CREER PARA VER

¿QUÉ ESTOY HACIENDO AQUÍ?

¿QUÉ ESTOY HACIENDO AQUÍ?

Seguramente te has hecho esta pregunta antes.

Personalmente, te comparto que me he encontrado en esa pausa muchas veces; esa especie de alto en el camino donde dejas de correr por un momento y te preguntas si vas en la dirección correcta, si realmente estás construyendo la vida que quieres construir o si simplemente estás avanzando por inercia.

Hoy, hace apenas unas horas, me tocó hacer un ejercicio relacionado con mi carta astral. Resulta que hace poco encontré un documento donde aparece la hora exacta en que nací y, por simple curiosidad, decidí consultar el tema. Anteriormente me habían hecho el ejercicio, pero la hora de nacimiento no era la correcta y digamos que los resultados siempre salían sesgados.

Ojo, no quiero sonar supersticioso ni convertir este artículo en una conversación sobre astrología. De hecho, si no crees en esos temas, te invito a seguir leyendo, porque lo importante no fue la carta astral, sino aquello a lo que me enfrenté.

Entre símbolos, planetas, casas y conceptos que sinceramente apenas entiendo, hubo varias interpretaciones que hablaban de patrones, áreas de oportunidad y aspectos de mi personalidad que todavía tienen espacio para evolucionar. Algunas resonaron más que otras, algunas probablemente no tengan nada que ver conmigo, pero hubo una sensación que apareció una y otra vez durante el ejercicio: la incomodidad.

Y no porque alguien me estuviera diciendo algo malo; al contrario, creo que la incomodidad apareció porque todos disfrutamos escuchar nuestras fortalezas: nos gusta que nos recuerden aquello que hacemos bien, que nos digan que somos capaces, trabajadores, creativos, resilientes o buenos líderes; pero cuando una conversación toca aquello que todavía tenemos pendiente, cuando pone sobre la mesa hábitos, actitudes o formas de pensar que podrían mejorar, la experiencia cambia por completo.

La verdad es que crecer rara vez se siente cómodo.

De hecho, cada vez estoy más convencido de que la incomodidad es una parte inevitable del crecimiento; porque crecer no siempre se siente como avanzar; muchas veces se siente como cuestionarte, como darte cuenta de que no tienes todas las respuestas, como aceptar que hay comportamientos que sigues repitiendo, como reconocer que algunas de las barreras más importantes de tu vida no están realmente fuera, sino dentro de ti.

Y creo que por eso muchas personas evitamos ciertos ejercicios, y no hablo de una carta astral; hablo de cualquier cosa que nos confronte con la honestidad: una sesión de terapia, una conversación incómoda, un libro que llega en el momento correcto, la opinión sincera de alguien que nos quiere, incluso esos momentos de silencio en los que ya no hay ruido, pendientes ni distracciones que nos permitan cambiar de tema.

Porque la mayoría de las veces no huimos de las respuestas; huimos de las preguntas: ¿qué estoy haciendo aquí?, ¿qué quiero construir?, ¿qué me hace falta aprender?, ¿qué parte de mí sigue creciendo?, ¿qué conversaciones he estado evitando? Son preguntas incómodas porque no siempre tienen una respuesta inmediata; sin embargo, casi todas las veces que he tenido el valor de hacerme una de ellas, algo bueno ha sucedido después; no porque la respuesta aparezca de golpe, no porque todo quede claro de la noche a la mañana, sino porque el simple hecho de hacer espacio para la pregunta ya provoca movimiento.

La realidad es que la vida constantemente encuentra maneras de ponernos temas enfrente. A veces llegan en forma de conversación, a veces de crisis, a veces de una persona que nos dice algo que no queríamos escuchar y, de vez en cuando, hasta en forma de una carta astral. Lo importante no es de dónde viene el mensaje; es qué hacemos con él, porque tal vez la incomodidad no es una señal de que algo está mal, y no aparece para frenarnos, sino para empujarnos al siguiente paso.

Gracias por estar aquí. Te abrazo.

En pocas palabras, Kush opina que:

La incomodidad es una parte inevitable de crecer. Casi siempre aparece cuando nos enfrentamos a preguntas, conversaciones o situaciones que nos obligan a reconocer que todavía tenemos cosas por aprender. Aunque no sea agradable, muchas veces es justamente esa incomodidad la que termina empujándonos al siguiente paso.

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