CREER PARA VER
LA SATISFACCIÓN DE HACER EL BIEN
Hace algunos años, mientras estaba en una charla con un cliente, me mencionó una frase de Facundo Cabral que se me quedó bien grabada: “Si los malos supieran lo buen negocio que es ser bueno, serían buenos, aunque solo fuera por negocio”. Y mientras pensaba de qué manera abordar el tema de la satisfacción caí en cuenta de lo bien que se siente hacer lo correcto en esta vida, y es así que me llegó la inspiración para hablar un poco más de este tema.
¿Cuántas veces te ha pasado que se te presenta en la vida la oportunidad de “hacer trampa” o algo que no es debido? ¿Y que, ante estas situaciones has decidido hacer lo correcto convirtiéndose esto en un acto que te da fuerza y convicción? En esos momentos, el bien que elegimos hacer no solo beneficia a los demás, sino que también construye nuestra esencia y define quiénes somos realmente en el fondo.
Sentir propósito a través de estas acciones tiene un peso especial. No es el propósito de ser “buenos” para obtener algo a cambio, sino que es la tranquilidad de saber que nuestra vida empata con principios y valores que realmente importan. Allan Luks, en su libro The Healing Power of Doing Good, nos comparte cómo el bienestar no es exclusivo de quienes participan en actividades de voluntariado, o de donaciones a instituciones sin fines de lucro, etc., sino de quienes deciden actuar con bondad e integridad en todas las áreas de su vida. Esto incluye tomar decisiones difíciles siendo honestos, evitando esos atajos que puedan dañar a otros y también reconociendo que el bien que hacemos nos da fuerza, pero sobre todo nos llena de una paz que no tiene precio.
Luks menciona que las personas que viven de acuerdo con valores sólidos y actúan de manera ética tienden a experimentar menos estrés y más satisfacción. Esta satisfacción no es pasajera; es un estado de calma que proviene de saber que estamos viviendo en sintonía con nuestros valores. Además, reducir el estrés no solo impacta en nuestra salud, sino que también nos ayuda a tener una perspectiva más clara y a sentirnos en paz con nuestras decisiones, sabiendo que estamos haciendo lo correcto.
Cuando decidimos hacer el bien, también dejamos huella y nos convertimos en un claro ejemplo para los que nos rodean. Esa satisfacción de saber que nuestras acciones inspiran a los demás es un premio en sí mismo, porque el bien que hacemos tiene sin duda un efecto dominó. Al final, hacer el bien se convierte en una forma de construir una sociedad más fuerte y un entorno donde la ética y el respeto son la norma. Así que si en algún momento dudas de la importancia de tus acciones, recuerda que tu ejemplo siempre va impactar a otros y de pasada te hará sentir una satisfacción genuina que va a trascender cualquier recompensa externa. ¡Gracias por estar aquí! ¡Te abrazo!
En pocas palabras, Kush opina que: