ATREVERSE A IMAGINAR Y APRENDER
La valentia de desenredarnos para soltar expectativas
Escribir sobre la serenidad resulta contrario a como he vivido en medio de estas semanas de caos donde el ajetreo, el trabajo y las listas de cosas por hacer parecen infinitas. Sin embargo, la serenidad no es la ausencia de distracciones, molestias o cosas que hacer: es encontrarme, reconocerme y soltar la necesidad de control en medio de todo lo que elegimos vivir.
Sólo hay dos cosas que dependen de nosotros: nuestro esfuerzo y nuestra actitud. El día de mi cumpleaños estuve lejos de mi familia trabajando, y no necesariamente me lo hubiera imaginado así. Por la mañana decidí tomarme mi café para agradecer y reflexionar acerca de los 44 años cumplidos. Dentro de mí encontré la calma en medio del caos para reconocer que soltar las expectativas para aceptar plenamente la vida que hemos construido y las personas que están en ella es resultado de nuestras decisiones.
De esa absoluta aceptación pude entender lo siguiente: he estado buscando la simplicidad. Estoy detrás de volver a lo que una vez se perdió y perder lo que ya no es cierto. Estoy detrás de escucharme a mí misma primero y sobre todo. Estoy detrás de lo sagrado de dar a las cosas el tiempo que toman. Estoy detrás de la valentía de desenredarme. Estoy detrás de no necesitar saberlo. Estoy detrás de la sutiliza y la suavidad. Estoy detrás de permanecer abierta. Estoy buscando honrar lo que ya no funciona dejándolo ir. Estoy detrás de no simplificar demasiado. Estoy detrás de la vida que puedo vivir plenamente si me sumerjo todo el camino, completamente abierta al miedo y a la alegría y a la destrucción y al crecimiento y a todo lo que hay en el medio.
Serenidad no quiere decir indiferencia. Es un estado cambiante que requiere esfuerzo e intencionalidad para cultivarlo y mantenerlo. Implica tomar decisiones conscientes donde prioricemos nuestra tranquilidad y paz sobre la búsqueda incesante de validación externa o éxito material. Al abrazar la simplicidad, practicar la gratitud y aprender a dejar de lado aquello que no podemos controlar, probablemente podemos alcanzar una sensación duradera de serenidad que impregne todos los aspectos de nuestras vidas.
En pocas palabras, Andrea opina que: