Creer para ver
LA IMPOTENCIA DE NO PODER HACER QUE MI PAREJA CAMBIE
No me vas a creer, pero este artículo ya lo había escrito con otro enfoque y otro título. Justo el día que lo entregué, tomé un taller para matrimonios con una psicóloga de nombre Pilar Cortés. No tenía el gusto de conocerla, pero me habían hablado maravillas de ella. Debo reconocer que al principio no tenía muchas ganas de ir, pero en los primeros minutos de conectar con su vibra y mensaje me di cuenta de que sería un gran aprendizaje. El taller fue intensivo, dos días y más de 15 horas de trabajo, pero valió la pena cada segundo.
Al salir, algo me decía que debía cambiar mi artículo y compartir esta vivencia, además de que Fer, que es quien siempre me revisa y da retro antes de enviar mis artículos a Maritza, nuestra editora, me dejó con la espinita de que no había contado una vivencia y que sentía que eso era lo padre de mis mensajes. Un tema tan importante como la vida en pareja merecía que se le diera este espacio. Lástima que el concepto de estos artículos es comunicar todo “en pocas palabras”, porque en este caso me gustaría cambiarlo a “muchas palabras”, jajaja. Pero aquí les va la idea central.
Uno de los puntos importantes del taller, como ya te has de imaginar, fue que la comunicación es clave para cualquier relación sana, pero lo que más me marcó fue darme cuenta de algo que nunca había puesto en palabras: la impotencia que sentía de no poder hacer que mi pareja cambie. Y lo más interesante es que me di cuenta de que no tengo por qué intentarlo.
Muchas veces creemos que si nuestra pareja cambiara ciertas cosas, la relación sería perfecta. Nos aferramos a la idea de que si tan solo hiciera esto o dejara de hacer aquello, todo funcionaría mejor. Pero en realidad, el amor no se trata de moldear al otro a nuestra medida, sino de aprender a convivir con lo que cada uno es. Querer que alguien cambie solo genera esa impotencia, desgaste y una lucha constante que no tiene final.
También entendí que cuando nos enfocamos en lo que creemos que le falta al otro, nos perdemos lo bueno que sí está ahí. Nos acostumbramos a ver lo que no encaja con nuestras expectativas y dejamos de valorar lo que realmente nos enamoró en primer lugar. A veces, la necesidad de cambio tiene más que ver con lo que nos cuesta aceptar en nosotros mismos que con la otra persona (somos espejos).
Lo más curioso es que cuando dejamos de exigir cambios y empezamos a aceptar lo que la otra persona es, la relación mejora. No porque mágicamente todo se vuelva perfecto, sino porque dejamos de pelear contra lo que no podemos controlar y aprendemos a encontrar el equilibrio entre lo que podemos mejorar juntos y lo que simplemente hay que aprender a respetar o asimilar.
Hoy le doy gracias a esa emoción de impotencia que sentía porque me hizo comprender muchas cosas, y darme cuenta de que, como mencionaba Pilar, “Hay que apreciar y celebrar la belleza colateral del dolor en nuestras vidas, algunos talentos se nos ofrecen en forma de carencias.” Qué bonito, ¿no? ¡Gracias por estar aquí! ¡Te abrazo!
En pocas palabras, Kush opina que: