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LA PÉRDIDA DE UN HIJO: EJEMPLO DE RESILIENCIA PURA

LA PÉRDIDA DE UN HIJO: EJEMPLO DE RESILIENCIA PURA

Quiero contarte algo que viví hace unos meses y que me dejó marcado. Lo recuerdo perfecto, fue un sábado por la mañana, el 30 de noviembre de 2024. Visité a un buen amigo en su casa en Culiacán para ayudarle a darle forma a una plática que daría en Guadalajara. Al llegar, pasamos a su despacho, nos sentamos a platicar y, así, sin saberlo, estaba por escuchar una de las historias más duras, pero también más inspiradoras que me ha tocado conocer.

Él y su esposa vivieron lo que ningún padre debería de vivir: la pérdida de su hijo en un accidente. Algo que no olvido de la plática es esta línea que me compartió: “Cuando pierdes a tu pareja, se le llama viudez. Cuando pierdes a tus papás, te quedas huérfano. Pero cuando pierdes a un hijo, no existe una palabra que lo defina. Porque simplemente es algo que por ley de la vida, no debería pasar.”

Tiempo después del accidente, buscaron ayuda con un psiquiatra. Al sentarse en su consultorio, él les entregó un sobre amarillo a cada uno mientras les explicaba: “Lo que ustedes acaban de vivir, no tiene nombre, así que aquí en este sobre tienen un permiso para volverse locos. Si lo abren, se habrán rendido. Tendrán derecho a hundirse, a perder el rumbo, sepan que viene autorizado por quien debe autorizarlo. Si deciden no abrirlo, entonces quizá puedan transformar este dolor en algo más.”

Decidieron no abrirlo, y ahí comenzó una nueva historia. Una historia de dolor, sí, pero también de resiliencia y adaptabilidad.

El psiquiatra les habló de un concepto el cual personalmente no había analizado y que en su caso se volvió una forma de vida para seguir adelante: resignificar el dolor. Esto no se trataba de borrar lo sucedido ni de pretender que estaba todo bien, sino de tomar ese dolor tan fuerte y convertirlo en algo que tuviera sentido.

El mensaje les llegó a las semanas con una dirección muy clara por tomar: continuar con el legado de su hijo. En vida, era una persona generosa, alegre, siempre dispuesta a ayudar, a estar ahí para los demás de forma incondicional. Su forma de vivir la vida era la respuesta natural para resignificar su dolor.

En el lugar donde fue el accidente, no había una ambulancia disponible, si él hubiera recibido esos primeros auxilios, la historia probablemente fuera otra. Fue así como decidieron tomar la primera acción, donaron una ambulancia y, más adelante, construyeron una unidad de Cruz Roja en ese mismo lugar, la cual a la fecha ha logrado salvar a muchas otras personas de accidentes mortales. La familia tiene una marca de ropa de la cual su hijo formó parte en sus inicios, eso los llevó también a tomar la decisión de que cada tienda de ropa que abran en México y en el mundo, done un porcentaje de sus ventas a la Cruz Roja de su localidad.

Esto no se trata solo de generosidad. Esto es un claro ejemplo de resiliencia y adaptabilidad en su forma más real y humana. Porque la resiliencia no es resistir con fuerza, es adaptarse y, en este caso, encontrar un propósito. La adaptabilidad está ahí, en no conformarse con lo que pasó, sino en buscar construir algo nuevo con lo que quedó.

Nada les va a devolver a su hijo. Pero ellos eligieron seguir caminando con su memoria viva. No desde la negación, sino desde la acción. No desde el dolor paralizante, sino desde ese dolor que te empuja hacia adelante. ¡Gracias por estar aquí! ¡Te abrazo!

En pocas palabras, Kush opina que:

Resignificar el dolor no borra lo vivido, pero sí lo transforma. Ahí nace la resiliencia más pura: cuando decides seguir caminando con un corazón roto hasta encontrar en medio del dolor una razón para no rendirte.

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