Creer para ver

¿POR QUÉ PIENSAS LO QUE PIENSAS?

¿POR QUÉ PIENSAS LO QUE PIENSAS?

No sabía cómo titular este artículo y después de darle vueltas se me hizo muy práctico el cuestionamiento de ¿por qué piensas lo que piensas? Hay una frase interesante de Walt Whitman que dice así: “¿Me contradigo? Muy bien, me contradigo. Contengo multitudes”. Y justo esta frase explica un poco de esto que llamamos el diálogo interno: nos permite entender que dentro de nosotros no vive una sola voz, viven muchas.

La voz que te empuja y anima a aventarse hacia adelante, la que por el contrario te hace que te congeles y te pone a dudar, la que hace que te sientas menos, la que quiere hacerlo todo perfecto, etc. Y lo que es importante detenernos a analizar es que el problema no es que existan muchas voces, el verdadero problema es cuando una de esas voces se apodera del micrófono y convierte todo en un monólogo intenso y desgastante.

Cuántas veces no te has visto atrapado diciendo frases como:
“Siempre la riego.”
“No soy suficiente.”
“Algo está mal conmigo.”

Y lo peor de todo es que no las cuestionamos, las tomamos como verdades absolutas.

Y de aquí nace la pregunta incómoda pero necesaria que escogí como título: ¿por qué piensas lo que piensas? Haz el ejercicio y te darás cuenta de que ese patrón no empezó hoy. Es parte de una herencia emocional, de tu educación, las experiencias que has vivido, heridas que no han cerrado y frases que inclusive alguien más sembró en ti desde tiempo atrás pero que ahora parecen tuyas.

Pero aquí viene lo bueno: así como has ido construyendo ese diálogo interno, también lo puedes reconstruir con conciencia y constancia.

Te quiero compartir algunos tips que encontré estudiando más a fondo el tema y que algunos ya los hemos abordado antes, pero vale la pena reafirmar.

Conviértete en observador.
No eres cada pensamiento que aparece. Muchos sólo están de paso. Aprende a verlos, sin creértelos todos.

Identifica quién está hablando dentro de ti.
No siempre eres “tú”. A veces es el miedo, otras veces el ego, otras el cansancio.
Cuando sabes quién habla, sabes cuánto creerle.

Cambia el juicio por curiosidad.
En lugar de atacarte por lo que sientes, pregúntate:
¿Qué parte mía está pidiendo atención aquí? Te aseguro que vas a encontrar respuestas increíbles.

El diálogo interno bien trabajado no te vuelve un “optimista falso”, te vuelve honesto contigo. Y también más humano. Menos duro. Menos injusto.

Convéncete de esto, no mereces ser tu peor enemigo. Bastante duro es el mundo allá afuera como para también pelearte contigo acá dentro. Gracias por estar aquí. Te abrazo.

En pocas palabras, Kush opina que:

El diálogo interno no nace de la nada: se aprende, se arrastra y se repite. Cuando empiezas a escucharlo y a cambiarle el tono, no arreglas tu vida de golpe, pero sí dejas de destruirla todos los días con tus propias palabras.

¡MENSAJE ENVIADO!

Tu mensaje ha sido enviado correctamente, en caso de ser mecesario nos pondremos en contacto contigo, ¡hasta pronto!

Imagen del popup
>