CREER PARA VER
“No me interesa, el que sigue”
Como les platicaba en el artículo pasado acerca de “La envidia”, debido a mi profesión me toca estar en constante contacto con el mundo digital. Es parte de mi trabajo monitorear los trends –como les llaman en las redes sociales–, y como buen millennial me tocó ver el nacimiento de Facebook (ahora META) y del resto de las redes que le siguieron, como Instagram, Twitter, Tiktok, etcétera. Haciendo un análisis en retrospectiva, he notado cómo ha ido creciendo ese sentimiento de inmediatez. La información pasa rápidamente día tras día y, debido a este contacto constante con el mundo digital, me he percatado de cómo a su vez ha ido creciendo un desinterés por las cosas que realmente importan.
Redes sociales como Tiktok han perfeccionado su algoritmo para obedecer a contenidos cortos, que captan nuestra atención durante unos segundos antes de ir hacia el siguiente video. Este ritmo acelerado ha transformado no sólo cómo consumimos información, sino también cómo interactuamos con el mundo. Eso que antes nos sorprendía o nos mantenía atentos, ahora es descartado con un simple desliz de dedo. Hoy escuchar una canción completa, leer un libro o ver una película se han convertido en tareas difíciles de mantener. No quiero generalizar, pero no hay duda de que este fenómeno ha ido creciendo año tras año y que afecta sobre todo a las nuevas generaciones, que están naciendo prácticamente conectadas a este modo de vida.
Al evitar todo aquello que requiere tiempo y concentración, estamos sacrificando la profundidad y la riqueza de nuestras experiencias y nos estamos alejando de las actividades que nos permiten crecer, aprender y conectarnos con nosotros mismos y con los demás. Investigadores de Yale descubrieron que el uso excesivo de redes sociales provoca una disminución en la motivación por participar en actividades que no ofrecen recompensas instantáneas. Este estudio sugiere que la constante búsqueda de estímulos breves y gratificantes en plataformas digitales puede reducir nuestro interés en tareas que requieren tiempo y esfuerzo sostenido.
Esta desconexión puede tener consecuencias graves, como una menor capacidad de atención, una disminución en la creatividad y un menor bienestar emocional. Pero, ¿cómo podemos darle la vuelta a esta tendencia? Principalmente creo que tomando decisiones conscientes para desconectarnos y dedicar tiempo a actividades que fomenten la reflexión y la empatía, así como buscar cultivar el hábito de disfrutar de experiencias más largas y significativas. Al hacerlo no sólo recuperamos nuestra capacidad de asombro, sino que también nos reconectamos con lo que realmente importa en nuestras vidas. ¿Tú qué opinas? Gracias por estar aquí. ¡Te abrazo!
En pocas palabras, Kush opina que: