Atisbos de consciencia
INTELIGENCIA EMOCIONAL, UN INDICADOR DE NUESTRO POTENCIAL PARA CONSTRUIRNOS EL BIENESTAR
Toca ahora hablar de la inteligencia emocional como un recurso para el bienestar. Y es que la inteligencia emocional comprende habilidades fundamentales como nuestra capacidad para percibir, comprender, gestionar y regular nuestras emociones y las de los demás. De esta manera, desarrollar la inteligencia emocional es fundamento no solo para temas de éxito profesional, liderazgo y calidad de las relaciones, sino que es un tema de salud integral. ¿Por qué? Porque algunas emociones y nuestra incapacidad de expresarlas o regularlas, o ciertas situaciones que no sabemos manejar, conducen a la generación de cortisol, la hormona del estrés, y de neurotransmisores que afectan el buen funcionamiento de nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu. Así pues, la inteligencia emocional es al mismo tiempo un indicador de nuestro potencial para tener bienestar.
Quiero mencionar unos cuantos indicadores de una baja inteligencia emocional que considero de gran valor para atender, como una hoja de ruta de trabajo personal:
- Dificultad para establecer límites sanos.
- Decir sí cuando se desea decir que no.
- Evitar el conflicto y no confrontar.
- Explosiones frecuentes de ira (manejo inadecuado del coraje).
- Represión de las emociones.
- No reconocer ni saber expresar sentimientos, necesidades o deseos propios.
- Sentir culpa de manera recurrente y permanente.
- No tener empatía hacia los demás.
- Victimizarse por sus circunstancias y falta de autorresponsabilidad.
Y la lista sigue y sigue.
Personas con un elevado coeficiente de inteligencia emocional saben, por ejemplo, establecer límites sanos. Esto requiere un reconocimiento de las necesidades y deseos propios, y saberse valiosos como personas y merecedores de respeto de parte de los demás. Dicen que no cuando quieren decir que no. Comprenden que sus necesidades cuentan y no actúan según los sentimientos de los demás, porque saben que cada persona es responsable de cómo se siente y que ellas no son responsables de cómo se sientan. Cuando tienen una emoción que los sobrepasa, pueden distinguir entre lo que lo provocó y lo que es propio y no corresponde al otro, es decir, asumen la responsabilidad de su reacción y pueden detenerla y regularse.
La inteligencia emocional no es innata. Se desarrolla; y desarrollarla es una tarea obligada para la salud y el bienestar personal. Y es algo que muchas veces solo requiere consciencia y voluntad, aunque siempre será bueno un acompañamiento transitorio. Y, como un conjunto de habilidades, conviene practicarlas.
En pocas palabras, Norma opina que: