CREER PAR VER
LA VERGÜENZA DESPUÉS DEL ACCIDENTE
Quiero compartirte la historia de un buen amigo que hace unos días tuvo un accidente en motocicleta. Cuando me enteré y vi las fotos, no podía creerlo. Lo conozco bien y siempre ha sido alguien responsable al manejar en moto, con equipo de protección, casco y todas las medidas de seguridad. Pero, como sucede en los accidentes, esta vez no llevaba nada de eso. Gracias a Dios está bien dentro de lo que cabe pues sufrió fracturas importantes en el fémur, la tibia y el peroné.
Cuando me enteré, le mandé un mensaje de inmediato; no esperaba respuesta en ese momento, sabía que estaría en cirugía o en recuperación. Sin embargo, al día siguiente me respondió, a su manera, una pequeña carta de esas que te dejan pensativo. Podía leer en sus palabras que más allá del dolor físico, lo que más le pesaba era la vergüenza. Como él lo dijo: “Estoy enojado conmigo mismo, decepcionado de haber roto mis propias reglas, de haber cometido un error que pudo costarme la vida”. Sintió vergüenza no solo por el accidente, sino por el impacto que pudo haber tenido en su esposa, en sus hijos, en su familia. Vergüenza de pensar que, por un descuido, casi cambia la historia de todos los que lo aman.
La vergüenza es una emoción difícil de manejar. Normalmente la relacionamos con sentirnos expuestos, con el miedo a ser juzgados, con la incomodidad de que otros vean nuestros errores. Pero en este caso, su vergüenza no se quedó ahí. Esta emoción no lo hundió, sino que la utilizó para reflexionar. En lugar de esconder lo que pasó, decidió compartirlo con la intención de que otros aprendan de su error.
Eso me hizo pensar en el papel que puede jugar la vergüenza en nuestras vidas. Si bien puede ser dejarte congelado, también puede ser un motor para el cambio. Nos obliga a ver de frente nuestras fallas, a tomar responsabilidad por nuestras acciones y, en algunos casos, a encontrarle sentido a eso que nos duele. En el caso de mi amigo, su accidente se convirtió en una lección no solo para él, sino para todos los que lo rodeamos.
Y al final, creo que ese es el verdadero aprendizaje: Podemos sentir vergüenza y dejar que nos consuma, o podemos usarla como una herramienta para crecer; no se trata de negar los errores, sino de enfrentarlos, aprender de ellos y, si es posible, evitar que otros pasen por lo mismo.
Hoy mi amigo sigue en recuperación, con un largo camino por delante, pero con la certeza de que su historia puede servir para algo más. Como él mismo escribió: "Si mi estupidez evita un futuro accidente, habrá valido la pena compartirlo."
Quizá la vergüenza no es tan mala cuando nos ayuda a ser mejores; o tú, ¿qué opinas? ¡Gracias por estar aquí! ¡Te abrazo!
En pocas palabras, Kush opina que: