ATISBOS DE CONCIENCIA

¿PARA QUÉ CAMBIAR?

¿PARA QUÉ CAMBIAR?

¿Qué tan conforme estás con lo que haces? ¿Te animas a seguir así por el resto de tu vida? ¿O existe algo que siempre has querido hacer, pero lo has pospuesto, incluso hasta olvidar que lo deseas?

La vida, en el día a día, puede estar enmarcada en la rutina, organizada generalmente de manera que represente seguridad y comodidad, aunque no siempre sea satisfactorio; es decir, que represente certezas y brinde la sensación de tener el control sobre lo que nos sucede. En ocasiones puede ser aburrida, pero el estar en una zona de confort en la que no hay retos ni sobresaltos, sino lo conocido, de alguna manera garantiza la supervivencia.

Cuando se tiene una vida predecible es fácil darle el crédito a la disciplina que requiere la rutina. Tenemos la sensación de que, en ese espacio controlado, no hay riesgos. Pero siempre hay imprevistos que nos hacen sentir que ya no tenemos el control, y eso nos trastorna.

¿Cómo vives la vida? ¿Es tu vida una rutina en el trabajo, en tus relaciones, en tus diversiones? ¿Es la rutina una aliada para ti, o una enemiga del bienestar, de la creatividad, de la prosperidad, de la pasión o de la salud? Indudablemente que la rutina nos permite ver nuestro día a día sin obstáculos, y nos brinda la ilusión de tener una vida satisfactoria. Y puede llegarnos la pregunta: ¿para qué cambiar?

El miedo a cambiar puede estar relacionado con la comodidad de la rutina, vista como inercia; y esa comodidad nos impide desarrollar la capacidad de reaccionar ante los imprevistos, o bien, de anticiparnos a los eventuales cambios. Y en la actualidad, resulta de mayor importancia saber que el cambio es la constante y que saber adaptarnos es un requisito. Hemos sido educados para tener seguridad y aprendemos a tolerar lo que ya conocemos; los cambios nos enloquecen y nos dispersan y por eso nos refugiamos en la rutina.

Aun así, la rutina también puede ser nuestra aliada cuando hablamos del desarrollo de hábitos, de la sistematización de procesos, de la formación del carácter y la construcción de una cultura. Pero si se trata de seguir en la rutina como garantía de supervivencia, habría que saber que limita el despliegue de nuestra humanidad ante la vida. Cuando el cambio nos sorprende, llega como un regalo, pero no nos atrevemos a abrirlo. En ocasiones, ese regalo toma la forma de nuevos amigos, nuevas costumbres, nuevas relaciones, nuevos sabores, nuevos hábitos, nuevos lugares.

Distinguir cuándo la rutina es nuestra aliada y cuándo nuestra enemiga es lo importante a considerar puesto que de ahí se deriva lo que ya, de manera consciente, haremos después: salir de la rutina y enfrentarnos al cambio, o mantenernos en ella y seguir creyendo que tenemos todo bajo control.

En pocas palabras, Norma opina que:

A veces, salir de la rutina puede no tener un resultado evidente, pero sí puede representar un triunfo en la formación del carácter.

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