ATISBOS DE CONCIENCIA
OPTIMISMO REALISTA, UNA MEZCLA DE ESPERANZA Y CONFIANZA
En una ocasión, una mujer llegó a mi consulta con un tema de desesperanza en el ámbito de la relación de pareja. A sus poco más de 40 años no tenía una pareja estable y lo deseaba como parte de su proyecto de vida porque deseaba una familia. Pero la vida no la había “premiado con alguien”. Sus cuestionamientos y pensamientos atribulados estaban alrededor de “por qué otras menos agraciadas que yo consiguen emparejarse”, o bien “no sé qué es lo que necesito hacer para conseguirlo”, y hasta “he pensado que hay algo mal en mí que no atraigo a alguien”. El estrés y el sufrimiento no son resultado de la situación en sí misma, sino de la calidad de los pensamientos que se generan y que conducen a la desesperanza y a la desconfianza. Esta combinación, la desesperanza y la desconfianza, no aporta a una actitud positiva, optimista. Pero no se trata de vivir en un optimismo ilusorio, infantil, sin considerar la realidad. Es necesario que desarrollemos un optimismo realista, ése que no sólo nos hace soñar con un resultado deseado, o rogar a Dios que suceda, con un sentimiento de carencia y en la desesperación. El optimismo realista implica que confiemos que algo es posible de lograr o que suceda, y definamos lo que para ello nos toca a nosotros colaborar, actuar, y por supuesto que esté dentro de nuestra área de libertad.
Algo que puede ayudarnos a mantenernos optimistas y con bienestar emocional es confiar en lo que coloquialmente decimos: “por algo ha de ser”, “por algo pasan las cosas” o incluso “hay algo que puedo aprender de esta situación”, sobre todo cuando son asuntos que no podemos cambiar. Esta idea genera en nosotros confianza de que hay una razón por la que no obtenemos o no sucede lo que queremos, o que por algo está sucediendo una situación, y confiar que hay planes superiores para algo mejor. ¿Este pensamiento hará que las cosas sucedan, que obtengamos lo que queremos o que cambien las circunstancias? Obviamente no, pero sí equilibrará nuestro estado emocional y dejaremos de resistirnos a la vida como es, a la vida como viene. No obstante, es importante que seamos proactivos y distingamos las cosas que podemos cambiar de las que no. Como en la oración de la serenidad de los grupos de autoayuda: desarrollar la sabiduría para aceptar lo que no podemos cambiar y valor para cambiar lo que sí podemos.
A veces, no es fácil desarrollar el optimismo que buscamos, pero podemos “actuar como si”. Éste es otro recurso maravilloso para nuestro bienestar y que decidimos usar de manera consciente. Puede ser útil cuando un sentimiento empieza a controlarnos; podemos usarlo cuando un problema nos agobia, actuando “como si” ya fuera a resolverse, para seguir con nuestra vida y para generar los sentimientos que nos permitirán ver soluciones.
En pocas palabras, Norma opina que: