ATISBOS DE CONCIENCIA
NUESTRA ATENCIÓN NOS ENGAÑA, O VICEVERSA
En cierta ocasión, una maestra envió un reporte a los padres de un niño de ocho años, de su salón de clases, y les solicitó su presencia para una reunión. Los padres acudieron y la razón que la maestra esgrimió fue que el niño había dibujado en una pared, lo cual no podía permitirse en esa escuela, por respeto a las instalaciones. Les mostró lo que el niño había pintado en la pared, señalando su falta, mientras que su madre exclamaba dirigiéndose a su esposo: ¡Nuestro hijo puede ser un futuro y talentoso muralista!
¿Cómo es que, ante un mismo hecho, las opiniones de dos personas pueden ser tan opuestas? La respuesta radica en la atención que cada una puso en el hecho. Por un lado, la maestra centró su atención en el hecho de que la pared fue pintada por el niño y con ello faltó al respeto a la institución, y, por otro lado, la madre la centró en la calidad y forma de lo dibujado.
El dicho “Donde pones tu atención ahí está tu corazón” aplica perfectamente al análisis de este tema, porque justo de acuerdo a lo que atendemos, ahí donde ponemos nuestra atención, generará en nosotros una emoción. Digamos que el dicho podría enunciarse de esta manera: Según tu interpretación será tu emoción.
Entonces, ¿nos engaña nuestra atención, o nosotros la engañamos? Los hechos son los hechos y no hay ningún engaño. Es la interpretación que hacemos la que cambia las cosas. La maestra dejó de ver el hecho como tal, y lo cambió por “El niño cometió una falta”. Ante esta interpretación, y la emoción que eso causa, tomó la decisión de llamar a sus padres. Así pues, de la interpretación que hacemos de los hechos se derivan nuestras decisiones y nuestras acciones; de ahí la importancia de hacernos conscientes de cómo es nuestra tendencia a interpretar y dónde ponemos nuestra atención.
Es tan poderosa esta toma de consciencia que puede llegar a convertirse en un gran recurso para el bienestar. Si, ante un hecho, enfocamos nuestra atención en un aspecto que nos provoca malestar, es decir, sentirnos mal de alguna manera --molestos, tristes, con miedo, preocupados o avergonzados--, podemos mover nuestra atención a algún aspecto más positivo y darnos cuenta de cómo la emoción nos cambia.
La atención es, pues, un acto de voluntad y consciencia que conviene practicar hasta convertirlo en un hábito; es decir, elegir dónde la ponemos. Indudablemente, entonces, será uno de nuestros mayores recursos para el bienestar.
En pocas palabras, Norma opina que: