Atisbos de Conciencia
LA FRUSTRACIÓN COMO OPORTUNIDAD
Supongamos que queremos lograr o realizar algo, ya sea un plan que nos emociona, la preparación de una comida, un trabajo importante o, incluso, cuando queremos convencer a alguien de una idea con nuestros mejores argumentos y por cualquier obstáculo no lo conseguimos; es así como se detona ese sentimiento tan incómodo que se llama frustración.
Me he dado cuenta de que la vida transcurre entre experiencias que nos causan placer, y otras que nos causan dolor. Y al parecer nuestra tarea de sobrevivencia es mantener el equilibrio emocional que nos permita seguir avanzando con salud mental ante nuestras circunstancias. Nada más productivo para nuestro crecimiento que superar los momentos dolorosos con nuestros propios recursos. Y cuando hablo de dolor me refiero a esa gama de sentimientos de los que no nos gusta sentir, los llamados negativos. Entre ellos, la frustración.
Manejar la frustración es una gran habilidad que requiere práctica, pero sobre todo requiere suficiente conocimiento de uno mismo para desarrollar la resiliencia, esa actitud que nos permite atravesar esos momentos con la certeza de que estaremos bien, sin quedarnos como víctimas de nuestras circunstancias.
Los recursos que pueden ayudarnos en momentos de frustración para recuperar nuestro equilibrio emocional son realmente los mismos que nos ayudan ante cualquier sentimiento que nos perturba: uno de ellos es evitar negar o reprimir el sentimiento y reconocerlo, ponerle nombre. Hacerlo consciente e identificar cómo está impactando en nosotros en ese momento. Otro recurso importante es por supuesto la respiración consciente que nos ayuda a calmarnos para ver con claridad. Y en especial para la frustración, revisar qué tanto de ella está relacionada con nuestras expectativas poco realistas, o ver si fallamos en considerar algunos factores que pudieron ser previsibles y pudimos haber controlado.
Ante la frustración, conviene practicar el optimismo realista, la flexibilidad para buscar soluciones alternativas y el análisis a posteriori, consciente y honesto, para descubrir qué tanto de nuestra frustración está relacionado con aspectos de nuestra personalidad que requieren un trabajo interior, como puede ser la impaciencia u otros factores como la falta de preparación o la falta de visión.
Una gran frustración puede marcar nuestro caminar por la vida abrumándonos de tal manera que renunciemos a seguir intentando. Por eso resulta de gran utilidad la introspección y el autoconocimiento para saber si estamos tomando decisiones conscientes o nos estamos dejando llevar por este sentimiento.
En pocas palabras, Norma opina que: