problemas cambien. Consiste en que nosotros aprendamos a responder mejor ante ellos.

Respirar y contar hasta diez jamás resolverá un problema por sí solo. Pero puede evitar que, por querer resolver un problema de un minuto, terminemos creando una herida que dure toda la vida. Hay palabras que se olvidan y hay palabras que acompañan a una persona durante décadas. Lo mismo sucede con un grito, con una humillación o con una reacción impulsiva.

Y hoy, mientras escribía este artículo, me di cuenta de que esos anuncios nunca hablaban realmente de contar hasta diez. Hablaban de regalarnos diez segundos para sacar la mejor versión de nosotros mismos.

Me quedo con la enseñanza de practicar esto más seguido porque, la verdad, tiendo a desesperarme. Vale la pena regalarnos esos diez segundos con nuestros hijos, con nuestra pareja, con nuestros papás, con nuestros colaboradores y, sobre todo, con nosotros mismos.

Porque hay conversaciones que pueden cambiar una vida cuando, antes de responder, simplemente respiramos.

En pocas palabras, Kush opina que:

La paciencia no cambia los problemas, cambia la manera en la que decidimos enfrentarlos. A veces, diez segundos de calma pueden evitar heridas que diez años no alcanzan a sanar.

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