CREER PARA VER

NOS MUDAMOS OTRA VEZ

NOS MUDAMOS OTRA VEZ

Te estarás preguntando qué tiene que ver una mudanza con el punto que tocamos en esta ocasión. Bueno, aquí te va.

Empiezo por contarte que durante mis doce años de casado me ha tocado mudarme cinco veces. Cinco veces empacando cajas, desarmando muebles, encontrando objetos que ni siquiera recordaba que existían y tratando de acomodar una vida completa en un mundo de cartones apilados; y aunque cada mudanza ha sido distinta, todas me han dejado la misma reflexión: la vida no deja de cambiar.

Algunos cambios los elegimos: decidimos cambiar de casa, cambiar de trabajo, emprender un negocio, casarnos o tener hijos. Son decisiones que tomamos porque creemos que nos llevarán a algo mejor; sin embargo, por más voluntarios que sean, los cambios siempre implican adaptarse a algo nuevo, porque una cosa es decidir cambiar y otra muy distinta vivir las consecuencias.

Hace un mes nos tocó mudarnos de casa nuevamente, y aunque seguimos prácticamente en el mismo entorno, en la misma ciudad, el movimiento ha sido importante. Nosotros nos adaptamos relativamente rápido, pero nuestras hijas de siete y tres años siguen extrañando la casa anterior. Las rutinas cambian, los espacios cambian, y aunque yo esté seguro de haber tomado la decisión correcta, eso no significa que el proceso sea algo facilito. Por eso me gustó tomar este ejemplo, porque creo que así funciona la vida en general.

Muchas veces pensamos que los cambios solamente llegan cuando nosotros los provocamos, pero no es cierto. También existen los cambios que simplemente llegan sin pedir permiso: una enfermedad, una pérdida, una separación, un despido, un hijo que crece, nuestros papás haciéndose viejos o una amistad que ya no es igual que antes. La vida constantemente nos está moviendo de lugar.

Algunos cambios llegan disfrazados de oportunidad, otros llegan disfrazados de problema, pero con el tiempo me he dado cuenta de que la gran mayoría terminan enseñándonos algo.

Cuando volteo hacia atrás, me doy cuenta de que ninguna de las cinco mudanzas ocurrió nada más porque sí; cada una marcó el inicio de una nueva etapa de nuestra familia: en cada casa fuimos personas distintas, en cada casa crecimos, aprendimos y evolucionamos.

Y tal vez eso sea precisamente vivir: entender que no fuimos hechos para permanecer siempre en el mismo lugar, haciendo las mismas cosas y siendo exactamente la misma persona. Porque cambiar no siempre es cómodo; a veces ni siquiera es deseado, pero justo es cuando ocurre el crecimiento.

Y, al final, cuando uno aprende a aceptar que la vida está en constante movimiento, descubre algo importante: no importa cuántas veces nos toque empezar de nuevo, siempre terminamos encontrando la manera de sentirnos como en casa otra vez.

Gracias por estar aquí. Te abrazo.

En pocas palabras, Kush opina que:

La vida está hecha de cambios. Algunos los elegimos y otros nos eligen a nosotros, pero todos terminan dejando una enseñanza. Resistirse al cambio es resistirse a la propia vida, porque al final crecer no es otra cosa que aprender a adaptarnos una y otra vez.

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