CREER PARA VER

LA RUTINA NO EXISTE

LA RUTINA NO EXISTE

Suena raro, ¿no?; porque a veces hablamos de “no caer en la rutina” como si fuera algo inevitable; como si en algún punto todos estuviéramos destinados a vivir días iguales, uno tras otro; pero cada vez me hace menos sentido esa idea.

Y te explico a qué voy con este título que escogí.

La palabra rutina viene del francés routine, que a su vez viene de route, que significa camino. Etimológicamente, habla de recorrer una y otra vez la misma ruta; un camino ya conocido, ya trazado.

Y sí, la rutina existe. Ahí está la palabra, ahí está su significado.

Pero aquí es donde empieza a hacerme ruido.

¿De verdad estamos caminando exactamente el mismo camino todos los días?

Frecuentemente platico con amigos sobre cuánto me gusta lo que hago. Trabajo en marketing y creatividad, y eso me ha dado la oportunidad de navegar en proyectos muy distintos entre sí. Un día puedo estar desarrollando el nombre y la etiqueta para una cerveza, y al siguiente puedo estar metido en una campaña con Checo Pérez para una marca de llantas.

Y si lo ves desde afuera, pareciera que sí hay una rutina: llego a cierta hora, trabajo, salgo, repito.

Pero si lo vivo desde adentro, no se siente así.

Porque, aunque la estructura sea la misma, lo que pasa dentro de ese día cambia todo el tiempo. Cambian las ideas, los retos, las conversaciones y las decisiones. Cambia cómo llego yo ese día. Cambia mi energía. Cambia lo que estoy pensando. Cambia lo que estoy aprendiendo.

Entonces empecé a cuestionarme si la rutina realmente existe o si es sólo la forma en que decidimos ver nuestra vida.

Porque cuando dices “estoy en la rutina”, en el fondo lo que estás diciendo es: estoy viviendo en automático. Dejé de observar; dejé de notar; dejé de conectar con lo que estoy haciendo.

Y es ahí donde todo empieza a sentirse igual, aunque no lo sea.

La realidad es que es prácticamente imposible que un día sea idéntico a otro. Siempre hay algo distinto. El problema es que muchas veces no lo vemos; es como si apagáramos la curiosidad y prendiéramos el piloto automático.

Y entonces sí: parece que estamos recorriendo el mismo camino.

Pero no porque el camino sea el mismo… sino porque dejamos de mirar lo que hay en él.

Y no se trata de que todos tengamos un trabajo creativo o cambiante. Incluso en los trabajos más estructurados, en los días más repetitivos, hay matices, hay detalles, hay pequeñas decisiones que hacen que cada día tenga algo diferente.

Pero eso sólo aparece cuando lo quieres ver.

Para mí, más que huir de la rutina, el reto está en cambiar la manera en la que la interpretas. Entender que la estructura no es el problema. El problema es cuando dejas de habitarla.

Porque, al final, no es que la rutina te atrape, sino que tú dejas de estar presente en lo que haces.

Y cuando regresas, cuando vuelves a involucrarte, cuando te das cuenta de lo que realmente está pasando dentro de tu día, algo cambia. No necesariamente cambia lo que haces, pero sí cambia por completo cómo se siente.

Tal vez la rutina sí existe, pero no como creemos.

Tal vez no es repetir el mismo camino, sino dejar de darte cuenta de que nunca es exactamente el mismo.

Gracias por estar aquí. Te abrazo.

En pocas palabras, Kush opina que:

La rutina no es que los días sean iguales, sino que dejas de percibir lo que los hace distintos; y cuando recuperas esa conciencia, incluso lo más cotidiano puede volver a sentirse vivo.

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