ATISBOS DE CONCIENCIA

RESILIENCIA EN COMUNIDAD

RESILIENCIA EN COMUNIDAD

El 19 de septiembre de 2017, en la Ciudad de México, la sociedad civil se había organizado espontáneamente, sin ningún protocolo ni convocatoria, para remover escombros y buscar personas atrapadas como resultado de un sismo de magnitud 7.1 que ocasionó el colapso de edificios y pérdidas humanas. Sólo unos cuantos minutos habían pasado del sismo y los vecinos salieron a ayudar, a contener y a brindar apoyo, improvisando equipos de rescate con lo que tenían en casa. No sabían a quiénes iban a ayudar; lo importante era hacerlo. Esta suma de voluntades en medio de la tragedia, del miedo y el dolor, se convirtió en una de las mayores redes de apoyo de nuestra historia en México, la cual brindó fuerza y esperanza a muchos. Esto aportó a la resiliencia de todos.

Historias de infancias rodeadas de contextos violentos o de abandono, en muchas ocasiones, dan cuenta de la capacidad de afrontamiento y el aguante emocional de los niños, quienes con entereza, temple y una gran habilidad para sobreponerse, desarrollaron una personalidad sólida que los condujo a ser productivos, emocionalmente estables y hasta connotados en sus logros.

No nacemos resilientes, pero todos tenemos un factor interno para ser resilientes que depende de nuestro temperamento, así como de ciertos factores neurobiológicos que contribuyen a la reactividad que tenemos ante el estrés. Existen también otros factores externos que ayudan a esa capacidad que tenemos de sobreponernos a las adversidades. Uno de esos factores es la calidad de los vínculos con las personas que nos rodean y que van conformando una red de apoyo para saber que no estamos solos, sino confiar en que podemos solucionar, ―o sobreponernos a― situaciones de estrés, con la colaboración de esas personas en las que confiamos, ya sea con su experiencia, su contención o su compañía.

La historia de resiliencia después del sismo habla del vínculo que, como vecinos y conciudadanos, tenemos y que nos mueve a ayudar. No se necesitó solicitud de ayuda, fue espontánea. Pero, en otras ocasiones, necesitamos solicitarla. Tener claridad sobre lo importante que resultan los demás en nuestra vida y lo que aportan para nuestro sostén en momentos en que sentimos que nuestro mundo interno o nuestro entorno “tiembla”, puede hacernos saber que pedir ayuda es lo que corresponde. Pedir ayuda no es debilidad, es asertividad, es señal de una sana autoestima. No tiene que ver solamente con saber que somos merecedores y dignos de ser acompañados y ayudados; tiene que ver, en muchas ocasiones, con la supervivencia. En muchas situaciones no podemos solos; necesitamos de los demás.

Como mucho en esta vida, la resiliencia se aprende. Y, como sabemos, nunca es tarde para aprender.

En pocas palabras, Norma opina que:

No es la caída la que marca nuestra vida, sino la capacidad que tenemos de levantarnos de ella. Y, en ocasiones, no podemos levantarnos solos

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