ATISBOS DE CONCIENCIA
LA COMPARACIÓN Y SU RELACIÓN CON LA AUTOESTIMA
¿Es la comparación un hábito insano? No necesariamente. La comparación puede ser un gran recurso cuando se trata de establecer un referente y con ello buscar la mejora o mayor eficacia en algo. Comparar de esta manera puede obedecer a una aspiración que nos haga superar algún objetivo; lo insano resulta cuando nos comparamos con otros. Y aquí habría que distinguir las dos caras de una misma moneda: cuando nos comparamos con otros corremos el riesgo de salir perdiendo a nuestros ojos, y entonces nos castigamos porque vemos perfectos a los otros, pensando que somos inferiores, ya sea en apariencia, en nuestras relaciones, en un cierto desempeño o incluso en nuestro estatus económico o social. Por otro lado, cuando nos comparamos con alguien a quien vemos menos favorecido que nosotros, puede alimentar el ego y con ello crearnos una pseudoautoestima.
En la comparación estamos juzgando, ya sea a nosotros mismos o a los demás; y, en cualquier caso, ahí está la moneda de dos caras: el tema es la perfección. O vemos perfectos a los otros y nos vemos a nosotros en la imperfección, o nos vemos perfectos y nos perdemos en el camino de la mejora. La autoestima no puede estar sostenida de la comparación. Que otros sean más altos, más guapos, más ricos, más exitosos o más habilidosos que nosotros, no representa nada cuando hablamos de valorarnos.
Compararnos con alguien y juzgar que es mejor que nosotros no define quienes somos; así como si alguien nos dice un cumplido, tampoco nos define. Porque la autoestima no tiene que ver con lo que los demás piensen o nos digan, aunque nos resulte halagador; la autoestima tiene que ver con lo que nosotros pensamos de nosotros mismos. Una comparación con otros puede provocar que nos lo creamos, pero internamente no lo sintamos, y es frecuente que entonces aparezca el conocido síndrome del impostor: la persona no cree lo que los demás piensan o esperan de ella.
Precisamente en estos días un joven que atendió a mi consulta, dando muestra de un buen nivel de conciencia y autoconocimiento, me comentaba que él se daba cuenta que para sentirse bien elegía compararse con otros a los que veía más desafortunados y eso le elevaba su autoestima. Pero que también notaba que cuando veía a personas más altas que él se daba cuenta de que eso era un defecto en él, su altura. Ninguna de las dos le gustaba; quería dejar de compararse, porque se daba cuenta de que en realidad no le ayudaba.
Resulta más beneficioso el camino de la autoafirmación: alegrarnos por lo que somos sin que eso signifique que no reconocemos nuestros errores, construirnos nuestra propia identidad y mantenernos en el camino de la mejora.
En pocas palabras, Norma opina que: