CREER PARA VER

LA SOLEDAD: MI MEJOR CONSEJERA

LA SOLEDAD: MI MEJOR CONSEJERA

Diariamente tengo la costumbre de salir a caminar entre 20 y 30 minutos. Más que un tema de ejercicio físico, lo hago como un acto de salud mental por así decirlo. Al principio era algo que no disfrutaba mucho siendo bien sincero. No sé si a ti te pase, pero en esos momentos solo, caminando, en el gym (a este no voy tanto como debería jajaja) o inclusive manejando, estás tú solo con tus pensamientos a todo lo que da. Ese ruido interno me causaba incomodidad. Muchas veces prefería andar distraído antes que enfrentar todo eso que aparece cuando te quedas a solas contigo.

Con el tiempo, entre terapia psicológica y lecturas que he compartido en este espacio con ustedes, fui aprendiendo a sostener mejor esos espacios. A no correrle a mis pensamientos y a usarlos a mi favor. Justo ahora que preparaba este tema de gestionar la soledad, me encontré con un libro que me llamó la atención: Solitude and Loneliness: A Buddhist View, de Sarvananda. Lo que plantea es simple pero súper poderoso: No es lo mismo estar solo que sentirse solo.

Y esa línea tan sencilla me dejó pensando, por eso quise compartirte un poco más acerca de lo que pude investigar al respecto. La soledad elegida, la que busca silencio, claridad, pausa, es un espacio para escucharte. La soledad que duele es cuando ese silencio se convierte en abandono. Y, como en todo, hay una línea delgada entre una y otra que es cómo te hablas cuando nadie más está alrededor. Con eso entendí que mis caminatas no eran el problema; era mi manera de llevarme con mis pensamientos.

Sarvananda explica que la clave está en trabajar una conciencia amable: observarse sin juicio, sin regaños, sin etiquetar las cosas como buenas o malas. Y cuando leí eso, pensé en cómo ha cambiado mi relación con esos momentos. Cuando dejo de pelearme con lo que siento, la soledad se vuelve más ligera y se convierte en mi mejor consejera.

Hoy me atrevo a decir que esas caminatas que antes evitaba son donde ahora pienso más claro. Donde mejor entiendo por qué siento lo que siento. Donde más le pongo orden a mi cabeza. La soledad empezó a ser ese espacio donde puedo revisar mis miedos sin esconderlos, mis ideas sin apresurarme y mis emociones sin ponerles tanto drama.

También entendí que cuando aprendes a estar bien contigo mismo, casi, por añadidura, mejoras tus relaciones con los demás; porque ya no te relacionas desde esa carencia, o desde el ruido, ni desde la necesidad de que alguien más llene lo que tú no quieres ver. Estar contigo no te aísla, al contrario, te prepara para conectar mejor con los demás.

Hoy entiendo que la soledad no me abandona; me acompaña. Y, cuando la escucho con calma, siempre regresa a mí para darme nuevas enseñanzas. Gracias por estar aquí. Te abrazo.

En pocas palabras, Kush opina que:

La soledad no es un castigo ni un vacío: es un espacio para escucharte. Cuando aprendes a habitarla de manera amable, deja de dar miedo y empieza a ser una de tus mejores herramientas para crecer.

¡MENSAJE ENVIADO!

Tu mensaje ha sido enviado correctamente, en caso de ser mecesario nos pondremos en contacto contigo, ¡hasta pronto!

Imagen del popup
>