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LA HISTORIA QUE AÚN NO TERMINA: EL FRACASO Y LA LIBERTAD DE REINTERPRETAR LA CAÍDA

LA HISTORIA QUE AÚN NO TERMINA: EL FRACASO Y LA LIBERTAD DE REINTERPRETAR LA CAÍDA

Hay palabras que cargan demasiado peso, y “fracaso” sin duda es una de ellas. Desde chiquitos aprendimos que fracasar era no llegar, equivocarnos, perder, tomar una mala decisión, como si un solo momento pudiera resumir toda una vida. Y quizá por eso vivimos intentando evitar el fracaso más que intentando vivir.

Hace poco me pregunté si hoy entiendo el fracaso igual que hace algunos años; descubrí que no. Hoy veo hacia atrás y sí encuentro decisiones que, incluso desde la mujer que soy hoy, probablemente no volvería a tomar. No creo que todas hayan sido correctas, no creo que todo ocurra por una razón ni que cada error deba romantizarse.

Hay conversaciones que habría tenido antes, hay silencios que habría roto, hay decisiones que, con lo que hoy sé, elegiría de otra manera. Y, para mí, reconocerlo también es una forma de honestidad. Durante mucho tiempo pensé que aceptar el pasado significaba justificarlo, como si hacer las paces con una decisión implicara convencerme de que había sido la correcta. Hoy ya no lo creo.

Puedo arrepentirme, puedo reconocer que me equivoqué, puedo lamentar el dolor que una decisión produjo en mí o en alguien más, sin permitir que esa decisión tenga la última palabra sobre quién soy. Porque una decisión no es una identidad; una caída, tampoco.

Quizá el problema es que vemos la vida como si fuera un examen: una respuesta correcta, una respuesta incorrecta, aprobado o reprobado. Pero la vida se parece mucho menos a un examen y mucho más a una conversación, y las conversaciones permanecen abiertas. Siempre podemos elegir cómo responder.

Es imposible volver atrás y cambiar lo hecho, pero sí podemos decidir qué hacer con aquello: podemos endurecernos, o vivir culpándonos, o convertir un error en la explicación de toda nuestra historia; pero también podemos permitir que esa experiencia nos haga más humildes, más conscientes, más compasivos. Y, quizá, esa decisión sea la más importante de todas. Porque lo que permanece abierto no es el pasado, ese ya ocurrió; lo que permanece abierto es la pregunta sobre quién decido ser después de él; creo que ahí está una de las formas más profundas de libertad, no en la posibilidad de no equivocarnos, sino en saber que ninguna equivocación tiene el poder de escribir, por sí sola, el resto de nuestra historia. Tal vez por eso hoy me cuesta hablar de fracaso, no porque no exista el dolor, no porque todas las decisiones hayan sido buenas, sino porque la vida siempre deja una página en blanco después de cada caída. Y esa página siempre vuelve a hacernos la misma pregunta: ¿Quién decides ser ahora?

En pocas palabras, Andrea opina que:

El fracaso no es una caída; es creer que una caída ya decidió el resto de tu historia.

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