ATISBOS DE CONCIENCIA

LA PAREJA: JUNTOS PERO NO REVUELTOS

LA PAREJA: JUNTOS PERO NO REVUELTOS

¡Son tantas las ideas que giran alrededor de las relaciones de pareja! He leído muchos pensamientos filosóficos, tratados de psicología, enfoques religiosos y escritos triviales alrededor de lo que implica, o lo que es, una relación de pareja, y mucho de este acervo lo he contrastado, en ocasiones, y confirmado en otras, con las realidades que confronto en mis encuentros con parejas que viven su relación y, por supuesto, en mi vida personal. Porque lo que he visto más evidente es que los conflictos en pareja sólo nos muestran lo que nosotros, cada uno, no tenemos aún resuelto. Considero que la relación de pareja verdaderamente es un camino de autodescubrimiento, de autoconocimiento y de trabajo personal; digo “un” camino porque no es el único, pero sí creo que es uno que, si se aprovecha, puede ser transformador, sin importar las características personales del otro.

Sin embargo, en este artículo centramos la atención en ese espacio que se genera en una relación de pareja en el que convivimos dos personas, y en el cual es fácil perder no sólo perder el rumbo, sino también la identidad.

Todo comienza con ciertas ideas culturales, hasta cierto punto románticas, que tenemos de lo que es una relación de pareja. Por ejemplo, el trillado final de los cuentos en que el príncipe se casaba con la princesa y vivían “felices para siempre”, o los discursos tan escuchados en el que se proclama que se unen para “hacer feliz al otro” o el dicho de “ya no son dos, sino uno”, con la fatídica interpretación de dejar de ser yo para fusionarme con el otro. Es entonces cuando, con la idea de que la función de la pareja es dar gusto y hacer feliz al otro, comienza el proceso de pérdida de identidad. Si elegimos a una pareja para que nos dé lo que por responsabilidad nos toca a nosotros, ya elegimos de manera fallida, y no por la persona que es el otro, sino por la intención que tenemos en mente.

Me gusta mucho lo que Khalil Gibran, en su famoso libro de El profeta, escribe sobre el matrimonio, con la idea central de dejar que haya espacios en la unión y que, aun cuando la pareja deba caminar junta, es importante conservar su individualidad. Lo valoro mucho porque, siendo un texto escrito hace poco más de un siglo, las ideas son vigentes, atemporales y universales, como el hecho de evitar controlar al otro, pero seguir compartiendo sus vidas, o también el gran valor de amar sin desear poseer. Una frase de este texto que me parece contundente y llena de sabiduría es: “Amaos el uno al otro, pero no hagáis del amor una atadura”.

La relación de pareja es un camino que se transita juntos, es un vínculo que puede llegar a ser tan fuerte en la medida en que cada uno puede seguir creciendo y disfrutando del otro. Mi idea de disfrutar una relación de pareja es cuando el vínculo se sostiene con la amistad profunda, con el deseo de que el otro esté bien, que sea feliz, pero seguros de que eso no nos toca a nosotros; es responsabilidad de cada quien. Y cuando cada uno toma la responsabilidad de crecer y ser feliz, deja entonces el espacio necesario para el desarrollo y nos llega el gozo de crecer “juntos pero no revueltos”.

En pocas palabras, Norma opina que:

La relación de pareja puede ser ese espacio que arroja luz a nuestras sombras y que, en el mejor de los casos, nos permite conocernos mejor. Por eso decimos que la pareja nos completa, pero no por lo que nos da, sino por lo que nos muestra de nosotros mismos

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