CREER PARA VER
LA GRATITUD: UN BUEN ANTÍDOTO CONTRA LA FRUSTRACIÓN
Hoy te quiero invitar a que, cuando termines de leer este artículo, hagas este ejercicio y valores todo lo que ya tienes hoy, aquí y ahora. Muchas veces la frustración nos llega disfrazada de impaciencia. Queremos que todo avance más rápido: los proyectos, esa idea que tiene tiempo dando vueltas en tu cabeza, las metas, los sueños.
Seguido me pasa que caigo en pensamientos como: “Cuando logre esto, voy a estar bien”. Y mientras tanto me encuentro viviendo con ese peso de lo que aún no logro. Es hasta entonces que recuerdo: ¿Y si volteo mejor a ver todo lo que ya está aquí?
Sin duda, agradecer es un buen truco. Parece algo sencillo, pero no es tan fácil, ¿eh? Agradecer implica convertirte en observador. Dar un paso atrás y ver tu vida desde afuera, como quien observa una fotografía completa en lugar de enfocarse en un solo detalle. Desde esa perspectiva puedes reconocer lo que sí está funcionando, lo que ya has logrado, lo que ya forma parte de ti. La gratitud muchas veces empieza con cuestionarte lo más básico. Y cuando lo hago, estas preguntas me ayudan a regresar al presente:
¿Y si en lugar de esperar a que todo se acomode, agradezco que ya estoy en movimiento?
¿Y si en lugar de pensar en lo que me falta, celebro lo que he logrado?
¿Y si la felicidad no estuviera al final del camino, sino aquí mismo, en las pequeñas cosas de la vida?
Cuando me conecto con esa idea, la frustración pierde un poco de fuerza. Porque entiendo que no estoy empezando desde cero, que ya hay bases firmes, que ya he caminado. Y desde ese lugar, es más fácil seguir avanzando.
Claro, no digo que sea sencillo. Hay días en los que agradecer parece imposible. Días en los cuales la mente insiste en recordarme todo lo que no ha salido bien. Pero incluso ahí, detenerte un momento y reconocer algo pequeño puede marcar la diferencia: una sonrisa, una llamada, un detalle, el simple hecho de tener a alguien con quien compartir el día.
La clave está en entrenar la mirada. No es negar lo que duele ni tapar lo que falta, sino darle su lugar a lo que ya existe. Como dicen algunos autores de mindfulness, la conciencia crea realidad: si sólo observamos lo negativo, eso crecerá; si eliges observar con gratitud, también le das fuerza a lo bueno.
Creo que parte de gestionar la frustración tiene que ver con cambiar la pregunta. En lugar de: “¿Por qué no me pasa lo que quiero?”, preguntarnos: “¿Qué ya tengo hoy que hace que valga la pena estar aquí?”. Y créeme, siempre hay algo.
La gratitud no elimina la frustración, pero la suaviza. Y en ese espacio más ligero, es más fácil respirar, tomar perspectiva y seguir adelante con más claridad.
Gracias por estar aquí. Te abrazo.
En pocas palabras, Kush opina que: