Atisbos de Conciencia.

La envidia, una emoción destructiva

La envidia, una emoción destructiva

Todos sabemos lo que es la envidia. Sin temor a equivocarme puedo decir que todos, en algún momento, la hemos sentido. Porque así como las emociones se han clasificado en positivas y negativas —juicios que, a mi criterio, habría que reconsiderar—, finalmente son emociones y, al serlo, no estamos exentos de experimentarlas. Y es que las emociones son respuestas naturales psicológicas y fisiológicas a situaciones que vivimos y que estimulan nuestra percepción, además de agregarle la subjetividad de nuestra interpretación. Así es que todos estamos sujetos a experimentar todas las emociones, entre ellas la envidia. 

Por otro lado, hemos de trabajar en potenciar nuestra inteligencia emocional para desterrar esas emociones que no nos ayudan, las llamadas negativas, ya sea para nuestro bienestar, o bien para nuestro desarrollo o para nuestras relaciones interpersonales y la vida en sociedad. 

Es probable que cuando alguien lea esto de que “todos la hemos experimentado” les resulte una aseveración apresurada porque surgirá el pensamiento que contradice su autoconcepto y digan “Yo no soy envidioso”. Pero conviene un análisis más milimétrico como para darnos cuenta si en algunas ocasiones hemos sentido descontento al compararnos con otros y emitir un resultado que nos desfavorezca. O bien, si hemos tenido una actitud hostil ante esas personas que tienen algo que nos gustaría tener; o incluso, en su extremo, desear que otros no logren o no tengan algo deseado que les dé felicidad. Eso se llama envidia, y no es que sea el patrón que rija nuestra vida emocional, pero sí puede asomarse en ocasiones. La clave para lidiar con esos sentimientos es precisamente cultivando la inteligencia emocional para manejarlos. 

Hace unas semanas escuchaba una charla en la que se hizo referencia al gran filósofo alemán Arthur Schopenhauer quien tenía una visión muy crítica sobre la envidia, ya que la describió como una emoción destructiva que surge del sentimiento de inferioridad o de carencia y que lleva al individuo a estar en una comparación constante con los demás. ¡Nada más destructivo para una persona!

Según el filósofo, la envidia es en realidad una pasión, y una de las más perjudiciales para la convivencia, ya que hace infeliz al que envidia. 

Finalmente, en una sociedad competitiva la envidia resulta inevitable, por lo que los esfuerzos por evitarla deberían ser una tarea social necesaria.

En pocas palabras, Norma opina que:

La envidia no contribuye a la felicidad personal. La persona feliz, difícilmente envidia

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