Atisbos de Conciencia
PASIÓN Y EQUILIBRIO, UNA FÓRMULA DE VIDA PLENA
Intuitivamente todos sabemos y, con suerte, hemos experimentado el sentimiento de la pasión, ese sentimiento profundo, intenso, que provoca en nosotros un gran entusiasmo y un deseo de dedicarnos al objeto de nuestra pasión con atención ilimitada. Puedo decir que la pasión es una gran fuente de motivación que ayuda a lograr metas, a concretar proyectos, o a desempeñar tareas aportándoles un alto valor. La pasión permite ver cualquier obstáculo como algo franqueable y seguir en el camino con pensamiento de logro. No tengo duda de que grandes obras que se han valorado a lo largo de la historia son el resultado de ideas dirigidas por alguien que tuvo pasión por ello. También la pasión ha sido fuente de construcción de grandes relaciones interpersonales en el terreno romántico o amistoso.
No obstante, aun cuando todo esto se percibe loable y aspiracional, conviene considerar, como en todo, que la pasión puede también dirigir acciones que ocasionen daños a terceros. Porque al actuar desde nuestra pasión, así como podemos saltar obstáculos, también podemos pasar por encima de los demás. Tenemos grandes ejemplos de los que la historia nos da cuenta, como el Holocausto de la Segunda Guerra Mundial. Al escuchar al personaje que fue Adolf Hitler nadie podría dudar de la pasión con que comunicaba sus ideas y motivaba a otros a sumarse a ellas. Fue esta pasión la que en gran parte logró que se sumaran muchos más a sus filas para conseguir lo que puede llamarse el mayor genocidio de la historia, con 40 millones de muertes, víctimas de las ideas de su líder. Así como la pasión es un elemento clave para invitar a sumarse a un movimiento ideológico, también lo es para motivar e inspirar a otros. Es un elemento clave del liderazgo.
Aún cuando al hablar de pasión es espontáneo asociarlo al ámbito de las relaciones interpersonales, conviene considerar que la pasión interviene en todas las acciones de la vida: amamos con pasión, trabajamos con pasión, nos relacionamos con pasión, cuidamos a otros con pasión, ¡nos divertimos con pasión! Creo que todo tiene su parte saludable y su parte que no lo es. La pasión puede lograr que otros conecten con nosotros, pero también que nosotros sintamos que lo que hacemos vale la pena, aun cuando los demás no den muestra de valorarlo. La pasión es un motor poderoso que, así como un vehículo de gran potencia, tenemos que saber conducirlo y moderarlo, porque puede ser que exista esa fina línea que destruya o lastime no solamente a otros, sino a uno mismo.
Segura estoy de la necesidad de aprender a gestionar de manera saludable el sentimiento de la pasión; es parte de la inteligencia emocional.
En pocas palabras, Norma opina que: