ATREVERSE A IMAGINAR Y APRENDER

NO TODO TIENE QUE PASAR AHORA: LA PACIENCIA Y LOS RITMOS DE LA VIDA

NO TODO TIENE QUE PASAR AHORA: LA PACIENCIA Y LOS RITMOS DE LA VIDA

Soy una persona desesperada, aunque me cueste reconocerlo. Quiero resolver, quiero contestar, quiero hacer: si algo está pendiente, me cuesta dejarlo pendiente; si hay una conversación que tener, quiero tenerla; si existe un problema, quiero encontrar una solución; y si hay algo que deseo que suceda, preferiría, sinceramente, que sucediera ahora.

Durante mucho tiempo pensé que esa forma de vivir tenía que ver con ser eficiente, con aprovechar el tiempo, con no dejar asuntos para después; sin duda, algunas veces probablemente así es, pero he empezado a descubrir que hay una diferencia importante entre realizar algo a tiempo y querer que todo ocurra en mi tiempo. Y no siempre son lo mismo.

Hay situaciones que pueden resolverse hoy: un correo, una llamada, una decisión sencilla; hay otras que tienen su propio ritmo, aunque a mí me cueste aceptarlo: una conversación necesita que ambas personas estén listas, un aprendizaje necesita repetición, una relación necesita tiempo. Algunas respuestas aparecen después de haber vivido un poco más con la pregunta, y ninguna cantidad de prisa parece cambiar eso.

Algo que he estado practicando en terapia, en la maestría, en mi oficina y también con mi hijo, es algo aparentemente muy simple: estar donde estoy sin intentar llegar al siguiente momento antes de tiempo. No siempre lo logro. En ocasiones estoy escuchando y ya estoy pensando qué voy a responder, o estoy haciendo algo mientras mi mente intenta resolver otros pendientes; estoy con alguien, pero una parte de mí ya está en lo que sigue; entonces, me doy cuenta de que la prisa tiene un costo: cuando quiero resolver todo inmediatamente, también puedo reaccionar antes de entender, contestar antes de escuchar, decidir antes de tener claridad, querer cerrar algo que quizá todavía necesita tiempo.

La paciencia, para mí, no ha significado dejar de hacer; tampoco significa volverme una persona pasiva o conformarme con esperar a que la vida decida por mí; en realidad, estoy aprendiendo que puedo seguir teniendo pendientes, responsabilidades, deseos y planes sin vivir con la sensación de que todo tiene que resolverse al mismo tiempo. Puedo hacer una cosa y después la siguiente, puedo dejar una conversación abierta, puedo no tener todavía una respuesta, puedo darle tiempo a algo sin sentir que lo estoy abandonando.

Quizá cada persona tiene una relación distinta con la paciencia. En mi caso, ha sido necesario hacerla consciente: quiero recordarme que no todo lo que está pendiente está atrasado, que no todo silencio necesita una respuesta inmediata, que no todo proceso mejora porque yo quiera acelerarlo. Hay cosas que necesitan una decisión, pero hay otras que necesitan tiempo; creo que aprender a distinguirlas también es una forma de sabiduría. Porque la vida sí tiene pendientes, sí tiene tiempos, sí tiene cosas que hacer, pero no todo ocurre al ritmo que yo quisiera.

Quizá la paciencia no consiste en dejar de querer que las cosas sucedan; consiste en dejar de creer que, por quererlas mucho, puedo obligarlas a suceder antes. Hoy sigo siendo una persona que quiere resolver, contestar y hacer; probablemente eso no cambie del todo, pero estoy aprendiendo algo que para mí ha sido mucho más difícil: no todo tiene que pasar ahora. A veces, lo mejor que puedo hacer no es correr hacia lo que sigue; es terminar de estar donde estoy.

En pocas palabras, Andrea opina que:

La paciencia no siempre es esperar sin hacer nada; a veces, es hacer lo que nos corresponde y tener la calma de dejar que lo demás encuentre su propio ritmo

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