ATISBOS DE CONCIENCIA

LO QUE HAGO ES PORQUE LO DESEO Y VALE LA PENA

LO QUE HAGO ES PORQUE LO DESEO Y VALE LA PENA

¿Qué motiva tus acciones y tu quehacer en la vida? ¿Qué anima tus compromisos? Es de lo más frecuente que al hablar de lo que hacemos o de los proyectos que tenemos centremos la satisfacción que eso nos brinda, o el impulso de querer hacerlo, en aspectos del ámbito material (dinero, premios), o bien, en aspectos que tocan nuestro ego (reconocimiento, posicionamiento, poder). Cuando el motor que nos mueve se localiza fuera de nosotros, aun cuando puede ser un motor muy poderoso, puede tener el riesgo de que, si no obtenemos el resultado esperado, nos desanimemos y perdamos el entusiasmo, el disfrute y la satisfacción. Es cuando la actividad se hace por obligación, no por interés. Entonces sobreviene el desgaste emocional y no le encontramos sentido a lo que hacemos.

¿Es entonces un inconveniente motivarnos por factores externos? En realidad, no. La motivación extrínseca no es mala en sí misma; el problema es que sea la única que nos mueva; lo ideal es combinarla con motivación intrínseca, que es la que aporta sentido, disfrute y nos hace perseverar y ser constantes.

En ocasiones, ante conflictos en una actividad laboral o una participación social, es la motivación intrínseca la que nos hace superar los riesgos de conductas poco éticas, ya que no predomina un factor externo que busquemos, sino que nos mueve el mantener lo que le da sentido a nuestro quehacer y, por ende, a nuestra vida. Podemos desempeñarnos en un puesto u oficio y disfrutarlo, nos gusta lo que hacemos, pero también nos causa satisfacción el dinero que ganamos con ello. Y no sólo nos causa satisfacción, sino que cubre nuestras necesidades. Sin embargo, si el dinero fuera sólo el motivo que nos impulsa a seguir ahí, es probable que llegue un momento en que deje de disfrutar lo que haga y centre mi interés sólo en el dinero. El mejor escenario será que sigamos apreciando nuestras ganancias económicas y al mismo tiempo encontrar el valor que nuestro trabajo aporta, saber que lo que hacemos vale la pena, descubrir el impacto que nuestras tareas tienen para otros o para el entorno, y, finalmente, hacer de esta combinación de motivadores un motor que nos impulse cada día a perseverar en nuestras tareas, a disfrutarlas y a combatir el desánimo y la falta de sentido que, en muchas ocasiones, arrasan con el entusiasmo.

¿Y cómo podemos encontrarle sentido a eso que hacemos? Nuevamente tengo que mencionar el autoconocimiento. No hay manera de encontrar un sentido de vida si no nos conocemos. ¿Qué me hace sentir bien? ¿Cómo espero trascender? ¿Qué aporto a la sociedad con lo que hago? ¿Qué beneficios tiene mi trabajo para otros? ¿Cómo ayudo a los demás? Sólo si tengo claridad sobre lo que busco en la vida, podré encontrarle un sentido a lo que hago. En mi trabajo como terapeuta y conferencista, tengo un motivador intrínseco muy poderoso: tengo muy claro que mi trabajo vale mucho la pena; tengo claro que al facilitar procesos de autodescubrimiento y de tomas de consciencia mi quehacer tiene un alto valor. Y esta certeza es el motor que me hace desempeñarme cada día sin cansancio. Pero cualquier tarea desempeñada puede ser objeto de análisis y encontrarle su alto valor, porque saber que nuestro quehacer vale la pena es en sí mismo un motivador intrínseco enorme. Por supuesto, cada quien sabe lo que valora y qué le da sentido a su vida.

En pocas palabras, Norma opina que:

Para mantenernos motivados, lo mejor es tener una combinación de motivación extrínseca y motivación intrínseca.

¡MENSAJE ENVIADO!

Tu mensaje ha sido enviado correctamente, en caso de ser mecesario nos pondremos en contacto contigo, ¡hasta pronto!

Imagen del popup
>