ATISBOS DE CONSCIENCIA
RESILIENCIA Y ADAPTABILIDAD
No hay obstáculo que no pueda ser vencido si la voluntad está fortalecida.
Está comprobado que todas las personas vamos a pasar por momentos difíciles a lo largo de nuestra vida. A este tipo de situaciones les llamamos adversidades. Así que, como personas conscientes, si de antemano sabemos que pueden llegar estas situaciones, nos conviene estar preparados, fortalecidos para atravesarlas y recuperarnos de ellas. Uno de los recursos más importantes con el que contamos para enfrentarnos a dichos momentos es la resiliencia, que es la capacidad de adaptarnos a las circunstancias y transformar las experiencias que vivimos en aprendizajes y en recursos.
El trabajo y las relaciones interpersonales son fuente de grandes satisfacciones, pero también nos someten a un importante nivel de estrés, como la sobrecarga de trabajo o la tensión ante los conflictos y los imponderables. Tanto en el ámbito familiar como en el laboral vivimos crisis, incertidumbre y surgen conflictos que deben ser resueltos. Prevenir el estrés ante todo ello se logra con la resiliencia.
Para comprender la resiliencia sugiero imaginarnos que tenemos una pelota hecha de plástico duro, y que al dejarla caer y golpear al suelo, quizás se estrelle y se fracture, o que se astille. Por otro lado, imaginemos una pelota hecha de material más flexible, que al dejarse caer en el suelo y golpear en él, rebota y vuelve a levantarse. Eso es la resiliencia, la habilidad de levantarse después de una caída, después de una adversidad. ¿Qué significa “levantarse” de una caída? Adaptarse a las nuevas circunstancias y encontrar un “para qué” de esa adversidad. El famoso Charles Darwin, en su tratado sobre la Evolución de las especies, decía que “No son los más fuertes los que sobreviven, sino los que mejor se adaptan”. Esto tiene que ver con la resiliencia.
Desde la parte emocional, los seres humanos reaccionamos con impulsos, y de manera inconsciente. Pero desde nuestra parte racional podemos elegir y con voluntad responder de diferente manera. La clave está entonces en NO reaccionar, sino en elegir una respuesta de manera consciente. Un cerebro rígido reaccionará como la pelota de plástico duro; y un cerebro flexible responderá de una manera más adaptativa, dando significado a la experiencia y quizás saliendo transformado por ella. La resiliencia tiene que ver con la flexibilidad del cerebro, y esta puede desarrollarse. Hoy se sabe que el cerebro es moldeable y que pueden hacerse circuitos nuevos que favorezcan nuevas formas de responder y de percibir la vida.
Aun cuando todos tenemos un factor innato de resiliencia, la podemos desarrollar y fortalecer; no es precisamente un rasgo del carácter o de la personalidad, sino es más bien un estado de la persona construido por las fortalezas del ser humano y por la conciencia y el desarrollo de sus potencialidades. ¿Cómo se hace para ser más resiliente? Hay que desarrollar la fortaleza mental para afrontar el futuro sin miedo y sin victimismo. Se trata de estimular aspectos como la aceptación incondicional, la autoestima y la creatividad; la identificación de los recursos personales, habilidades y destrezas; así como el sentido del humor y la capacidad de otorgarle un sentido a la adversidad.
En pocas palabras, Norma opina que: