ATREVERSE A IMAGINAR Y APRENDER

¿MIEDO A QUÉ?

¿MIEDO A QUÉ?

Hay momentos en la vida en los que algo dentro de nosotros empieza a hablar más fuerte. Sucede cuando estamos por tomar una decisión importante, cuando una relación cambia, cuando una oportunidad aparece, cuando una etapa termina y todavía no sabemos cómo comenzará la siguiente. Entonces, llegan las voces: la voz de la ilusión, la de la prudencia, la de la experiencia y, casi siempre, la del miedo. He pensado que la madurez consiste en aprender a distinguirlas, pues el miedo suele tener argumentos muy convincentes; habla de todo lo que podría salir mal: nos recuerda errores pasados, nos enseña escenarios que todavía no existen y los presenta como inevitables; sin embargo, sería injusto tratarlo como un enemigo, después de todo, muchas veces intenta cuidarnos, y el  problema es que no siempre sabe de qué. A veces nos protege de un peligro real; otras veces, intenta protegernos de la incomodidad, de la incertidumbre, del riesgo de equivocarnos, de la posibilidad de descubrir que somos capaces de más de lo que imaginábamos.

Ahí es donde la conversación se vuelve interesante, porque vivir bien no consiste en callar esa voz ni en obedecerla a ciegas; consiste en escucharla con respeto y después hacer una pregunta más profunda: ¿Esto que siento me está cuidando o me está limitando? No siempre es fácil de responder.

Hay decisiones que solo se entienden después de haberlas tomado, hay caminos que no ofrecen garantías, hay oportunidades que llegan disfrazadas de incertidumbre. Quizá  por eso el valor no consiste en avanzar sin miedo, sino en avanzar después de haberlo escuchado, tomando en cuenta lo que tiene que decir pero recordando que ninguna emoción, por sabia que parezca, puede ver toda la realidad. La vida se construye en ese delicado equilibrio entre la cautela y la confianza, entre lo que sabemos y lo que todavía no conocemos, entre la necesidad de protegernos y la necesidad de crecer.

Tal vez por eso algunas de las decisiones más importantes de nuestra vida nunca se sienten completamente seguras, no porque sean equivocadas, sino porque nos están invitando a convertirnos en alguien nuevo. Cada vez que eso sucede, todas las voces se hacen presentes. La pregunta no es cuál habla más fuerte; es cuál merece la última palabra.

En pocas palabras, Andrea opina que:

Ahí es donde la conversación se vuelve interesante, porque vivir bien no consiste en callar esa voz ni en obedecerla a ciegas, sino en escucharla y hacer esa pregunta más profunda: ¿Esto que siento me está cuidando o me está limitando?

¡MENSAJE ENVIADO!

Tu mensaje ha sido enviado correctamente, en caso de ser mecesario nos pondremos en contacto contigo, ¡hasta pronto!

Imagen del popup