ATISBOS DE CONCIENCIA
¿INCERTIDUMBRE ES FALTA DE CONTROL?
No siempre tenemos certezas ni rumbos claros, ni respuestas precisas. No siempre sabemos qué hacer en ciertos momentos, ni tampoco hacia dónde ir. Tomar decisiones en esos momentos no resulta fácil, porque usualmente queremos tener la mayor claridad para tomar el riesgo de decidir sin error, pero la vida conlleva incertidumbre, y la incertidumbre conlleva emociones y sentimientos que no nos gustan: miedo, preocupación, desconfianza, angustia, impotencia, ansiedad…
Una manera de lidiar con la incertidumbre es aceptarla. Resistirnos a ella sólo empeora las cosas. Primero, conviene reconocer que estamos en un momento de incertidumbre y confiar en que es temporal. Podemos aceptarlo y nombrar nuestra falta de certeza, de rumbo, de claridad. Decir “no sé” o “estoy confundido”, o “en este momento no tengo mucha claridad”, puede ayudarnos a darle forma a ese estado en el que estamos. No podemos forzar muchas circunstancias; algunas no dependen de nosotros, o a veces no contamos con suficiente información, o quizás no estamos listos porque no tenemos los recursos para enfrentarnos a lo que sigue. Son muchas y variadas las razones por las que podemos sentirnos inmersos en la incertidumbre, y esto nos provoca sentirnos fuera de control. Habrá que reconocer que nos hace falta conocimiento, o sabiduría, o capacidad, o, simplemente, soltar el control.
He encontrado una fórmula personal para lidiar con esos momentos de incertidumbre; es ocuparme de lo que sí puedo hacer. Confiar en que los pequeños avances que pueda tener con lo que sí haga, me ayudarán a saber que la claridad llegará, que cuando menos piense se presentará la luz y que ese período de indecisión, o de falta de acciones con rumbo, no durará para siempre y al final habrá certezas.
Sé que no es fácil, pero aceptar las circunstancias, aunque no tengamos rumbo o no comprendamos las cosas, puede ser el primer paso para atravesar los momentos inciertos.
Y en este punto, recuerdo la oración que me ayuda, la oración de la serenidad: “Señor, concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las que sí puedo y sabiduría para reconocer la diferencia”.
En pocas palabras, Norma opina que: